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Evergrande, símbolo de los excesos del mercado chino

En medio de la travesía de China en busca de la ansiada estabilidad económica, el caso de Evergrande se alza como un poderoso recordatorio de los riesgos que acechan a los imperios empresariales, especialmente aquellos construidos sobre cimientos endeudados. La reciente orden de liquidación de China Evergrande Group, emitida por un tribunal en Hong Kong, ha trascendido más allá del colapso de esta poderosa entidad. Este acontecimiento ha desencadenado un terremoto en el mercado inmobiliario, pilar fundamental para el crecimiento del país que ahora representa una amenaza para su delicada situación financiera.

El destino del coloso y de la vasta cartera de inmuebles y obligaciones de su empresa matriz se ha convertido en una prueba clave de la capacidad de Hong Kong para hacer valer su jurisdicción en China continental y cobrar a los inversores extranjeros, así como para vislumbrar el apoyo de Pekín a los compradores de viviendas agraviados o su disposición a dejar que las grandes empresas se vayan al garete.

Fundado en 1966 por Hu Jiayin y en su día el mayor promotor inmobiliario de China, Evergrande tiene su sede en Hong Kong, pero el 90% de sus activos -incluidos más de 1.300 proyectos de viviendas en 280 ciudades- están en China continental, donde el tribunal de la ex colonia británica no tiene jurisdicción. En el pasado, los juzgados hongkoneses han dictado órdenes de liquidación de empresas chinas, y los procedimientos transfronterizos han supuesto un reto para muchas de ellas.

¿Se ejecutará la orden de liquidación en China?

Este proceso se anticipa como un desafío complejo y arduo, tanto desde una perspectiva legal como en términos de ingeniería financiera. En caso de que los tribunales chinos reconozcan la sentencia emitida en Hong Kong, esto podría sentar un precedente para otros promotores inmobiliarios con dificultades financieras en el país, generando un impacto significativo en el sector.

“Creo que no va a haber una liquidación en China. Si las promotoras no logran tener un control efectivo de todos sus activos y se produce un proceso de liquidación, es probable que no puedan cumplir con sus obligaciones financieras, lo que resultaría en incumplimientos del pago de la deuda o defaults”, explicó a la Razón Alicia García Hererro, economista jefe para Asia-Pacífico del banco de inversión francés Natixis en Hong Kong.

En opinión de la economista, “esto tiene consecuencias, sobre todo en la imagen de un país de ese tamaño, que no ha pagado y ni siquiera reestructura, y que no deja acceder a los activos de las empresas liquidadas en su territorio. Esto pasa en Brasil, pero China no es Brasil. Además, supone un problema incluso para los ratings internacionales de las empresas del país asiático”, aseguró.

China creó en 2021 un plan piloto en virtud del cual los tribunales de Shanghái, Xiamen y Shenzhen pueden reconocer los procedimientos de insolvencia ordenados por Hong Kong. Sin embargo, como Evergrande tiene su sede en Guangzhou y muchos de sus activos, valorados en 240.000 millones de dólares, están repartidos por el país, el liquidador tendrá que acudir a los tribunales de cada ciudad en la que estén radicadas sus filiales para tratar de hacerse con el control.

Para Pekín, una incertidumbre aún mayor es su objetivo de garantizar la entrega de unos 20 millones de viviendas inacabadas en todo el país, incluidas las prevendidas por la acosada Evergrande a más de 5 millones de compradores chinos.

Tras la orden de liquidación del lunes, el consejero delegado de la empresa, Shawn Siu, prometió que los «proyectos de construcción inacabados se completarán», según el medio financiero chino 21st Century Business Herald. Además, declaró que la sentencia de liquidación sólo afectará a la unidad del grupo que cotiza en Hong Kong y que no tendrá ningún impacto en las nacionales y extranjeras del grupo, ya que son «entidades legales independientes”.

El viceprimer ministro chino, He Lifeng, también se refirió al vacilante sector inmobiliario local, afirmando que «se deben realizar esfuerzos para establecer un mecanismo de coordinación de la financiación de proyectos de vivienda urbana y promover la ejecución de proyectos de financiación específicos», informó el medio estatal China Daily.

Normativa reguladora que desató la tormenta

La situación actual del conglomerado marca un punto de inflexión y un nuevo capítulo en la turbulenta saga económica china. Desde 2020, los esfuerzos del régimen comunista por frenar la especulación y el excesivo endeudamiento de los promotores han resultado contraproducentes, sumiendo a este sector en un caos y amenazando tanto a su propia economía como a la global. Hace más de tres años que se promulgaron las llamadas «tres líneas rojas», que obligaban a los constructores a mantener su pasivo (deuda) por debajo del 70% de sus activos, a mantener una ratio deuda-capital inferior al 100% y a disponer de una ratio efectivo/deuda a corto plazo de al menos el 100%.

La restricción de la liquidez iniciada por el líder supremo, Xi Jinping, ha provocado impagos y la mayoría de ellos de deuda extraterritorial. De los 50 promotores con más bonos denominados en dólares emitidos en Hong Kong, dos tercios han dejado de pagar los intereses. En consecuencia, el valor de mercado de esos bonos se ha evaporado en gran medida, perdiendo casi el 90% de su valor en los dos últimos años.

Y eso que, en su punto álgido, el mercado inmobiliario contribuyó a casi el 30% del PIB chino, una cifra asombrosa que ejemplifica tanto su importancia como su potencial de inestabilidad.

Del poder económico a la debacle financiera

Evergrande arrastraba un pasivo que superaba los 300.000 millones de dólares (unos de 304 millones de euros), convirtiéndose así en el promotor inmobiliario más endeudado del mundo, un galardón poco honroso que subraya el riesgo sistémico que plantea su posible colapso. Asimismo, la respuesta al impago de su deuda extraterritorial (offshore) en 2021 -la negativa del Partido Comunista Chino (PCCh) a rescatar a este monstruo- dio pie a cientos de litigios y a una coyuntura de máxima incertidumbre en el sector.

El titan inmobiliario trabajó en una serie de propuestas de reestructuración que se vinieron abajo después de que el gobierno chino dictaminara que no podía emitir nueva deuda, ya que su emblemática unidad onshore y su presidente estaban siendo investigados por supuestos «delitos» no especificados.

Al parecer, la última ronda de negociaciones con sus principales acreedores finalizó en ruptura, por lo que decidieron apoyar la petición de liquidación presentada a mediados de 2022 por un inversor local, por el impago de 110 millones de dólares en concepto de compra de acciones.

Ahora, los acreedores extraterritoriales esperan que el liquidador de la compañía, Alvarez & Marsal, proponga un nuevo plan de reestructuración de su deuda extraterritorial y sólo proceda a liquidar si no se llega a un acuerdo.

Medidas de estímulo

El gigante asiático tiene que equilibrar la necesidad de desapalancar el mercado de la vivienda, evitando al mismo tiempo una catástrofe financiera mientras trata de encontrar la forma de terminar millones de viviendas prevendidas.

De hecho, ha estado estudiando medidas para impulsar el sector. El pasado sábado, la ciudad meridional de Guangzhou anunció que iba a relajar las restricciones para permitir a los compradores de viviendas adquirir tantas como quisieran, siempre que las propiedades sean mayores de 120 metros cuadrados.

Según los medios de comunicación chinos, es probable que otras megaciudades como Pekín, Shenzhen y Shanghái sigan su ejemplo para ayudar a acelerar la venta de propiedades y reducir el inventario. Decenas de provincias chinas ya han ofrecido tipos hipotecarios preferenciales a los compradores de primera vivienda, como otra medida para impulsar las ventas.