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Las luces y sombras del PIB

El crecimiento económico de España durante el último trimestre de 2023 fue más sólido de lo anticipado. Aunque el PIB se expandió un 0,6% frente a los tres meses anteriores –un dato que en aislado no resultaría ni mucho menos sobresaliente–, el hecho de que lo haya hecho en medio de una cuasi recesión en el conjunto de la Eurozona sí resulta muy meritorio.

No solo eso. Parece que nuestra economía se está reacelerando en estos instantes a tenor de los recientes datos de PMI (indicador adelantado de actividad que pone de manifiesto la profunda ralentización que sigue castigando a Francia y sobre todo Alemania, pero también el momento dulce experimentado por España). Ahora bien, este incuestionable buen dato también presenta tres sombras cuya evolución habrá que seguir con cuidado. En primer lugar, el principal motor del crecimiento está siendo el consumo público, es decir, el exorbitante crecimiento de las funciones productivas desempeñadas por el Estado. Que este aumento del consumo público –que sirve para incrementar el PIB– termine repercutiendo a largo plazo en mayor bienestar entre la población española es otro asunto que habrá que analizar más adelante (recordemos que cualquier aumento del consumo público incrementa directamente el PIB, aunque ese aumento del consumo público sea del todo inútil). En segundo lugar, otro factor clave a la hora de explicar este buen dato es el incremento de la inversión en inventarios por parte de las empresas: es decir, mercancías producidas pero todavía no vendidas.

Y siempre que la inversión en inventarios aumenta significativamente hay que plantearse si esto se debe a que las ventas han sido mucho menores de lo esperado (lo cual sería bastante negativo) o a que las empresas han producido más de lo habitual anticipando aumentos muy fuertes de la demanda en el futuro (lo cual sería bastante positivo). Y en tercer lugar, la formación bruta de capital (la inversión en estructuras y equipamiento) ha retrocedido por segundo trimestre consecutivo, lo que pone de manifiesto que las empresas españolas siguen temerosas de invertir en nuestro país. En definitiva, buen dato pero con incertidumbres en el horizonte.