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Sábado, 3 de diciembre de 2016

La polémica de la publicidad encubierta salpica ahora a las vloggers de belleza



La primera polémica saltó en mayo. La Comisión Federal de Comercio estadounidense señaló que blogs como el de Aimee Song (4 millones de seguidores en Instagram) estaban incurriendo en “prácticas engañosas o injustas”, promocionando artículos de moda sin especificar que se trata de acuerdos comerciales con marcas, es decir, publicidad pura y dura. Un lucrativo negocio para las influencers de las redes sociales, pero también un posible engaño para sus seguidoras: lo que ellas piensan que es simplemente una foto de sus productos favoritos, en realidad se trata de un negocio encubierto. Women Wear Daily cifraba en 500.000 dólares el contrato anual que habría firmado Song of Style para promocionar los cosméticos de Laura Mercier durante un año, y asistir también a sus presentaciones.


También publicaron el caso de Arielle Charnas (@SomethingNavy), que publicó un vídeo en Snapchat sobre la mascarilla Rose Stem Cell Bio-Repair Gel Mask de la marca cosmética Peter Thomas Roth: en las siguientes 24 horas el post consiguió vender 502 máscaras, con un valor total de 17.565 dólares. Si hacemos matemáticas, esto supondría 123.000 dólares en ventas en una semana, 527.000 en un mes o caso 6,4 millones en un año.


El portal WWD devuelve a la actualidad la polémica, esta vez, salpicando a las vloggers -las que dieron el salto de escrbir blogs a protagonizar vídeos- de belleza.”Los beauty vloggers de todas las edades se dedican a difundir sus honestas opiniones sobre productos de belleza específicos, pero un gran número de ellos se han pasado a trabajar con marcas con cheques de por medio”. Según datos de esta publicación, las influencers de primera línea cobran entre 5.000 y 25.000 dólares por post patrocinado en Instagram. Kristina Bazan habría firmado un contrato de siete cifras con L’Oréal Paris y Chiara Ferragni habría ganado 7,5 millones de dólares con la venta de su colección de zapatos. Podríamos decir que en el 99% de los casos, cuando ves una marca, un restaurante o un hotel taggeados en sus fotos Instagram, deberías saber que no se trata de una recomendación personal sino de un acuerdo con una marca: siendo un negocio tan lucrativo, nadie con tantos followers ‘regala’ menciones gratuitas. Viendo estas cifras nos preguntamos si aún podemos seguir creyendo en el factor casualidad a la hora de sacar una marca en redes sociales. ¿Dónde comienza la inspiración… y dónde el business? Y más aún: ¿Quién promocionaría una marca gratuitamente?


En nuestro país también tenemos influencers de éxito en las redes sociales. Nombres como Alexandra Pereira (@LovelyPepa, con 1,2 millones de seguidores en Instagram) o la actriz Blanca Suárez (con 1,1 millones) tienen un gran poder de prescipción en sus redes sociales. Viendo la tendencia internacional, nos preguntamos: ¿lo suyo es insipración o compromisos con marcas?


“En el 99% de los casos, cuando ves una marca, un restaurante o un hotel taggeados en Instagram, deberías saber que no se trata de una recomendación personal”


El dilema que se presenta reside en que el éxito de las influencers está directamente asociado a su credibilidad, una capacidad de prescripción que sin embargo el público en general interpreta fuera de la influencia de las marcas. De ahí la percepción engañosa de la Comisión Federal de Comercio estadounidense, que ha recomendado incluir el hashtag #Ad (publicidad) en estos casos. Anunciantes y vloggers deberían revelar que existe un acuerdo económico entre ambos.



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