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Domingo, 11 de diciembre de 2016

La reforma constitucional sigue sin consenso ante la diferencia de posturas


“¡Convendría que ambos vinieran consensuados de casa!”, replicó con ironía Soraya Sáenz de Santamaría a Meritxell Batet y a Íñigo Errejón, después de que tanto la diputada del PSC como el portavoz de Unidos Podemos urgieran ayer a la vicepresidenta, en la sesión de control al Gobierno en el Congreso, a abordar una reforma de la Constitución.

Plantear una revisión de la Carta Magna en la sede de la soberanía nacional “es la vía democráticamente correcta”, admitió Sáenz de Santamaría en velado reproche al proceso soberanista de Catalunya. Pero dicha vía, advirtió, “exige consenso en el punto de salida y en el punto de llegada”. Es decir, qué se quiere hacer y hasta dónde se quiere llegar. Y el Gobierno es muy consciente de que no hay un consenso de partida para abrir semejante melón.

Pese a que ahora existiría una hipotética mayoría parlamentaria más que suficiente para abordarlo –así lo defienden desde el PSOE a Unidos
Podemos o Ciudadanos–, casi todos tienen claro que esta legislatura no será la de la reforma constitucional. “Ahora desde luego no, porque el patio está muy revuelto y dividido, el caldero está ahora en ebullición”, asegura el portavoz del PNV, Aitor Esteban. “No parece que haya un clima proclive a acuerdos de la envergadura de una reforma de la Constitución, ahora es imposible el pacto de renuncias que requeriría”, corrobora el diputado socialista Eduardo Madina.

Y mucho menos acuerdo aún habría para emprender una modificación profunda del modelo territorial consagrado en la Constitución. “No es posible un pacto al respecto ante las posiciones jacobinas, independentistas o federalistas que conviven en el Parlamento”, coinciden muchos. Un Mariano Rajoy ahora en minoría parlamentaria y Javier Fernández al frente de un PSOE en situación de interinidad parecen estar de acuerdo en esto. Y hay diputados socialistas que admiten que sería muy complejo intentar ponerse de acuerdo con Podemos.

La socialista Batet, en todo caso, le reclamó a Sáenz de Santamaría que el Ejecutivo “deje de parapetarse tras la Constitución y la ley” ante Catalunya. “No puede ser que el Gobierno no tenga una respuesta para Catalunya”, reprochó, después de cinco años. Y le instó a trabajar con el Govern “para encontrar un cauce político que solucione la cuestión de Catalunya”. “Los socialistas les ofrecemos la reforma de la Constitución”, insistió, como mejor fórmula para lograrlo.

La vicepresidenta le respondió que “la Constitución no es un parapeto, es nuestro marco de convivencia”, pero que, en todo caso, el Gobierno “va a trabajar para ensanchar los cauces de diálogo” con Catalunya.

A continuación fue el turno de Íñigo Errejón en la sesión de control, y también le insistió a Sáenz de Santamaría en la necesidad de afrontar una reforma de la Constitución, “actualizarla y ensancharla”, entender la “plurinacionalidad” del Estado y dejarse de “amenazas” a Catalunya. “Reformar la Constitución es trabajo de algo más que de minorías ruidosas, como se califican a sí mismos, ni siquiera de mayorías transversales –advirtió Sáenz de Santamaría–. Reformar la Constitución tiene que ser una tarea de todos, poco ruidosa y mucho más efectiva, porque tiene que dar cobijo a todos. Pero les he escuchado que unos proponen cambiar la forma del Estado, otros reformar derechos y no sólo ampliarlos sino también estrecharlos, como la libertad de expresión, o un referéndum de autodeterminación que a mi juicio liquida la esencia de la nación misma”. Así pues, que primero se pongan de acuerdo en qué quieren.

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