Inicio Actualidad Económica Las corbetas para Arabia Saudí comenzarán a construirse en enero

Las corbetas para Arabia Saudí comenzarán a construirse en enero

Una vez superada la incertidumbre que rodeaba la construcción de las cinco corbetas para Arabia Saudí, los trabajadores de Navantia llevan semanas respirando tranquilos. «Ya no hay riesgo», decía hace unos días a este periódico el portavoz del comité de empresa, Javier Peralta, quien confirmaba que se «continuaba con el proceso de compra de material» y esperaban la llegada del acero. Y esta mañana, esa tranquilidad se ha hecho algo más oficial después de que el presidente de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), Vicente Fernández Guerrero, haya confirmado la entrada en vigor del contrato y que «la actividad fabril comenzará a partir de enero de 2019 en el astillero de San Fernando». Él ha sido el primero en anunciarlo en el Congreso de los Diputados, porque, acto seguido, la presidenta de Navantia, Susana de Sarriá, ha hecho lo propio durante su intervención.

Ambos han comparecido en la Comisión de Industria, Comercio y Turismo de la Cámara Baja para, principalmente, explicar la situación en la que se encontraba el contrato. Y han coincidido en afirmar que ese riesgo ha desaparecido: «Puedo ofrecer una seguridad absoluta respecto de la ejecución del contrato de las corbetas. Una seguridad que viene dada, no de meras palabras, sino de hechos concretos como que ya ha entrado en vigor», ha dicho tajante el presidente de la SEPI. «El contrato ha pasado de su fase de adjudicación y formalización a su entrada en vigor», ha apuntado, al tiempo que confirmaba que «esta semana se ha aportado por las autoridades saudíes la carta de crédito necesaria para la puesta en marcha del programa de construcción». Además, Fernández ha explicado que Navantia lleva ya varias semanas «desarrollando actuaciones logísticas» relativas a «la compra de materiales y equipos con el objetivo de iniciar la fabricación» y cumplir con la planificación en plazo».

Ese aprovisionamiento de material, principalmente planchas y perfiles de acero de alta resistencia, es el primero de los pasos, aunque lo que se considera la «primera piedra» de esta construcción naval llega con el «corte de chapa», que tendrá lugar en enero. A partir de ahí, las planchas y perfiles se van uniendo para formar diferentes partes –o módulos– del buque, denominadas «bloques», los cuales se irán montando como una especie de puzzle en la grada de los astilleros, es decir, en la «mesa de trabajo».

La primera pieza se colocará en esa grada como pronto ocho meses de después y será el bloque de la quilla. Durante los siguientes meses se irán uniendo los demás bloques hasta formar el barco. Y cada una de estas piezas tiene que llegar a la grada con todos los elementos que tiene que llevar en su interior, como cables, tubos y todo aquello que una vez soldado sería difícil de colocar. Un proceso que puede prolongarse, como mínimo, unos seis meses.

La mayor carga de trabajo la soportará el astillero gaditano, mientras que en otros como el de Cartagena se fabricarán, también como módulos, los motores de las corbetas (cada una lleva cuatro principales y cuatro grupos electrógenos independientes). Las cajas reductoras se harán en la fábrica de turbinas de Ferrol. Eso sí, si la compañía lo considera necesario, tanto en Cartagena como en Ferrol podrían hacerse alguno de los bloques principales.

Con todos los módulos unidos, el barco estaría prácticamente al 80%, pues todavía faltaría completar su interior. Sin embargo, en ese momento ya se puede proceder a la botadura de la primera unidad, que se produciría, si se cumplen los plazos sin contratiempos, a finales de 2020. A partir de ahí se completa el interior con los equipos necesarios, el armamento y otros instrumentos, y se realizan las últimas pruebas de mar. Tras esto, la entrega de la primera unidad, que, tal y como han confirmado Sarriá y Fernández, será en octubre de 2021. A partir de ahí, las cuatro restantes estarán listas con una cadencia de cuatro meses. Y de ellas, las dos últimas se terminarán en Arabia Saudí, donde se realizará la instalación, integración y prueba del sistema de combate.

Ambos han hecho hincapié en la importancia de este proyecto, «el mayor contrato de exportación de toda la historia de Navantia», que generará anualmente cerca de 6.000 empleos durante cinco años y con el que el PIB aumentará en unos «508 millones anuales». «Tendrá un efecto sobre la demanda agregada de 1.100 millones», ha explicado Sarriá.

Pero el trabajo de Navantia no concluirá con la construcción, pues la empresa será también responsable del «Apoyo al Ciclo de Vida» durante cinco años desde la entrega del primer buque, con opción a otros cinco años adicionales.

Estas cinco corbetas están basadas en el patrullero «Avante 2200», aunque adaptadas a los requisitos de la Marina de Arabia Saudí, como, por ejemplo, su capacidad para operar bajo las extremas temperaturas del Golfo. Se trata de una plataforma polivalente diseñada para misiones de vigilancia y control del tráfico marítimo, de búsqueda y rescate y asistencia a otros buques. Además, tendrán capacidad antisubmarina, antiaérea, antisuperficie y de guerra electrónica. E incluirá productos propios de Navantia como el sistema de combate «Catiz», el sistema de comunicaciones integradas «Hermesys», la dirección de tiro «Dorna», el Sistema Integrado de Control de Plataforma o el puente integrado «Minerva».