'Grave (Crudo)': Devórame otra vez

Sección Oficial

El impactante, contundente y muy inspirado debut de Julie Ducournau no es apto para veganos.

Gerard Alonso i Cassadó

Garance Marillier en 'Grave (Crudo)'.

Garance Marillier en ‘Grave (Crudo)’.

Qué: Justine (Garance Marillier), vegetariana radical como sus padres, afronta su primer año en la facultad de veterinaria, donde ya estudia su hermana mayor Alexia (Ella Rumpf). Constantemente humillada, como el resto de novatos, por los alumnos veteranos, la joven empezará a experimentar el florecer de sus reprimidos instintos cuando pruebe por primera vez la carne.

Quién: La parisina Julie Ducournau, quien impactó en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes con su ópera prima.

Y qué tal: “Devórame otra vez. Ven, devórame otra vez. Ven, castígame con tus deseos. Que mi amor lo guardé para tí”. La letra de la célebre canción de Lalo Rodríguez, en su sentido literal, hubiese hecho las delicias del Marqués de Sade con su mezcla de antropofagia y torturas. Al depravado literato francés del siglo XVIII, cuya obra está en el origen etimológico de la palabra ‘sadismo’, también se le estremecerían todos los sentidos al ver ‘Grave (Crudo)’, una obra que le sonaría familiar y no sólo porque la protagonista se llama Justine, como la viciosa adolescente que aparecía en el título de ‘Justine o los infortunios de la virtud’, una de sus novelas más conocidas. Sade está presente en la película porque ‘Grave (Crudo)’ trasciende con creces el género y su premisa: ésta es mucho más que la película de los desmayos en el Festival de Toronto o que un film sobre canibalismo. 

Estamos más cerca de una coming of age movie sobre el despertar sexual de una joven cuyos instintos habían sido reprimidos. La condición vegetariana extrema de Justine puede remitirnos a la represión sexual de ‘Carrie’ (Brian De Palma, 1976). Y ya sabes de qué va esto: si no las dejas provar la carne, prepárate para lo que se te echa encima. Justine es víctima de sí misma, pero su condición (como le ocurría al protagonista de otra película vista este año en Sitges, ‘The Transfiguration’) es también el rasgo que más y mejor sostiene su identidad en esa siempre problemática etapa de la adolescencia tardía. Dicho de otro modo, ‘Grave (Crudo)’ es otra de esas películas sobre alguien buscando el modo de ser él mismo. Sólo que aquí ese alguien se come a la peña.

Se ha concluido en Sitges por unanimidad que la fama de film escándalo con la que ‘Grave (Crudo)’ llegaba de Toronto era una mala publicidad para la película. Hay escenas de rotundo impacto que podrían formar parte de una campaña a favor del veganismo, sí, pero la casquivería no logra eclipsar, ni de lejos, el alúd de sensaciones enfrentadas que transmite un film capaz de hacernos empatizar con los instintos más bajos del ser humano.