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Domingo, 11 de diciembre de 2016

Gaizka Fernández Soldevilla: “Si no se combaten las mentiras sobre ETA, algún día volverán a matar”


El libro ‘La voluntad del gudari. Genésis y metástasis de la violencia de ETA’, de Gaizka Fernández Soldevilla y editado por Tecnos, analiza los orígenes históricos del terrorismo en el País Vasco ofreciendo una explicación multicausal, teniendo en cuenta factores externos tales como la dictadura franquista, el retroceso del euskera, la llegada de los inmigrantes, la pasividad del PNV o el modelo de los movimientos anticoloniales, entre otros.

Y los internos como los antecedentes lejanos de Aberri y Jagi-Jagi, el influjo de los grupúsculos ultranacionalistas del exilio, el choque intergeneracional, el imaginario bélico de ETA, su evolución ideológica, el estado emocional de sus líderes o la dinámica organizativa de la banda.

El fenómeno terrorista es el gran tema que atraviesa y condiciona la historia reciente del País Vasco. Los historiadores deben analizarlo de manera honesta, rigurosa e independiente y hacer llegar el resultado a la sociedad.

Fernández Soldevilla afirma que “si no cumplimos con nuestro papel, dejaremos un vacío que será ocupado por medias verdades, mentiras interesadas y mitos que algún día pueden volver a matar”.

Así, estudiando “la utilidad presente de un arma cargada de pasado”, la obra entra de lleno en un debate tan actual como el que hay acerca del relato.

Florencio Domínguez, director del Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo y prologuista del libro, explica que ‘La voluntad del gudari’ cumple sobradamente “con el deber cívico de dibujar cuáles han sido las influencias ideológicas, políticas e intelectuales que han contribuido a alimentar la violencia”.

Tal como explica el autor “los etarras no respondían como autómatas a una coyuntura concreta ni estaban cumpliendo con su ineludible destino” y añade que “su apuesta por la violencia tampoco representaba el último episodio de un secular conflicto étnico entre vascos y españoles, un mito que sirvió de cimiento intelectual a la organización y que todavía hoy es utilizado para justificar sus crímenes”.

¿Cuáles fueron las raíces de ETA? ¿Entroncaba con el nacionalismo vasco radical anterior a la Guerra Civil, como se ha afirmado desde algunos ámbitos? ¿O con el propio Sabino Arana? ¿Qué papel ejerció el recuerdo de la contienda? ¿A qué respondió la opción de ETA por la violencia? ¿Hasta qué punto es achacable a la dictadura franquista?

¿Cómo explicar la posterior metástasis del terrorismo en Euskadi? ¿Y cuál es la razón de que no ocurriera lo mismo en Cataluña y Galicia? ¿Cómo ha tratado la banda a quienes considera “traidores” a su causa? ¿Por qué EH Bildu sigue sin condenar los crímenes de ETA?

Fernández Soldevilla responde a todos estos interrogantes con la seriedad, el rigor y el método propios del oficio de historiador, basándose en un minucioso trabajo de investigación y en la consulta de documentos inéditos.

Los gudaris eran miembros de los batallones nacionalistas del Ejército (republicano) Vasco pero el autor explica que “La voluntad del gudari no hace referencia a los gudaris originarios, los de la Guerra Civil, sino a los miembros de la banda y a su autopresentación como nuevos gudaris” y añade que “los etarras han vampirizado la memoria de los gudaris de 1936, al igual que luego han hecho con otras muchas cosas”.

Precisamente la tergiversación de la historia de la contienda fue uno de los factores que condicionaban a la cúpula de ETA cuando tomó la decisión de empezar a matar. El 7 de junio de 1968 Txabi Etxebarrieta decidió asesinar al guardia civil José Antonio Pardines, la primera de las 845 víctimas mortales de la banda. Descartando otras alternativa, los autoproclamados nuevos “gudaris” de ETA habían optado por el uso de las armas para conseguir sus objetivos políticos.

“Suya es, pues, la responsabilidad histórica”, concluye Gaizka Fernández Soldevilla, quien para subrayarlo ha escogido para la cubierta del libro una fotografía inédita hasta ahora: la del entierro de Pardines en su pueblo natal.

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