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Viernes, 9 de diciembre de 2016

El autor del crimen del cajero se confiesa 11 años después y pide perdón


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Ricard Pinilla, de pie, junto a Oriol Plana, ayer, durante la primera sesión del juicio.

Ricard Pinilla Barnes acaba de cumplir 29 años. Los últimos once los ha pasado encerrado en prisión, después de que, en la madrugada del 16 de diciembre de 2005, participase en uno de los crímenes más recordados de la historia reciente de Barcelona. Esa noche, Ricard y dos de sus amigos prendieron fuego en un cajero de la calle Guillermo Tell, en la zona alta de la ciudad, a María Rosario Endrinal, una indigente que dormía en una sucursal de La Caixa. La mujer murió dos días después a consecuencia de las quemaduras.

Ricard hacía apenas 20 días que había adquirido la mayoría de edad cuando participó en estos hechos. Su compañero de causa, Oriol Plana Simó, también tenía 18 años. El tercer condenado, Juan José M.R., era entonces un menor de 16 años. Los dos mayores de edad, Ricard y Oriol, fueron condenados a 17 años de prisión, mientras que el menor fue sentenciado a ocho años de internamiento en un centro de menores y a cinco más de libertad vigilada.

 

No tuve el valor de decir basta

 

Durante los once años que ha permanecido entre rejas –los primeros nueve años y tres meses, de forma ininterrumpida- Ricard ha tenido tiempo de reflexionar sobre las circunstancias que le llevaron a cometer semejante barbaridad. En su testimonio a La Vanguardia, recapacita sobre las causas que le condujeron a cometer unos actos terribles que acabaron con la muerte de una persona.

En aquellos momentos, confiesa, estaba “en una dinámica muy destructiva”, y no tuvo “el valor de decir basta”. Define a aquel muchacho “problemático” de 18 años, que fue expulsado de hasta cuatro centros educativos, como una persona con “una autoestima muy baja” y con “infinidad de carencias”, derivadas de los círculos de amistades que cultivaba durante su adolescencia –entre ellos, grupos “fascistas” y “nazis”- y un entorno familiar no tan estructurado como lo describieron los medios. Su incapacidad para romper con aquellas dinámicas, “por cobardía”, tuvo consecuencias fatales.

No era la primera vez que él y sus acompañantes increpaban y agredían a indigentes. En un relato sobre la noche del crimen que ha escrito durante su internamiento, y que este periodista ha tenido la oportunidad de leer, Pinilla hace una crónica descarnada de aquella noche. Narra incluso episodios que en su momento no se revelaron en los medios, ni tampoco durante el juicio, que se celebró casi tres años después de los hechos. Entre otras cosas, reconoce que fue él quien prendió la mecha que provocó el incendio en el cajero –en el juicio, tanto él como el otro procesado culparon al menor, con el objetivo de intentar rebajar sus respectivas condenas-. También describe diversas vejaciones y tentativas de agresión a otros indigentes que sucedieron aquella misma noche. Según su propia confesión, la pandilla protagonizó una noche de locura que recuerda mucho a algunas escenas de ‘La naranja mecánica’.

Tanto el mencionado relato como la entrevista que ha concedido a La Vanguardia son consecuencia de la necesidad que expresa Ricard Pinilla de “hacerse cargo de sus propios actos” y presentarse ante la sociedad como una persona distinta a la que cometió aquel atroz crimen: “He visto las imágenes” (la secuencia del crimen grabada por la cámara del cajero) y sé que soy yo…Y lo recuerdo: yo hice eso (…) Pero no lo asocio con la persona que soy a día que hoy (…) Hoy me parecería absurdo siquiera planteármelo”.

 

En la prisión nos recibieron a hostias

 

Ricard Pinilla y Oriol Plana ingresaron en la prisión para jóvenes de la Trinidad pocos días después de ser detenidos como autores del asesinato de Rosario Endrinal. Sus primeros días en el centro penitenciario no fueron fáciles para ellos: “En prisión nos reciben literalmente a hostias. Y además, en masa (…) Todo el mundo sabía que íbamos a llegar allí…”. Pinilla narra cómo, en uno de los primeros días de internamiento, él y su compañero de causa fueron acorralados por unos “20 o 30 presos”, quienes les propinaron una paliza: “Vinieron de todos los módulos a pegarnos”, recuerda.

“La Trinidad era la ley de la selva (…) “Nosotros éramos unos niñatos… por suerte, unos pocos valientes se dieron cuenta y pararon a la masa, con lo que ese episodio fue más escandaloso que otra cosa…(…) No nos hicieron mucho daño (…) El resultado no fue tan duro, pero podría haberlo sido”.

Pinilla permaneció tres años y medio en el centro de la Trinidad. Posteriormente fue trasladado al nuevo centro para jóvenes, donde estuvo dos años y medio. El resto de su condena la cumplió en el centro penitenciario de Brians 1. Sólo compartió internamiento con Oriol, su compañero de fechorías, en la Trinidad. Explica que poco después del juicio por el caso, se rompieron las relaciones entre ambos, “por diferencias sobre lo ocurrido aquella noche”. Ricard cree que su antiguo amigo “considera que está pagando una condena por mi culpa. Y su familia piensa lo mismo (…) Aunque “mi recuerdo –matiza – es muy diferente”.

Ricard se encuentra actualmente en régimen abierto. Sale de la sección de hombres de la prisión de Wad-Ras por las mañanas para acudir a su puesto de trabajo (es auxiliar administrativo a tiempo parcial en una empresa de mantenimiento) y vuelve a la cárcel por la noche. Está pendiente de un recurso de la Fiscalía sobre la concesión de su tercer grado, que, en caso de prosperar, probablemente le devolverá a prisión en régimen de segundo grado.

 

Yo ya no soy aquella persona

 

Una vez haya cumplido la totalidad de su pena por el crimen del cajero (obtendrá la libertad en diciembre de 2022) Ricard tiene asumido que no lo tendrá fácil para reinsertarse en la sociedad: “Lo voy a tener más difícil de por vida. Yo no voy a ser nunca más Ricard. Voy a ser aquél que prendió fuego a una mendiga en un cajero. Y para romper esto hará falta conocerme, tratarme y reflexionar…Pero yo ya no soy aquella persona”.

Ricard entiende que el hecho de dar la cara públicamente para mostrar su arrepentimiento y pedir perdón sobre lo sucedido es parte de su proceso personal de rehabilitación: “Lo planteo como una necesidad de entender qué es lo que hice y por qué. Creo que esto es fundamental. Si no hay este planteamiento, todo lo demás es teatro. Si uno no llega a reflexionar sobre cómo ha llegado a hacer lo que ha hecho, no hay nada, como mucho una impostura, o incluso un autoengaño… Pero si ni siquiera llegas a ese punto base de cuestionarte tus propios actos y, lo más difícil, hacerte cargo de ellos, da igual cómo lo llames. No estarás reinsertado”, razona Pinilla.

 

Expresar mi más profundo arrepentimiento y pedir perdón

 

Pinilla dice ser hoy en día una persona “más responsable y más consciente” de lo que era en la época que cometió el crimen. Aunque sabe que ya no es posible pedirle perdón a María Rosario Endrinal, sí considera “importante” expresar a la familia de la víctima su “más profundo arrepentimiento”. Él cree que “probablemente, no sirva absolutamente de nada pedir perdón”, pero en estos momentos “es todo lo que puedo ofrecer”.

 

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