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La subida del precio de la luz no es la única medida pro-ambiente que perjudicará a las rentas bajas y medias: esto es lo que está por venir

La subida del precio de la luz en todos los horarios es la medida energética del Gobierno para incentivar el consumo en horas distintas a las de punta y así tener una curva de la demanda más plana y sostenible. Esto ha ido acompañado de una rebaja de los costes fijos de la factura que difícilmente compensarán la subida de los variables.

Esta subida beneficiará a los que logren programar sus consumos en las horas valle y a los que consigan reducir sus consumos electricidad. Es decir, es una medida que beneficiará al medio ambiente (pues los picos en la demanda se suelen cubrir con tecnologías que emiten mucho CO2 y porque si reducimos el consumo emitimos menos) pero que es bastante regresiva, ya que los más perjudicados serán los desfavorecidos: gente con menos ingresos que no puedan planificar bien sus consumos (poner la lavadora de madrugada en un chalet no es un problema, hacerlo en un piso pequeño seguramente vaya en contra de la normativa de la Comunidad), que solo tienen una propiedad (esta reforma rebaja la factura de las segundas residencia al tener un fijo más bajo) o que no puede cambiar sus electrodomésticos frecuentemente por unos más eficientes.

Y no es la única reforma que vamos a ver en los años venideros que, intentando beneficiar el medio ambiente, va a perjudicar a las rentas bajas y medias. Veremos más reformas en este sentido que son pro-medio ambiente y claramente regresivas.

Viajes más caros

En los documentos del plan de recuperación enviado por España a Bruselas se indica que habrá nuevos impuestos a los vuelos. Este será el pistoletazo de salida para gravar los viajes en avión, una industria con muchas emisiones de CO2.

Y esta puede no ser la única medida. En Francia se han prohibido todos los vuelos nacionales que se puedan hacer en menos de dos horas y media en tren. Si se aplicara esta medida en España rutas como Madrid-Barcelona (la de mayor tráfico aéreo) estarían prohibidas y las alternativas exclusivas serían tren o carretera.

La clara alternativa a volar es usar el tren, que ahora mismo tiene unos precios excesivamente altos para rentas bajas, siendo en muchos casos mucho más caros que los vuelos. Está por ver el impacto que la competencia en el mercado de tren puede tener en los precios.

Lo que está claro es que las medidas pro-medio ambiente terminarán con la época dorada de viajar, donde todas las clases sociales se podían permitir (dentro de sus posibilidades) hacer viajes a destinos relativamente lejanos. El turismo para las clases bajas y medias será de menor alcance.

Desplazamientos

En el plan de recuperación también se indica una subida de los impuestos a los carburantes. Aparte, existe un plan para que los coches antiguos no puedan entrar en el centro de las grandes ciudades y que los motores de carburantes fósiles sean cosa del pasado en dos décadas.

Además las autovías serán de pago, para quién más use el vehículo pague más por el mantenimiento de las mismas. Esto sin contar que la renovación de los vehículos antiguos por los modernos eléctricos, aparte del coste asociado, dará ventajas a quien tenga garaje para recargarlo, a unos precios muy inferiores que los de las estaciones de carga. No hay que olvidar que unos 2/3 de los vehículos de España duermen en la calle.

Todas estas medidas empujan a las rentas más bajas al transporte público, que efectivamente es más sostenible, pero que impide, por ejemplo, acceder a mejores trabajos más lejos del hogar o que los hijos de estas clases puedan permitirse ir a mejores colegios que no sean el más cercano a casa.

Alimentación

Otra medida pro-medio ambiente que afectará a las clases más desfavorecidas será el encarecimiento de los alimentos. Por un lado está que las nuevas medidas anti-desplazamientos harán que el transporte de los alimentos sea más caro y por tanto su precio final en los supermercados. Pero por otro lado seguramente veamos medidas anti-carne próximamente.

Las rentas bajas no van a poder seguir con su estilo de vida debido a las medidas pro-medio ambiente

Igual que hemos visto un impuesto especial a las bebidas azucaradas (por motivos de salud, no de medio ambiente) en el futuro puede que veamos impuestos especiales a la carne, ya que la ganadería es especialmente contaminante (aunque tiene sus detractores). De hecho en el documento España 2050 presentado por el Gobierno hace unas semanas ya se apuntaba a un menor consumo de carne en el futuro.

Las clases bajas no podrán permitirse comer tanta carne como ahora. Esto, aparte de bueno para el medio ambiente, quizá incluso sea mejor para la salud, pues la base de la pirámide alimentaria son las verduras, frutas y legumbres. Sin embargo dudo que tenga un impacto significativo, al final la comida más barata es la ultraprocesada y esta es muy dañina. Esperemos que no haya una sustitución de carne y pescado por este tipo de comida.

Lo cierto es que las rentas bajas y medias se van a ver perjudicadas por todas estas medidas. Las rentas bajas no van a poder seguir con su estilo de vida debido a las medidas pro-medio ambiente y las rentas medias quizá sí puedan seguir igual pero con un efecto significativo en las finanzas. Las rentas más altas van a escapar, ya que el impacto de estos nuevos impuestos o precios no va a ser muy alto en sus rentas y van a poder seguir viajando en avión, desplazándose en sus coches eléctricos, programando el lavavajillas de madrugada (en una cocina que está muy lejos de los dormitorios) y comiendo carne cuando quieran.