Capitalismo y consumismo: relación inversa a pesar de lo que se suele pensar

Fruto de una corrupción semántica prolongada durante los últimos años, muchos entienden que el sistema capitalista se basa en modelos de sociedades puramente consumistas, en el que la prioridad para sus agentes económicos no es otra que consumir.

Si utilizamos el término sociedades consumistas tendemos a pensar en Estados Unidos o en muchos países occidentales. Y no es para menos, en el calendario anual vemos una diversas fechas señaladas vinculadas a la adquisición masiva de bienes de consumo, siendo las más importante, por estacionalidad en las ventas, las navidades.

El error extendido es que se tiende a hacer referencia al consumismo o sociedades consumistas por el valor de bienes de consumo en términos absolutos, cuando lo lógico sería valorar en términos relativos, es decir, como porcentaje de la renta.

Sociedades consumistas y el proceso capitalista

Si pensamos en el factor consumo, como elevado porcentaje de la renta, las sociedades consumistas son aquellas verdaderamente pobres en que prácticamente toda su renta se destina a sobrevivir, con la adquisición de bienes de consumo de baja calidad o que no satisfacen plenamente sus necesidades.

Para ser más preciso, el consumo de las sociedades pobres tiende a focalizarse, en primera instancia, en los denominados bienes inferiores, es decir, aquellos que los consumidores adquieren en menor medida, mientras que la renta se incrementa porque existen mejores alternativas de consumo.

El proceso para salir de la pobreza no es otra que el ahorr8, lo que supone reducir parcialmente el importe del consumo inmediato (volverse menos consumista), un sacrificio en el corto plazo con un objetivo final, la producción de bienes de capital que le permitan ser más eficiente en sus tareas productivas.

Imaginemos un supuesto de pobreza radical, que alguien se alimentara únicamente de patatas (bien inferior), y que su producción fuera igual a consumo, es decir el consumo representa el 100% de su renta. Entonces, decide que para salir de esa espiral de pobreza debería, en primer lugar, ser más eficiente en la producción de patatas fabricando una azada (bien de capital).

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Lo primero que hace es sacrificarse y reducir el consumo de patatas, por lo tanto estará ahorrando, hasta generar un stock suficiente que, según sus previsiones, le permita producir esa herramienta durante un tiempo determinado sin destinar su tiempo de la producción de las patatas.

Focalizado su tiempo en la producción de una azada (y consumiendo las patatas ahorradas para su subsistencia) consigue ese objetivo. Ahora su situación ha variado ligeramente… Con el mismo tiempo puede producir más cantidad de patatas. Con ese ahorro de tiempo, fruto del incremento de la productividad, pudiera destinarlo a la mejora de su vivienda, generando así una dinámica capitalista que le aporte una mejora de sus niveles de bienestar.

El capitalismo en Estados Unidos

El ejemplo teórico anterior se puede traducir con los datos que aporta Human Progress. Estados Unidos, en el año 1929, destinaba, como porcentaje de la renta, el 20,29% de los ingresos totales para el gasto en alimentos.

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Por en contrario, si nos fijamos a día de hoy, el porcentaje de la renta destinado al gasto en alimentos es del 5,48% para el estadounidense medio, una diferencia cercana a 15 puntos porcentuales en el periodo comparado.

Durante todos estos años, Estados Unidos ha efectuado un proceso de ahorro que ha financiado la producción de bienes de capital que le han llevado a establecer un gran incremento en sus niveles de productividad. En el caso de los alimentos, hemos visto un proceso de revolución agrícola con maquinaria especializada, fertilizantes, pesticidas y demás que ha repercutido en una mayor eficiencia en el cultivo y la cosecha.

Con ello se consiguió que entre 1961 y 2014, la producción mundial de cereales ha aumentado un 280%. Si comparamos este aumento con el de la población total -136% durante el mismo período-, vemos que la producción mundial de cereales ha crecido a un ritmo mucho más rápido que la población. La producción de cereales por persona ha aumentado a pesar del crecimiento demográfico.

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Consecuencias globales de la acumulación de bienes de capital

En el periodo comprendido entre 1960 y 2015, la población mundial se incrementó un 142%, desde los 3.035 millones hasta los 7.350 millones de personas. Al mismo tiempo, la renta media per cápita ajustado por la inflación aumentó un 177%, pasando de 3.680 dólares a 10.194 dólares.

Se suponía que eso no debía haber pasado, según la Teoría Malthusiana, el crecimiento de la población debía ser un presagio de pobreza y hambruna. Sin embargo, los seres humanos, a diferencia de otros animales, innovan para salir de la escasez aumentando la oferta de recursos naturales.

La humanidad produjo más producción económica en los últimos dos siglos que en todos los siglos anteriores juntos. Y esta explosión de riqueza-creación llevó a una disminución masiva en la tasa de pobreza.

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En 1820, más del 90% de la población mundial vivía con menos de 2 dólares diarios y más del 80% vivía con menos de 1 dólar diario (ajustado por la inflación y las diferencias de poder adquisitivo). Para 2015, menos del 10% de las personas vivían con menos de 1,90 dólares diarios, la definición oficial actual del Banco Mundial de extrema pobreza.

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