Alerta e inquietud en el nuevo mando del PSOE ante el rumbo del PSC

El presidente de la gestora que ahora lleva el timón del PSOE, Javier Fernández, no llamó a Miquel Iceta para darle la enhorabuena por su reelección al frente del PSC tras ganar el sábado las primarias a Núria Parlon. La gestora que dirige, eso sí, se limitó a emitir un escueto comunicado esa noche desde Ferraz para felicitar a ambos, en el que apelaba a “un PSC fuerte” como elemento imprescindible para “resolver el futuro encaje de Catalunya en España”. Por supuesto, sin vulnerar “nuestro marco constitucional”.

El problema, para el nuevo mando del PSOE tras la expulsión de Pedro Sánchez, es que el PSC ha dejado de ser un partido fuerte en Catalunya, y se ha ido desmoronando en cada cita electoral debido a su “deriva” hacia posiciones que, entre los socialistas andaluces, extremeños, castellano-manchegos o asturianos, ven más próximas al nacionalismo que al socialismo.

Y ahora mismo, pese a la veteranía y los galones de Miquel Iceta en las filas socialistas –ya trabajó a principios de los 90 en la Moncloa de Felipe González, junto a Narcís Serra–, su reelección como primer secretario del PSC, lejos de aplacar los temores de muchos en el PSOE, mantiene muy inquietos y en alerta a los dirigentes territoriales que ahora llevan las riendas de Ferraz a través de la gestora, desde la andaluza Susana Díaz, al asturiano Javier Fernández o el extremeño Guillermo Fernández Vara, partidarios todos ellos de una abstención que desbloquee la gobernabilidad de España –con un gobierno de Mariano Rajoy en minoría– y evite, a cualquier precio, una nueva repetición de las elecciones.

En la gestora son muy conscientes de que Miquel Iceta no está dispuesto a dar su brazo a torcer y que será “coherente”, como él siempre dice, en su rechazo a la investidura de Rajoy. Tanto Javier Fernández como el andaluz Mario Jiménez, portavoz de la gestora, ya le han advertido varias veces que la disciplina de voto en el Congreso no se discute, y que los siete diputados del PSC –cinco por Barcelona, uno por Girona y otro por Tarragona– habrán de asumir la posición que acuerde mayoritariamente el próximo comité federal del PSOE.

Incluso han amenazado, en distintas declaraciones públicas, con replantear la relación que el PSOE mantiene con el PSC desde 1978. Algunos dirigentes, andaluces sobre todo, hace tiempo que no ven “equilibrado” que el PSC tenga plaza, voz y voto en todos los órganos de decisión del PSOE, y que no ocurra así a la inversa.

Tanto Miquel Iceta como otros dirigentes del PSC, no obstante, han recordado estos días que no sería la primera vez que rompen la disciplina de voto en el Congreso. Ya ocurrió así en febrero del 2013, a cuenta del derecho a decidir. Es más, también recuerdan que el pasado mes de abril los cuatro diputados aragoneses del PSOE rompieron la disciplina de voto y, por mandato expreso de su jefe de filas y presidente de Aragón, Javier Lambán, rechazaron la propuesta de asignar más agua del Ebro a Catalunya, mientras el resto del grupo socialista se abstuvo.

Pero, más allá a del choque entre el PSC y el previsto giro del PSOE a una abstención que desencalle la investidura de Rajoy, en la gestora de Ferraz también se barruntan tormentas ante el congreso que los socialistas catalanes celebrarán el mes que viene. Debido, principalmente, a la ponencia que se debatirá sobre la denominada “vía canadiense”. La esgrimió el propio Miquel Iceta el pasado mes de julio, como propuesta alternativa a un posible fracaso en Catalunya de la reforma federal de la Constitución que aún mantiene el PSOE como posición frente al proceso independentista catalán.

La apelación a la ley de claridad canadiense de Iceta ya fue recibida con un sonoro portazo por parte de Ferraz, entonces todavía dirigida por Pedro Sánchez. De hecho, hubo llamadas a la sede del PSC en Nicaragua en tono muy elevado aquellos días. También el PSOE andaluz hizo notar explícitamente su irritación, lamentando que el PSC “vuelve a las andadas” tras haber aparcado, pensaban, el derecho a decidir. Igualmente el presidente asturiano, Javier Fernández, avisó al PSC que habría de “repensar su relación” con el PSOE si mantenía dicha propuesta. Y hoy es quien preside la gestora de Ferraz. Es por eso que, aunque para algunos dirigentes Iceta es precisamente la garantía de que el PSC no romperá con el PSOE, otros opinan que dicha ruptura no es imposible. “Depende de lo que haga Iceta”, advierten.

Las amarras en aguas revueltas

Tras el choque entre el PSOE y el PSC por el derecho a decidir, que en febrero del 2013 acabó como el rosario de la aurora, Alfredo Pérez Rubalcaba y Pere Navarro –con la labor en la sombra de Elena Valenciano y Antoni Balmón– lograron reconducir la discrepancia y sellar, en julio de aquel 2013, la declaración de Granada. La posición mutua en el debate territorial quedó así fijada en una reforma constitucional en clave federal. Fue lo máximo a lo que aceptaron llegar el andaluz José Antonio Griñán, el extremeño Vara o el castellano-manchego Page. Pero para el PSC sólo era un punto de partida. Rubalcaba y Valenciano siempre pensaron que el próximo líder del PSC que viniera ya rompería amarras con el PSOE. Pero entonces llegó Miquel Iceta, que recompuso la situación y además se convirtió en uno de los mayores apoyos territoriales de Pedro Sánchez. Ahora, con Iceta reforzado en el cargo y un PSOE en crisis en manos de una gestora, las aguas vuelven a estar muy revueltas.