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El Supremo dice los ‘riders’ son falsos autónomos, ¿es el fin de la economía colaborativa?

El Tribunal Supremo ha aclarado la controversia que había entre distintas sentencias de rango inferior. Ha declarado que la relación que existe entre los ‘riders’ y Glovo es laboral, no mercantil, y por tanto eran falsos autónomos.

Glovo argumentaba que ellos son una plataforma que pone en contacto a usuarios y ‘riders’, pero el Tribunal ha determinado que no, que en realidad es Glovo quien presta el servicio y por tanto sus ‘riders’ son empleados que no cuentan con ninguna infraestructura propia sino que se sirven de la de Glovo para prestar el servicio.

¿Por qué Glovo eligió este modelo?

Esta polémica lleva presente desde la creación de este tipo de plataformas. Empresas que quieren ser simples intermediarios pero que realmente no son capaces de asegurar la calidad de servicio que necesitan sin inmiscuirse muy profundamente en cómo tiene que comportarse el repartidor. Y por tanto eso es ya una relación laboral, no es Glovo contatando micro-empresas de reparto.

Por tanto la economía colaborativa, en la que una empresa que presta un servicio pero no quiere (o no puede) pagar los salarios de la gente que necesita está claramente en entredicho. Y no solo hablamos de Glovo o Delivero, también Amazon usa autónomos para el reparto en la última milla, por poner algún ejemplo.

Y no nos olvidemos también de que hay sentencias similares esta bastante antiguas y en otros sectores. En general, cuando un sector tiene que ser competitivo en precio aparecen este tipo de chanchullos.

El problema es que el contrato laboral tiene unos costes que el mercantil no tiene. Por ejemplo en un contrato laboral hay que tener el cuenta unos derechos del trabajador que en un mercantil no existe. Hay que tener en cuenta costes de Seguridad Social. Y salario mínimo. Hay que tener un plan de riesgos laborales. Y hay que provisionar costes de despido.

¿Es el fin de la economía colaborativa?

Es complicado de saber. Lo primero es que todas estas empresas están pidiendo una nueva figura que sea algo intermedio entre el contrato laboral y el mercantil, algo así como un autónomo en exclusiva. Voy a hacer un spoiler: no lo van a conseguir.

Si empresas mucho más grandes llevan tirando de falsos autónomos y subcontratación décadas sin lograr cambios en el mercado laboral, Glovo y Delivero no lo van a lograr. Y menos con un Gobierno como el actual, muy dado a los gestos, y este sería percibido de forma muy negativa por sus votantes.

Si este tipo de empresas de reparto quieren seguir operando tendrán que contratar a empleados. Y los precios subirán, no queda otra. Y esto puede tener dos posibles salidas: la primera es que al consumidor no le interese y deje de usar los servicios; la otra, que se acostumbre a pagar más.

Pagar más, a la orden del día

Llevamos muchos años pagando realmente poco por ciertos productos y servicios que, siguiendo la legalidad, deberían costar más. Por un lado la deslocalización de la producción a países con costes laborales más bajos ha hecho que muchos bienes sean mucho más baratos de lo que deberían haber sido si no hubiera habido esta desbandada.

Por otro, ciertos servicios se han prestado sin contar con las garantías de un contrato de trabajo normal. No estoy hablando solo de las entregas a domicilio, cualquier técnico que nos visita en el hogar (instalaciones, reparaciones, revisiones) seguramente sea un autónomo contratado por una empresa más grande en un régimen similar a lo que Glovo estaba haciendo.

Al final lo que tenemos es que los costes laborales son altos, y los resquicios legales que hay permiten reducirlos a costa de los derechos de los trabajadores.

Tiene pinta de que esto va a cambiar. La globalización ya no está de moda y estamos viendo como la producción va a volver a occidente. Y también tiene pinta de que cada vez se va a investigar más el tema de los falsos autónomos, debido a que los ingresos fiscales y de Seguridad Social caen y las inspecciones van a ser más frecuentes. El problema de estas dos tendencias que quizá algunos negocios sean inviables en el futuro y los consumidores perdamos opciones.