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Domingo, 11 de diciembre de 2016

Fillon liderará a los conservadores galos en las elecciones presidenciales de 2017


François Fillon encabezará a los conservadores franceses en las elecciones presidenciales de 2017. El ex primer ministro y candidato menos moderado de la derecha gala se ha impuesto sin problemas al ex primer ministro Alain Juppé, doce años mayor que él, según los primeros resultados y su ya ha reconocido su derrota.

Con el escrutinio de 2.121 centros electorales de los más de 10.000 habilitados para la votación, Fillon obtiene un 69,5 % de los votos, mientras que Juppé se hace con el 30,5 %. La Alta Autoridad de las Primarias -comité independiente encargado de organizar la cita a la que concurren partidos del centro y la derecha- anunció que, a falta de cifras definitivas, la participación ha aumentado con respecto a la de la primera vuelta, cuando se superaron los 4 millones de votos.

Todos los mayores de 18 años podían votar a condición de pagar una contribución de dos euros y firmar una carta de adhesión a los valores de la derecha y del centro en los más de 10.000 colegios electorales habiltiados. El diario Le Figaro recordó que el pasado domingo votaron unos 600.000 simpatizantes de izquierdas, el 15% del total de votantes, y otros 300.000 seguidores del Frente Nacional (FN), pero la ausencia de Sarkozy en esta segunda ocasión podría reducir la concurrencia de militantes no conservadores.

Batalla contra Le Pen

La derecha no quiere convergencias moderadas. Quiere caña. Y Fillon se la da: “El programa de Juppé es demasiado prudente y no permitirá desencadenar el proceso de enderezamiento nacional que necesitamos”, dijo hace unos días. En el último debate dijo: “Juppé se inscribe en el sistema” y afirmó que las modificaciones que propone “no cambiarán fundamentalmente el país”, que a su juicio está “al borde de la revolución”, una revolución que lideraría Le Pen, la corriente francesa del Brexit y Donald Trump.

Fillon también aseguró entonces que quería reducir el número de ciudadanos “tentados por los extremismos”, y admitió que no se ha escuchado suficientemente a aquellos que reclaman más seguridad y libertad, y respeto hacia “sus valores, identidad y cultura”. Una clara alusión al votante de Le Pen, al que necesita en el centro derecha y no la extrema derecha, para hacer frente a los socialistas en las elecciones presidenciales de 2017.

La mayoría de los analistas políticos coinciden en que el candidato de los conservadores, tras una primera vuelta de las presidenciales en abril, tendrá que enfrentarse muy posiblemente a la líder del ultraderechista Marine Le Pen, que pasaría a segunda vuelta según los sondeos. La líder del partido de extrema derecha está al alza impulsada por el alto desempleo que azota al país y la débil situación económica. La política de 48 años siempre se pronunció contra Europa, y en ese sentido se ve ahora impulsada por el voto de los británicos de abandonar la Unión Europea el pasado juno.

Lo que quizá no le alegrase tanto sería quizá una victoria de Fillon. Porque al contrario que su contrincante interno Alain Juppé, Fillon no representa una postura moderada en el sector conservador, y podría robarle votos. “Es verdad, mi proyecto es más radical”, reconoció Fillon en un debate en televisión la noche del jueves entre los dos candidatos conservadores.

Aboga por estrechar lazos con Moscú, recortes y devolver a Francia el prestigio internacional

En economía quiere someter a Francia a una profunda cura para volver a convertirla en un país competitivo, sobre la base de reducir el gasto público. El diario Le Monde habla incluso de una “revolución neoliberal” y el belga Le Soir le denominó incluso el ‘Tatcher de Sarthe’, en alusión al departamento francés situado en la zona del Loira. Aboga por recortar medio millón de empleos en el sector público, subir la jornada a 39 horas y la edad mínima de jubilación a los 65.

También critica la desaparición de la Historia de Francia de los libros para escolares en la enseñanza primaria. Algo que gusta a los electores conservadores, sobre todo en las provincias.

En política exterior, Fillon cre que “Francia debe defender sus intereses” y quiere seguir siendo aliado de Estados Unidos, fortalecer las relaciones con Rusia -como Le Pen– y mantener una relación más estrecha con Europa. En su época como primer ministro conoció al presidente ruso, Vladimir Putin, quien esta misma semana le alabó asegurando que “es un duro socio negociador y en cualquier caso, un hombre extremadamente profesional y correcto”.

Los conservadores apuestan por que Francia recupere el prestigio internacional: es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y además es una potencia nuclear.

Ex primer ministro con Sarkozy y ministro desde 1993 en cinco carteras

Hijo de un notario, Fillon nació el 4 de marzo de 1954 en Mans, en el noroeste de Francia. Es padre de cinco hijos y conocido por sus valores católicos, por ejemplo en política de familia. Sin embargo, durante la campaña negó que piense cuestionar el derecho al aborto de las mujeres y aseguró que no tocaría ese tema y es un partidario del movimiento La Manif pour Tous, que sacó a millones de franceses a la calle contra el matrimonio homosexual y cuestiones relacionadas.

Fue durante cinco años el primer ministro de Nicolas Sarkozy, aunque éste apenas lo consideraba un “colaborador”. Con la salida de Sarkozy del poder en 2012 también él cayó en el olvido. Sin embargo, este hombre de 62 años realista y práctico, especialista en derecho público, se convirtió el pasado domingo por sorpresa en el favorito a liderar a los conservadores en las elecciones presidenciales de 2017. Encabezó el escrutinio con el 44,1% de los votos.

Sus seguidores confían en su experiencia y en su imagen de hombre de Estado moderado. Con sus valores conservadores tradicionales atrae sobre todo a los votantes de su partido, especialmente en las provincias.

Fillon, con sólo 27 años, fue el diputado más joven de la Asamblea Nacional en aquella época. Ocupó desde 1993 cinco carteras ministeriales. Después se convirtió en un cercano asesor de Sarkozy durante su campaña presidencial y finalmente en jefe de Gobierno en 2007, cargo que ocupó hasta el final de su mandato pese a las numerosas diferencias de opinión entre ellos. Tras ello, perdió la lucha con su rival Jean-François Copé por la presidencia del partido.

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