Un cabo que propinó un puñetazo a un sargento en un partido de fútbol, acusado de delito contra un superior

Fachada principal del Tribunal Supremo.

Fachada principal del Tribunal Supremo.

El Tribunal Supremo ha validado que la Justicia Militar acuse de insulto a superior, un delito de insubordinación penado con cárcel en el Código Penal Militar, a un cabo que, dentro de un tumulto provocado por un partido de fútbol, propinó un puñetazo a un sargento.

El cabo argumentó ante el Supremo, por un lado, que puesto que se trataba de un partido de fútbol, no se le juzgara dentro del Código Penal Militar, mucho más severo; y, en todo caso, defendía que no sabía que se trataba de un sargento sino, simplemente, del portero del equipo rival.

Pero el Supremo no ha atendido a sus razones y, sin entrar a valorar si conocía o no al sargento (pues esa será materia del procedimiento en el que se juzgará si se trata de una mera agresión o de un delito de insubordinación), considera que, puesto que el partido fue entre militares y tuvo lugar dentro de una base militar, el delito debe ser juzgado de acuerdo a las leyes castrenses.

Los hechos por los que será juzgado el cabo, y que podrían suponerle el ingreso en prisión al menos por unos meses e, incluso, por más tiempo, ocurrieron en el Pabellón de Ingenieros de una base militar en la provincia de Burgos.

“Finalizado el partido, que había sido tenso, pero sin circunstancias reseñables más allá de las propiamente deportivas, el portero del equipo del RING n° 1, el sargento agredido, recibió un balonazo por la espalda”, dice la sentencia.

“Entendiendo que había sido voluntario, se da la vuelta y se dirige a pedir explicaciones por el hecho a la persona que cree autor, sin más consideraciones que hayan podido acreditarse”, sigue.

“Se organiza un tumulto en el que se enfrentan los jugadores contendientes y, de repente, el Cabo se abalanza sobre el Sargento y le golpea, propinándole un puñetazo con la mano derecha que impacta en el pómulo izquierdo del suboficial; con posterioridad, casi inmediata, recibe, reiteradamente, disculpas del agresor”, añade.

El sargento sufrió “una contusión en la cara que se iba inflamando”, pese a lo cual continuó jugado el siguiente encuentro y, posteriormente, recibió atención facultativa.

“No precisó baja médica por estas circunstancias, aunque, sin embargo, los hechos le han traído consecuencias psicológicas, por las que fue atendido por su médico de cabecera, que le diagnosticó síndrome de ansiedad depresivo postraumático, habiendo estado de baja médica para el servicio durante, aproximadamente una semana”, relata también la sentencia.

El cabo adujo, en su defensa, que una vez desatado el tumulto se puso “a bracear, sin intención de agredir a nadie, pero que impactó en algo” que resultó ser la cara del sargento.