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Jueves, 8 de diciembre de 2016

No hay dinero para comprar a Messi


Si alguien le llamó, él no cogió el teléfono. Porque Leo Messi no tiene contactos en el móvil cuando se viste de azulgrana y salta al campo. No hay amigos. Ni Bravo. Ni Guardiola. Ni nadie. Sólo descuelga cuando le llega el balón y sonríe, al mismo tiempo que sus rivales fruncen el ceño. Ni todos los pozos de petróleo del mundo serían suficiente para comprar al mejor futbolista de la historia, feliz como ninguno en Barcelona, escenario de algunas de las mejores gestas que ha vivido el fútbol desde que lo inventaron los ingleses. La última ha llegado este miércoles ante el Manchester City, con una escultura de oro en forma de hat trick, con la firma de Leo, por supuesto.

Mucho antes de la exhibición de Messi, el encuentro ya había comenzado a jugarse. El árbitro no había pitado y en las entrañas del Camp Nou, Luis Enrique y Guardiola daban forma a lo que venían pergeñando en los últimos días. Sorpresas por ambos bandos para dos onces completamente imprevisibles.

 

Leo Messi celebra un gol del Barça ante el City

Leo Messi celebra un gol del Barça ante el City (Shaun Botterill / Getty)

En el bando azulgrana, Sergi Roberto acabó viendo el partido en la grada y su baja fue cubierta por Mascherano. Fe y actitud no se le pueden reprochar nunca al argentino, pero el Barça pierde mucho cuando juega como lateral derecho. Su puesto en el eje fue para Umtiti. En el bando visitante, Guardiola decidió dejar a Agüero en le banquillo y darle toda la autoridad a su verdadero buque insignia, Kevin de Bruyne, que actuó como falso delantero centro. Algo similar a lo que el de Santpedor hizo con Messi en el Bernabeu hace ya unos años.

Barça y City se miraban al espejo. Aunque más correcto sería decir que el equipo inglés se miraba en su espejo, porque la presencia de Guardiola en su banquillo no le autoriza para apropiarse del sello azulgrana, por mucho que fuera él el que lo sublimara. Fútbol de muchos quilates al fin y al cabo el que se esperaba en el Camp Nou con dos equipos que juegan bajo el mismo guión.

El City presionaba con muchísima intensidad la salida de balón del Barça, intentando forzar algún fallo de Ter Stegen. Al minuto siguiente, eran los azulgranas los que hacían lo propio con Bravo. Era como ver al mismo equipo pero con una camiseta diferente. El único problema para los de Guardiola, tan pequeño como gigante, se llamaba Leo Messi, que de momento sigue vistiendo la del Barça.

 

Cuando Messi encaró a Bravo no vio a su excompañero, sino a un rival que dribló y batió como hace con todos

 

Leo, bien arropado por sus dos mejores compinches a la hora de hacer travesuras, tenía ganas de agradar, de hablar con el balón, su mejor micrófono. La Pulga inauguró el marcador tras una buena jugada coral que transformaron en definitiva un pase imposible de Iniesta y el resbalón de Fernandinho. Messi se quedó con el balón y al levantar la vista no vio a Bravo, su excompañero durante los dos últimos años, con el que ha levantado cinco títulos. No. Vio a un portero rival, al que desdibujó el rostro, encaró, regateó y batió. Como hace con todos.

El partido se inclinaba del lado local, aunque no todo eran buenas noticias para Luis Enrique. Primero Alba y más tarde Piqué, se vieron obligados a abandonar el terreno de juego por lesión antes del descanso. Más grave la baja del central, que evidenció que la gestión en el lateral derecho no puede ser calificada sino como pésima. Mathieu salió al campo y obligó al Barça a jugar con dos centrales zurdos, con las dificultades que eso entraña a la hora de sacar el balón controlado desde atrás ante un equipo como el City.

 

Pep Guardiola, impotente en el banquillo del City

Pep Guardiola, impotente en el banquillo del City (Francisco Seco / AP)

El equipo de Manchester, que no tiene a Messi ni a Iniesta, sí puede presumir con Silva y Gundogan. Imponente sobre todo el alemán, afeado el canario por su dura entrada a Piqué. El excentrocampista del Dortmund dio un recital de juego y fue el hilo conductor de su equipo. Si no hubiera sido por una mano de Ter Stegen de esas de museo, suya habría sido la firma del gol del empate antes del descanso. Una igualada que tampoco llegó de penalti porque Mazic no vio una clara mano de Digne dentro del área azulgrana.

 

Bravo fue expulsado tras un fallo con los pies

 

A pesar del marcador, las dificultades del Barça para sacar el balón dejaban entrever una segunda parte llena de dificultades. Luis Enrique intuyó el peligro y decidió jugar con tres atrás a la hora de construir. Un pequeño retoque en el dibujo sin necesidad de cambiar nombres. Pero curiosamente fue en el área contraria donde se produjo el fallo que acabaría de desequilibrar el choque. Estrepitoso desde el primer hasta el último segundo de la acción. Bravo regaló el balón a Suárez y después paró con las manos fuera del área su disparo. Expulsión de libro, que Guardiola lamentó con las manos en la cabeza.

Cuando Ter Stegen estaba más discutido por su atrevimiento con los pies, Bravo irrumpió en el Camp Nou para demostrar que en todos los sitios cuecen habas. O que no es oro todo lo que reluce. Amplio el refranero para describir una paradoja que sólo nos puede brindar el fútbol, maravilloso casi siempre.

 

El delantero brasileño del FC Barcelona Neymar celebra tras marcar el cuarto gol ante el Manchester City

El delantero brasileño del FC Barcelona Neymar celebra tras marcar el cuarto gol ante el Manchester City (Alejandro García / EFE)

Messi, que seguía vistiendo la camiseta del Barça, lo vio todo desde la distancia y decidió finiquitar el duelo. Zurdazo que Caballero vio pasar y el segundo ya estaba en el marcador. Con dos goles de ventaja y uno más, la noche parecía lista para sentencia. Más aún cuando Ter Stegen hurgó en la herida de Bravo con otra mano espectacular ante De Bruyne, que de momento no es Messi, para desgracia de Guardiola. Porque Leo redondeó su velada y el hat trick, tras el error de Gundogan y la generosa asistencia de Suárez. Le dio tiempo también de forzar un penalti y cedérselo a Neymar para que lo fallara, la maldición continúa. Aunque el brasileño se rehizo con una gran jugada individual en el descuento que supuso el cuarto gol de la noche.

Ni siquiera la evitable expulsión de Mathieu empañó un triunfo mágico y fundamental, que deja al Barça al borde de los octavos de final de la Champions, al mismo tiempo que complica y mucho el trayecto del City. Después de dos visitas como rival, Guardiola ha sufrido ya cinco goles de Messi en el Camp Nou. Quizás maldice el día que dejó de tenerle a su lado. El Barça no tiene dudas y da gracias a cada segundo por que este pequeñajo convertido en gigante tenga el corazón azulgrana. Ni tiene precio ni hay dinero para comprarle. Messi es único… y azulgrana.

 

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