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A la hora de invertir cuidado con las promesas: hay que fijarse en el flujo de caja operativo

A pesar de los múltiples estilos de inversión existente, podríamos resumir en dos modelos: o estamos invirtiendo en empresas que ya están demostrando un buen funcionamiento a través de sus fundamentales y son rentables, o bien en empresas con un histórico dudoso y lo único que pueden ofrecer es una promesa de rentabilidad, es decir, puras expectativas desvinculadas de sus resultados.

De todos los indicadores existentes para representar la realidad de una empresa, hay uno que debe prestar toda nuestra atención en el momento de analizar una empresa, un histórico de flujo de caja operativo positivo.

En primer lugar, debemos definir el flujo de efectivo operativo. Lo encontramos en el Estado de Flujos de Efectivo, que nos informa de las variaciones en el efectivo frente a sus contrapartes estáticas: el estado de resultados, el balance general y el estado de patrimonio de los accionistas. 

Específicamente, se toma el resultado del ejercicio antes de impuestos y se procede a efectuar los ajustes para reflejar los cambios en el activo corriente en el balance general (cuentas por cobrar, cuentas por pagar, inventarios), la sección de flujo de efectivo operativo muestra cómo se generó el efectivo durante el período.

Su resultado, de ser positivo, lo que nos dice por el desarrollo de su actividad la empresa genera efectivo. Si es positivo a lo largo de los años se trata de una empresa cuya actividad es rentable, estaremos invirtiendo basándonos en unos fundamentales.

De lo contrario, un flujo de caja operativo negativo nos diría que la propia actividad está "quemando" dinero. Si los flujos negativos son reiterados en el tiempo, su traducción es que se necesita una reestructución de su actividad y, mientras tanto, la empresa está sobreviviendo con incrementos de deuda o capital para evitar la quiebra. Aquí dejamos de invertir en fundamentales en una realidad precedente, lo depositamos todo en expectativas, en que algo cambie.

Si somos inversores en acciones, es importante conocer la empresa. Si vemos que una cotización se incrementa intensamente a lo largo de los años, debemos despejar la duda si se trata de una respuesta a la realidad de la empresa o grandes expectativas de flujos que se están descontando. El flujo de caja operativo nos ofrece la respuesta a este planteamiento.

La importancia del flujo de caja operativo

El problema que solemos encontrar en las cuentas de resultados es que puede manipularse mediante tácticas contables y demás, pero el flujo de efectivo no puede hacerlo: El efectivo que entra frente al efectivo que sale.

Si somos inversores de dividendos, necesitaremos un flujo de caja operativo fuerte para que la empresa haga frente a la retribución a los accionistas. De lo contrario o estamos pagando nosotros mismos (ampliación de capital), cargando de obligaciones a la empresa vía deuda o vendiendo activos.

Si una empresa tiene un fuerte flujo de efectivo o un gran beneficio al final del año, es probable que continúe aumentando sus pagos de dividendos. Por lo tanto, cuando se invierte en una empresa que paga dividendos, debemos asegurarnos de que la empresa tenga un sólido historial de flujos operativos positivos.

Otro de los elementos clave es financiar el crecimiento de la empresa, si queremos evitar la dependencia a las fuentes de financiación, necesitaremos que sea la propia actividad quién esté apoyando el desarrollo del negocio.

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