¿La desigualdad económica se traduce en desigualdad en mortalidad?

espe2017-longLa semana pasada asistí al congreso anual de la European Society for Population Economics (ESPE), como es mi costumbre. Las tres conferencias plenarias fueron muy interesantes (un poco menos la cuarta, sobre cluster analysis y whisky). Hoy quería compartir con nuestros lectores lo que nos contó Janet Currie, sobre la evolución reciente de la desigualdad en esperanza de vida y mortalidad (con datos de EEUU; otro día con algo más de tiempo intentaré presentar los datos españoles).

La historia empieza con la atención mediática prestada recientemente a varios estudios que muestran un aumento en la desigualdad en esperanza de vida y mortalidad entre adultos (blancos) en EEUU en los últimos 20 años. Esta evolución se debe a los aumentos recientes en la mortalidad de mujeres blancas de nivel educativo bajo. Estos patrones parecen sugerir que los aumentos recientes en la desigualdad de la renta se estuvieran traduciendo en aumentos en la desigualdad en salud.

El trabajo de Currie (with Hannes Schwandt, aquí) revisa esta hipótesis en un análisis cuidadoso de las tasas de mortalidad por grupos de edad, sexo y raza entre 1990 y 2010. Para poder hablar de desigualdad, el análisis es a nivel de comarca (“county”), y las comarcas se agrupan por nivel de renta (de hecho, según su tasa de pobreza) en “cajones” que agrupan al 5% de la población, de las comarcas más ricas a las más pobres. Este análisis por edades muestra unos patrones bastante diferentes a los de los titulares.

De hecho, Currie muestra que la desigualdad en mortalidad infantil y juvenil se ha reducido mucho en este periodo (entre comarcas por nivel de renta, y entre blancos y negros). Aunque también es cierto que la desigualdad ha aumentado en algunos grupos de adultos, en particular las mujeres blancas.

La figura 1 reproduce el gráfico 3 del artículo, donde se muestran las tasas de mortalidad según la tasa de pobreza de la comarca, por grupos de edad y sexo. El primer panel presenta los datos de mortalidad infantil. Lo primero que me llama la atención es la importante reducción en la mortalidad infantil entre 1990 y 2010 para todos los niveles de renta. Es decir, incluso en años recientes, la mortalidad infantil ha venido bajando, indicando mejoras importantes en la salud de los niños, en un país tan rico. Pero además, esta caída es más pronunciada en las zonas más pobres, tanto para los niños como para las niñas (esto se ve reflejado en que la pendiente de las tres líneas se hace cada vez más plana, es decir, cada vez hay menos diferencia entre las comarcas ricas y pobres). En la presentación también desagregaba los datos por raza, mostrando que la reducción en la desigualdad se observa tanto entre los blancos como entre los negros. Es decir, la desigualdad en mortalidad infantil se ha reducido bastante desde 1990.

Figura 1. Tasas de mortalidad por grupos de comarcas ordenadas por tasa de pobreza

Figure1
El segundo panel muestra la mortalidad para edades de 5 a 19 años. Se observa una gran reducción en la desigualdad entre los niños (no tanto las niñas), cuyas tasas de mortalidad eran altas en las comarcas más pobres en 1990. Esta reducción viene sobre todo de la caída en la tasa de mortalidad de los niños negros en comarcas pobres. Por tanto, entre los jóvenes también se observa una reducción en la desigualdad.

A edades adultas, la cosa ya cambia (tercer panel). Las tasas de mortalidad de hecho no se redujeron entre las mujeres de 20 a 29 años (aunque entre los hombres sí). Y entre las mayores de 50 años, la desigualdad aumentó (la mortalidad se redujo menos en las comarcas más pobres). Este resultado es el que había recibido toda la atención mediática (ver por ejemplo aquí).

De este análisis por edades se concluye que los aumentos en la desigualdad en mortalidad entre la población adulta no cuentan la historia completa, y dan una visión más negativa de la realidad de lo que se desprende del análisis de la población más joven.

La desigualdad en el nivel de renta aumentó desde 1990 para todos los grupos (mujeres y hombres de distintas edades). Sin embargo, la desigualdad en niveles de salud sólo aumentó para los mayores, y de hecho bajó para los niños y jóvenes. Dado que la salud en la infancia es persistente y afecta a la salud en la edad adulta, estos datos sugieren mejoras futuras en la esperanza de vida adulta (entre los jóvenes actuales, conforme se vayan haciendo mayores).

¿A qué se pueden atribuir estos patrones? ¿Quizá hay políticas públicas que han sido las responsables de las mejoras en la mortalidad infantil? Algunas explicaciones podrían ser las extensiones en la cobertura del seguro público de salud (Medicaid), las mejoras en la generosidad de los créditos fiscales a las familias (el EITC), y también las reducciones en la tasa de tabaquismo en la población (o incluso posibles mejoras en los niveles de polución). Otros estudios de hecho han demostrado que las mejoras en la cobertura de Medicaid en la población infantil tuvieron efectos positivos a largo plazo sobre la salud de los niños afectados.

Con respecto al tabaquismo, la figura 2 muestra que el porcentaje de fumadores cayó entre hombres y mujeres jóvenes, pobres y ricos, y entre hombres mayores de todos los niveles de renta, y mujeres mayores de renta alta. Sin embargo, el tabaquismo aumentó considerablemente entre las mujeres mayores de nivel de renta bajo. Estos datos casan casi sorprendentemente bien con el aumento en la mortalidad de este mismo grupo poblacional.

Figura 2. Porcentaje de fumadores por edad, sexo y pobreza

Figure2

En conjunto, no parece que el aumento en la desigualdad de la renta tenga que traducirse necesariamente en más desigualdad en salud. La desigualdad económica aumentó para todas las edades, pero la desigualdad en salud no aumentó para los jóvenes. Es posible que las políticas públicas puedan explicar al menos en parte estas mejores (en particular, los aumentos en la cobertura sanitaria pública de los niños de familias más desfavorecidas). Los datos, por tanto, parecen sugerir que las políticas públicas pueden jugar un papel importante a la hora de mitigar las desigualdades en salud, incluso en periodos de aumento en la desigualdad de la renta.

Libertad González

Libertad González

Libertad González es profesora de Economía en la Universidad Pompeu Fabra. Doctora por la Universidad de Northwestern, trabaja en las áreas de Economía Laboral y Economía Pública, con intereses en temas relacionados con la familia: fertilidad, divorcio, oferta laboral femenina, y efectos de políticas públicas.

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