Los impuestos de una supuesta “República de Cataluña” se incrementarían un 50%

Los mencionados bancos -en defensa de los más obvios intereses de sus clientes- no estarían dispuestos a invertir en una Cataluña que se separara de España sin un pacto con el Estado, por la inestabilidad de la que siempre huyen los inversores. De este modo, a la improbable república catalana sólo le quedaría recurrir a los mercados asiáticos, que si estuvieran dispuestos a financiarla sería a cambio de unos intereses insostenibles del 9-10% «como mínimo».

La trampa dialéctica que usa Junqueras cuando acude a entrevistarse, sobre todo en Nueva York, con algunos bancos de inversión de segunda fila y les presenta las cifras de una Cataluña idílica -como si la independencia fuera un mero trámite y separada fuera a gozar automáticamente de todas las ventajas de su ex pertenencia a España y sin ninguno de sus inconvenientes- estos le responden que en estas condiciones tal vez Cataluña sería una inversión interesante. Pero, a continuación, le piden que no haga público el encuentro ni la financiación, porque una cosa es que quieran quedar bien con su interlocutor y concederle en la ficción lo que tienen que negarle en la realidad, y la otra es que quieran exponerse a parecer poco serios con sus clientes apoyando aventuras que no van a parte ninguna.

Junqueras no es un gran economista, ni siquiera un economista homologable, y por ello tiende a fantasear con sus cuentas de la lechera. En cambio es un buen profesor de Historia de la Economía y hasta un gran profesor de esta materia. Y por ello, sin necesidad de que Goldman Sachs se lo diga, sabe que el escenario de unilateralidad, inestabilidad y peligrosidad en el que dicen que planean proclamar la república catalana, en conflicto abierto con España, es lo contrario de lo que los inversores serios buscan y carnaza para fondos de inversión usureros, acostumbrados a hacer negocio con la debilidad de los demás.

Tanto el anunciado referendo para el próximo primero de octubre como el rumor que circula estos días por Barcelona, en el sentido de que Junqueras tiene cerrada la financiación de la futura república, responde a la estrategia de tensión de los independentistas, que plantearán el desafío para forzar una situación victimista en que España aparezca, a los ojos de los catalanes indecisos y del resto del mundo, como el «Estado opresor» que denunció Pep Guardiola en su famoso manifiesto.

Tanto Carles Puigdemont como Junqueras saben que les será imposible celebrar un referendo que les sirva para reclamar la intervención de la comunidad internacional en favor de su causa; pero especulan con que gracias a un «error» del Estado o a una movilización callejera sostenida en el tiempo -o ambas cosas, en el mejor de los casos- Cataluña y España lleguen al colapso y al Estado no le quede más remedio que negociar, forzado por la Unión Europea y sus intereses comerciales y empresariales en Barcelona.

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