Europa se prepara hoy para un aterrizaje de alto riesgo de seis minutos en Marte

Será un aterrizaje de alto riesgo. Seis minutos de vértigo en que la sonda Schiaparelli de la Agencia Espacial Europea (ESA) debe entrar en la atmósfera de Marte a 21.000 kilómetros por hora (km/h) y frenar brutalmente para contactar con la superficie a sólo 10 km/h. Debe llegar como una bala y posarse como una pluma. “Nuestros seis minutos de terror”, como lo ha descrito Francesca Ferri, de la Universidad de Padua (Italia), en la web de la revista Nature.

Para la ESA es un examen. Hoy es el día en que debe demostrar que sabe aterrizar en Marte, algo que hasta ahora sólo han conseguido siete misiones de la NASA. Europa lo intentó en el 2003 pero fracasó: la sonda Beagle 2 no consiguió enviar ni una sola señal desde Marte. La ESA debe aprobar hoy el examen para poder enviar futuras misiones a la superficie marciana con garantías. La primera de ellas ya tiene fecha: debe lanzarse en el 2020. El objetivo es “situar a Europa en el mapa global de la exploración de Marte”, declara Álvaro Giménez, director científico de la ESA.

Schiaparelli forma parte del programa ExoMars, que consta de dos misiones y un total de cuatro aparatos. En la misión de este año han viajado a Marte la sonda Schiaparelli, que aterrizará en la superficie, y el satélite TGO, que se situará en órbita alrededor del planeta para analizar el metano y otros gases minoritarios de su atmósfera.

 

Imagen virtual de la sonda europea entrando en Marte

Imagen virtual de la sonda europea entrando en Marte (AP)

En la segunda misión, la que está previsto lanzar en el 2020, viajarán un todoterreno europeo y una sonda rusa. El todoterreno analizará por primera vez los minerales que hay bajo la superficie hasta dos metros de profundidad. La sonda no podrá desplazarse pero irá equipada con instrumentos para estudiar el lugar donde aterrice. Todo ello con el objetivo de determinar si hubo vida en Marte en el pasado, o incluso si la hay en la actualidad agazapada en el subsuelo.

Pero hoy la gran protagonista del día es la sonda Schiaparelli, nombrada en honor del astrónomo italiano que descubrió unas líneas que llamó canales en la superficie de Marte, lo que alimentó las especulaciones de que el planeta podía estar habitado. Si realmente hubiera marcianos, hoy disfrutarían de un bonito espectáculo poco antes de las cinco de la tarde (hora española), cuando Schiaparelli –con forma de platillo volante y del tamaño de un coche Smart– entre en la atmósfera a toda velocidad y se ilumine como una estrella fugaz por la fricción del aire.

La sonda, construida por un consorcio internacional liderado por la empresa Thales Alenia Space Italia, dispone de cuatro instrumentos para frenarse en estos seis minutos de terror y llegar al suelo sin hacerse añicos. Se protegerá primero con su escudo térmico, que se pondrá al rojo vivo y que le ayudará a reducir su velocidad de 21.000 km/h a 1.700 km/h en poco más de tres minutos. Después desplegará un enorme paracaídas que la frenará hasta 250 km/h. Activará entonces los retrocohetes, que la bajarán hasta dos metros del suelo. Finalmente, amortiguará el impacto
con la estructura mullida que lleva en la parte inferior. Si el aterrizaje sale según el plan previsto, la sonda llegará a la superficie a las 16.48 h y la ESA recibirá la confirmación de que todo ha ido bien unos diez minutos más tarde, el tiempo que tarda la señal en cruzar los 170 millones de kilómetros que separan la Tierra de Marte en estos momentos.

 

Imagen virtual de la entrada de la sonda Schiaparelli de la misión ExoMars en la atmósfera de Marte

Imagen virtual de la entrada de la sonda Schiaparelli de la misión ExoMars en la atmósfera de Marte (ESA)

Pero la atmósfera marciana, al igual que la terrestre, es un lugar agitado, con polvo en el aire y fuertes vientos que pueden afectar a la trayectoria de la sonda. Schiaparelli llega a Marte en un momento en que es “otoño en el hemisferio norte, un periodo en que suele haber una notable actividad de tormentas de polvo”, advierte la ESA en la página web de ExoMars.

De ahí que no se pueda saber con exactitud el punto donde caerá. Los responsables de la misión han decidido enviar la sonda hacia el Meridiani Planum, una gran llanura de relieve liso situada junto al ecuador del planeta donde el riesgo de tener un aterrizaje accidentado se considera bajo. Pero dentro del Meridiani Planum puede caer en cualquier lugar de una elipse de 100 kilómetros de longitud y 15 de anchura.

Hoy también es un día clave para la nave TGO (iniciales en inglés de Satélite de Gases Traza), que lleva “cuatro instrumentos científicos a bordo para estudiar la atmósfera y la superficie de Marte”, declara José Juan López, del Instituto de Astrofísica de Andalucía, que es coinvestigador principal de uno de los instrumentos. Después de siete meses de viaje en los que han recorrido juntas 496 millones de kilómetros –más de tres veces la distancia de la Tierra al sol–, TGO y Schiaparelli se separaron el domingo para que la sonda pudiera bajar a la superficie y la nave se situara en órbita alrededor del planeta.

Pero la inserción en órbita depende de una maniobra crítica que TGO debe ejecutar hoy a partir de las 15h04’47’’. “Tenemos una única oportunidad”, advierte Michel Denis, director de vuelo de la misión en el Centro Europeo de Operaciones Espaciales en Darmstadt (Alemania), en un comunicado difundido por la ESA. Para ser capturada por la gravedad de Marte y no pasar de largo –como le ocurrió a la Mars Observer de la NASA en 1993–, la nave debe encender el motor exactamente en el momento indicado y mantenerlo en marcha durante 134 minutos. Será “el momento más crítico hasta ahora del viaje de TGO”, advierte Thomas Ormston, ingeniero del centro de control de Darmstadt, en un blog de la ESA.

El satélite llega con el encargo de resolver el gran enigma del metano marciano. Dado que es un gas efímero a escala geológica, si hay metano en la atmósfera de Marte, tiene que haber algo en la superficie que lo esté emitiendo. En la Tierra, la mayoría del metano es producido por seres vivos, aunque también puede tener un origen geológico. TGO va equipado con un instrumento más de mil veces más sensible que el de cualquier misión anterior. “Con el instrumento Nomad –declara José Juan López–, aclararemos de una vez por todas si hay metano o no en la atmósfera de Marte y, si lo hay, de dónde viene”.