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Cómo cambio el mundo la última vez que hubo una subida brutal del precio del petróleo (como algunos esperan ahora)

El petróleo. La materia prima por excelencia cuya producción, oferta y demanda mueve el mundo. Es la fuente de energía más usada y es vital para todos los países del mundo, aunque cada vez las energías renovables le van ganando más terreno.

Pero a día de hoy sigue siendo la materia prima por excelencia, y el cambio de sus precios es clave para la economía de los países que dependen de él, como es el caso del nuestro. Una fuerte subida de los precios del petróleo podría poner en jaque la recuperación en la que estamos inmersos tras la crisis del COVID. Y es algo que podría suceder.

Porque en los últimos meses el precio del crudo no ha dejado de subir, a la par que la OPEP (la Organización de Países Exportadores de Petróleo, es decir, los productores) recortaba la producción mientras que la demanda aumentaba. Si bien recientemente han acordado aumentar la producción para aprovechar la ola favorable que se ha generado de nuevo (la demanda está volviendo a subir después de meses de caídas) y la subida de precios, por supuesto.

Por lo tanto, tenemos un contexto petrolero de incertidumbre que hace que a muchos se les venga a la mente lo que sucedió en 1973, un año negro para la economía española. Ese año el precio del crudo se disparó, poniendo en jaque la economía de nuestro país.

1973, el año que lo cambió todo

¿Qué fue lo que ocurrió en 1973 para que la economía española sufriera ese retroceso? Pues todo empezó a causa de una guerra, la del Yom Kippur -del 6 de agosto de 1973 al 24 de agosto-, cuando una coalición de países árabes decidió atacar Israel aprovechando su sagrada festividad, algo que les salió mal pues Israel contó con el apoyo militar de Estados Unidos para acabar con las fuerzas árabes.

Pero, la cosa no quedaría ahí. Porque como respuesta, los estados miembros de la OPEP, entre los que están Irak, Arabia Saudí e Irán, empezaron otra guerra, la del petróleo, subiendo los precios hasta tal punto que si a finales de 1973 costaba 3,39 dólares el barril, en 1974 ya superaba los 11 dólares.

El problema es que esto no solo castigó a Estados Unidos, sino al mundo entero. Y entre los más afectados, España. ¿Por qué? Porque era muy dependiente del petróleo. Su consumo energético dependía al 70% del crudo. Pero este no era el único problema. Ya en el final del franquismo la economía venía muy diezmada por el sistema autárquico que nos había cerrado al mundo. Aunque se estaba llevando a cabo una política aperturista desde los 60, la economía arrastraba problemas, como una inflación que financió operaciones especulativas que daban un rápido retorno pero que a medio plazo eran deficitarias (pan para hoy y hambre para mañana).

Además, había un importante desempleo porque solo se potenció la zona noroeste (Madrid, Bilbao, Barcelona y Valencia) y solo se desarrollaron esos núcleos urbanos, haciendo que buena parte de la población de otros lugares tuviera que emigrar a otros países de Europa para buscarse la vida.

Cuando empezaron a escalar los precios del petróleo, el gobierno franquista decidió asumirlos casi en su totalidad y solo repercutió en el ciudadano un 20%, pero dejando de ingresar un 35%. Pero aunque en los españoles no tuvo mucho impacto, sí en el resto de Europa, diezmando el turismo, que ya era por entonces una gran fuente de crecimiento e ingresos.

Así, España siguió creciendo como un gigante con pies de barro, pues acumulaba una deuda exterior de 4.000 millones de dólares, a los que hay que añadir esos problemas estructurales de empleo que a día de hoy seguimos arrastrando. Por lo que cuando empezó la democracia, lo que se encontraron los nuevos gobernantes no fue una boyante economía, sino un problema de base.

La solución: que pague el consumidor

La crisis económica que estalló con la subida del precio del petróleo no se contuvo en España hasta los 80, cuando la democracia pudo asentarse y el trabajo de ese primer gobierno dar sus frutos.

En 1977 se alcanzaron los Pactos de la Moncloa, en los que se incluyó una reforma financiera y fiscal del sistema económico español, con el objetivo de controlar la inflación y el déficit público. Así, cuando el precio del crudo volvió a subir en los 80, el Estado no lo asumió, sino que lo repercutió al consumidor, de modo que se pudo alcanzar un crecimiento sostenido en los próximos años sin condenar al erario público.

En cualquier caso, esta crisis del 73 solo hace que mostrar las costuras del sistema económico español. En 2008 con el crash financiero sucedió más de lo mismo, y es que mientras que España sea una economía sujeta al sector servicios sin una producción industrial fuerte ni una industria exportadora con músculo, seguirá expuesta a los ciclos económicos y a decisiones internacionales.

Además, el sistema financiero y fiscal también requiere una profunda reforma, además que las pensiones siguen sin solución a largo plazo. Solo queda esperar que los fondos europeos se repartan y se inviertan de tal forma que la crisis del COVID sirva para impulsar nuestra maltrecha economía.

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