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Sábado, 3 de diciembre de 2016

Rezos, llanto y abrazos por 6 meses de ausencia


Manta-Portoviejo

Luis Quijije no niega que a más de su alma, su cuerpo tembló al ingresar a la zona cero de Tarqui, en Manta, el pasado domingo. Fue a una zona expedita, al mismo lugar donde se desplomó el centro comercial Felipe Navarrete el pasado 16 de abril y cobró 99 vidas.

La mayoría de fallecidos laboraban o compraban ese día en el local Todo Papelería, de ese centro. Ahí trabajaba Hilda Flores, esposa de Luis. Por ella y por las otras 98 víctimas que el terremoto de magnitud 7,8 dejó en ese lugar, la noche del domingo se ofició una misa campal por los seis meses de aquel trágico suceso que golpeó a Manabí y parte de Esmeraldas.

“Es algo duro porque en la mañana (del pasado domingo) me tocó trabajar logística; la conmoción fue fuerte, estar aquí, vivir lo que viví aquí adentro, de ayudar al reconocimiento de cuerpos, fue algo duro volver a este sitio”, señala Quijije.

Los rostros de las víctimas de ese devastador sismo estaban impresas en camisetas y en carteles, también los deudos los llevaron en sus almas, en sus lágrimas y en los recuerdos.

Los parientes llevan vivo el dolor, tienen fe, amor y no se recuperan aún emocionalmente. Aseguran que sus fallecidos forman parte de su caminar, de sus días y de sus sueños.

Betty Cedeño dice que su nieta de 4 años y 9 meses se parece mucho a ella, hasta en las uñas. La madre de su nieta, María Rojas, llevaba dos días de haber sido contratada en Todo Papelería. Y pereció allí.

Cedeño dice que su nieta cree que el cielo es otra ciudad y le pide que la lleve para ver a su madre y así ella no llore.

“Rotundamente el cambio fue radical, esto es como estar muerto en vida. Hay que vivir con el dolor por dentro y saber que hay personas que están esperando más de ti y que de una u otra manera tu familia gira alrededor de ti y eso te hace llenar de un compromiso, aunque a veces ya no tengas ganas de vivir”, reflexiona la abuela.

Escucharlos es también llorar con ellos, con la gente que le daba vida y bullicio a Tarqui. José Luis Acosta no puede olvidar a su esposa, Vanny Mero; dice que no se han recuperado emocionalmente, más aún él que ahora también hace de madre de sus dos hijos.

“Yo creo que ella se fue de viaje, seguirá lejos, de viaje hasta cuando Dios, si me lo permite, pueda estar con ella”, dice.

En cambio, Barbarita Macías llevaba sentimientos encontrados. Ella, quien tenía 12 años laborando en la empresa Todo Papelería, pudo sobrevivir pese a que montañas de cemento se le cayeron encima.

Lo lamentable es que en el instante que el terremoto de 7,8 en la escala de Richter removía la tierra manabita, su madre, su hermano, la esposa de este (que estaba embarazada de 7 meses), la suegra y dos cuñadas de su hermano fallecieron.

Al inicio, afirma Macías, se preguntó por qué sobrevivió él, pero ahora dice que Dios le dio una nueva oportunidad.

Las fotos pegadas a un altar y las flores hablaban por los que no podían hablar. A esa misma hora, en Portoviejo y en otras ciudades manabitas también se celebraron misas. En la capital provincial, estuvieron Lorenzo Voltollini, arzobispo de Portoviejo, el prefecto Mariano Zambrano, y el alcalde de esa ciudad, Agustín Casanova. (I)

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