Dime cómo ligas y te diré como gestionas los fondos

Antes de continuar con la explicación del término gestión activa/pasiva, es importante tener en cuenta que todos los fondos poseen un benchmark, o índice de referencia. A través de ellos es posible comparar y medir, con respecto a un valor previo, la evolución de una determinada inversión. Pero eso sí, los objetivos del fondo frente al índice pueden ser distintos y, tras ellos, se encuentran la gestión pasiva y la gestión activa.

Se define gestión pasiva como el estilo de inversión en el que la cartera replica el comportamiento de un determinado índice de referencia. En ella, el gestor no ha de tomar ninguna decisión, sino que simplemente ha de realizar una copia del índice. Así pues, los resultados obtenidos sobre el fondo serán parecidos a los del índice de réplica.

Por otro lado se encuentra la gestión activa, la cual radica en la libertad de los gestores para invertir solo en los activos, compañías o países que consideren más interesantes, independientemente de si estos se encuentran o no en el índice de referencia. De este modo la evolución de la inversión puede ser muy diferente de la del índice, dependiendo en parte del grado de libertad que tenga el gestor en función de la política de inversión del fondo.

Ambas opciones son totalmente válidas en la práctica, pero la elección de una sobre otra vendrá determinada por distintos factores, como el momento en el que se encuentre el mercado o los objetivos que se quieren conseguir.

A largo plazo, hay estudios estadísticos que demuestran que la gestión pasiva suele ofrecer rentabilidades superiores. Pero, sin embargo, la gestión activa puede ayudarnos a conseguir rentabilidad en el caso de que los índices estén cayendo. Por ello, la combinación de ambas puede ser nuestra aliada a la hora de obtener buenos resultados.

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