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Domingo, 4 de diciembre de 2016

Suecia da un empujón a las reparaciones: ventajas e inconvenientes


¿Reparar o comprar? En los últimos tiempos, ante la famosa obsolescencia programada de muchos aparatos electrónicos que usamos a diario, se ha puesto encima de la mesa un debate sobre la conveniencia de retroceder en el tiempo unas décadas y volver a la costumbre de llevar nuestros dispositivos a arreglar con un doble objetivo: ahorrar dinero y respetar el medio ambiente.

La corriente ecológica se está extendiendo, ante las evidentes señales de alarma que va mandando el planeta en forma de cambio climático. Por ello, muchas personas están volviendo a recurrir a aparatos más sencillos -sin tantas prestaciones- y a alargar la vida útil de los que ya tienen, algo que, además, tiene impacto en la economía.

Y en esas anda Suecia, uno de los países nórdicos considerados como modelo a imitar por su calidad de vida, empleo y desarrollo. El gobierno sueco ha decidido apostar por la reducción de la contaminación y la creación de nuevos puestos de trabajo vía impuestos, es decir, bajando el gravamen en la reparación de todo tipo de productos.

A partir de ahora, el IVA de todas las reparaciones pasará del 25% actual al 12% y, en el caso de los electrodomésticos, se podrán desgravar de la declaración del IRPF. Aunque la bajada impositiva tendrá un impacto en las arcas públicas suecas de 48 millones de euros, el Ministerio de Hacienda espera compensarlo con un nuevo gravamen a los productos químicos en los electrodomésticos.

Aunque a priori todo en este plan parece ventajoso, no es oro todo lo que reluce. La moneda siempre tiene dos caras. Veámos cuáles.

Ventajas

Es evidente que la principal ventaja o beneficio del plan puesto en marcha por Suecia es la creación de empleo en un sector en el que los pequeños comerciantes se han visto devorados por las grandes fábricas multinacionales. Además, es empleo que no requiere una alta cualificación, lo que supone una salida para los ciudadanos que no tienen estudios superiores.

Por otro lado, se pretende así luchar contra la automatización de muchos empleos, que han pasado a ser realizados por máquinas. Si la producción suele llevarse a cabo de forma automática, la reparación todavía sigue requiriendo de profesionales de carne y hueso, por ello el gobierno sueco cree que esto puede frenar la destrucción de tejido laboral.

Otro aspecto beneficioso es la reducción de la contaminación, aunque es un objetivo muy ambicioso, pues es difícil que estos pequeños gestos tengan un verdadero impacto en la lucha contra el calentamiento global. Pero hay que reconocer que una reparación de un aparato viejo tiene menos coste para el medio ambiente que la producción en cadena de muchos nuevos.

En este sentido, es paradigmático el caso del fundador de Ikea, Ingvar Kamprad, el cual es conocido mundialmente por su fama de tacaño pero que puede que con sus peculiares costumbres esté haciendo más por el cambio climático que muchos de nosotros. Este hombre, con una fortuna valorada en 64.000 millones de euros, vive en un pequeño pueblo sueco y, a parte de hacer la compra basándose en ofertas, de comprar leche y yogures a punto de caducarse y de elegir la peluquería en el lugar del mundo que sea más barata, hasta hace poco era poseedor de un viejo Volvo 240 de 1993, un coche altamente contaminante de acuerdo a los estándares que fabrica ahora la industria.

Ingvar Ikea

Pero…¿es realmente tan contaminante? Es decir, es evidente que es vehículo contamina mucho más que uno nuevo, pero el coste de mantenerlo frente al de fabricar una serie nueva de coches es mucho menor para el medio ambiente. Por lo tanto, la línea entre lo que contamina un producto nuevo y uno viejo es muy delgada si se atiende a estos factores.

Inconvenientes

Pero vayamos ahora con las desventajas de este modelo sueco para fomentar la durabilidad de los productos y el consumo razonable. Aunque sobre el papel todo pinta bueno, bonito y barato, la realidad puede ser muy distinta.

Primero, porque un plan de estímulos fiscales no tiene por qué funcionar. Es decir, a la hora de pagar la reparación el precio seguirá siendo prácticamente el mismo, por lo tanto, si no se hace una campaña de concienciación previa eficaz, los consumidores -sobre todo los más jóvenes- seguirán prefiriendo comprar un producto nuevo.

Además, el coste que tendrá para las arcas del Estado sueco puede que no sea restituido si la medida no tiene éxito, con el consiguiente perjuicio para el sistema de bienestar del país.

Talleres

Por otro lado, la automatización del trabajo ha venido para quedarse. De hecho, en el futuro muchos de los trabajos que ahora desempeñamos nosotros serán ocupados por robots. Por lo tanto, si no hay una buena masa de clientes que acudan a estos talleres, los dueños no apostarán por la contratación, así que puede que a corto y medio plazo no sirva para reducir el paro de baja cualificación.

Por último, en cuanto a la contaminación es difícil calcular el impacto positivo que tendría para el medio ambiente. Evidentemente, para que funcionara se deberían dejar de fabricar miles de productos, con lo que se abre otro melón, ya que las empresas tecnológicas de electrodomésticos o de vehículos sufrirían grandes pérdidas.

Por lo tanto, este plan tiene sus aristas y habrá que ver hasta qué punto puede contribuir a mejorar todo lo que pretende sin trastocar el orden natural del ciclo económico.

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