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Por favor, no hagan olas

Tan cerca pero al la vez tan lejos ya en el tiempo como en abril de este año, describimos como la irrupción del COVID-19 nos había conducido a una economía global fuera de sincronía, con los países sufriendo y enfrentando el impacto de la enfermedad de manera muy dispar, lo que realimentaba los efectos perniciosos interiores y exteriores de la crisis, en un shock de oferta y demanda que describíamos gráficamente con la siguiente imagen:

Aventurábamos entonces que las consecuencias económicas negativas serían de enorme envergadura, y no nos equivocábamos. Apuntábamos también que la dimensión de ese daño dependería de lo que tardáramos en contener el virus, y la cruda realidad es que no todavía sabemos cuándo vamos a poder hacerlo.

De hecho, el COVID-19 sigue mandando sobre la economía, y los actuales rebrotes no hacen más que incrementar sus efectos perniciosos, tal y como describimos en la entrada anterior. En este contexto tan complicado, nuestros líderes políticos, económicos y sociales deberían tener muy en cuenta una regla de oro a seguir durante cualquier crisis: no amplificar con su proceder el daño ya causado . Una regla a la que tampoco somos ajenos los ciudadanos, como presuntos responsables de nuestros actos.

Resiliencia

Resiliencia, ese palabro

El término «resiliencia» suena en estos días con fuerza en foros y presentaciones estratégicas y políticas como un elemento clave para la recuperación post-COVID. Lo he manifestado en diversas ocasiones: es una de esas palabras que saturan por exceso de uso y por defecto de práctica, como lo son liderazgo, excelencia, sinergia, visión… Todas ellas quedan muy bien en planes políticos y manuales de gestión, y todavía mejor resaltadas con letras capitulares en una presentación de Power Point, pero no dejan de ser palabras trampa que retratan a quienes las pronuncian en vano, algo que suele ocurrir demasiadas veces. Exigen compromiso y ejemplaridad, no marketing.

La palabra resiliencia proviene del latín resilire y denota la idea de recuperación, restablecimiento, rebote. Expresa la capacidad de una entidad o sistema para recuperar su estado normal después de una alteración o desajuste de cualquier tipo. Todas las definiciones de resiliencia tienen en común que se trata de la capacidad de responder eficazmente al cambio, especialmente al cambio impredecible y repentino.

En este punto, muchos estaremos de acuerdo en que España no ha destacado precisamente por dicha cualidad durante la presente crisis. Esto nos lleva a preguntarnos cómo podemos construirla y reforzarla para evitar males futuros. Les doy una pista: no es tanto una cuestión de recursos financieros como de voluntad política y cívica de promover cambios estructurales profundos en nuestro país. De hecho, sin esos cambios no será posible aprovechar los 140.000 millones que espera recibir España en los próximos años. De esos fondos de recuperación europeos hablaremos en la siguiente entrega de esta serie.

La clave institucional

Kamer Daron Acemoğlu (“Por qué fracasan los países”) define la calidad institucional de manera excepcionalmente clara:

«Un conjunto normativo capaz de ofrecer un campo de juego abierto y justo para todos los agentes económicos, en el que los incentivos económicos adecuados estén en su lugar para alentar a las personas a invertir, innovar, ahorrar y resolver sus problemas de forma colectiva, en un entorno estable y que además asegure la eficiencia en la provisión de bienes y servicios públicos».

Son muchos los elementos que determinan la calidad institucional de un país. En primer lugar, una adecuada separación de poderes. Sin balances y contrapesos no hay prosperidad que valga, y me refiero a una verdadera prosperidad basada en el pleno y libre ejercicio de los derechos políticos y civiles de los ciudadanos. Es requisito fundamental la existencia de un derecho de propiedad claro y simple, así como de un cuerpo normativo sólido y contenido que no de lugar a arbitrariedad. El exceso y la mala calidad regulatoria son un lastre para la actividad económica. Todo ello, garantizado por un sistema judicial eficiente y con recursos suficientes. Se requiere también transparencia y ejemplaridad en el sector público, tanto en su gestión como en el diseño de políticas económicas, con agencias independientes de evaluación y control como las que abundan en el mundo anglosajón y de las que nuestra AiREF constituye un buen ejemplo. Finalmente, se debe minimizar la designación directa de cargos políticos en los órganos constitucionales y de alta gestíón del Estado. De lo contrario, seguiremos propiciando nuestro sempiterno lobismo castizo.

Calidad Institucional

Es una cuestión muy seria: la literatura científica sobre esta cuestión evidencia que la probabilidad de ocurrencia de crisis aumenta en los países institucionalmente más débiles, en porcentajes que, dependiendo de los estudios, pueden alcanzar el 15%. Por extensión, el agravamiento de dichas crisis también es más probable y la recuperación más lenta con una baja calidad institucional. En este ámbito, siempre recomiendo un magnífico trabajo de Francisco Alcalá Agulló y Fernando Jiménez Sánchez, «Los costes económicos del déficit de calidad institucional y la corrupción en España«, que abunda en la cuestión desde un enfoque novedoso y muy interesante.

Correlacion Promedio De Calidad Institucional Productividad

Los autores confeccionan un indicador combinado de gobernanza como media de cinco indicadores: voz ciudadana y rendición de cuentas (VA), efectividad gubernamental (GE), calidad regulatoria (RQ), respeto a la ley y los contratos (RL) y control de la corrupción (CC). Su conclusión es clara: cuando los países están lejos de la frontera productiva, les es posible crecer con gran intensidad aunque tengan problemas serios de calidad institucional y de funcionamiento de los mercados. No obstante, conforme se acercan a las economías avanzadas, los países que no son capaces de regenerar su marco institucional y de aplicar políticas adecuadas acaban perdiendo dinamismo y la capacidad de seguir convergiendo hacia la frontera productiva. Esta conclusión resulta si cabe todavía más evidente y aplicable en medio de una crisis de grandes proporciones como la provocada por esta pandemia.

Una elevación de la calidad institucional de España hasta el nivel que le correspondería dada la productividad actual del país, podría permitir incrementar el PIB en algo más de un 20%. Los autores se refieren al largo plazo: 15-20 años. Un incremento del PIB de ese tamaño, adicional al que se daría en ausencia de una regeneración institucional, podría traducirse en una elevación del crecimiento medio anual de la economía en torno a 1,2 puntos porcentuales a lo largo de un período de unos 15 años.

Productividad E Indicador Gobernanza Percentiles

Deficiencias institucionales, inestabilidad e incertidumbre

Anteriormente hemos descrito los elementos claves de fortaleza institucional de cualquier estado. Nuestro país requiere una importante renovación e impulso en todos ellos. No hacerlo afecta directamente a esa resilencia que tanto necesitamos y a la que tanto apelamos. Una arquitectura institucional débil e ineficiente conlleva inestabilidad política y ésta, a su vez, afecta a la estabilidad económica por un canal de transmisión clave, la incertidumbre en el futuro, máxima en momentos como el actual y que trae consigo diversos efectos perniciosos:

  • Asignación ineficiente de recursos, pues la toma de decisiones económicas se ve profundamente afectada.
  • Disminución de la inversión y el consumo.
  • Disminución de la capacidad productiva y cierre de empresas, que desemboca en desempleo.
  • Disminución de los esfuerzos en Investigación y Desarrollo, claves para competitividad global.
  • Menor desarrollo del capital humano, tan necesario para el futuro.

Como resultado, se reduce el potencial de crecimiento económico, lo que puede cronificar el estancamiento y la recesión mediante un círculo vicioso de difícil salida. El gráfico siguiente describe de manera muy somera ese mecanismo de transmisión.

Inestabilidad Economica Y Financiera Inestabilidad Y Arquitectura

Algunas propuestas

Aunque sobre este tema se pueden escribir libros completos, como el magnífico trabajo de Víctor Lapuente «Organizando el Leviatán«, cuya lectura recomiendo, aquí les dejo mi visión sobre cómo se podría articular la pirámide de resiliencia de un país:

Inestabilidad Economica Y Financiera Claves De Resiliencia Vfinal Puig

Hablamos de una pirámide con varios niveles:

El NIVEL 1 es supranacional: requiere una mejor gobernanza global, lo que significa más supervisión y menos regulación. La reforma de las instituciones multilaterales resulta imprescidible.

El NIVEL 2 exige reformas a nivel nacional. Agulló, Jiménez, Lapuente y muchos otros autores han apuntado el camino:

  • En el poder judicial: reducir el exceso de politización en el nombramiento de los miembros de sus órganos superiores; actualizar y modernizar la ley de enjuiciamiento criminal; reducir los aforamientos, y asegurar protección a denunciantes de corrupción
  • Potenciar el control de los órganos legislativos en todos los ámbitos territoriales. Es necesaria una oficina de evaluación de las políticas públicas; profundizar en la transparencia, responsabilidad y rendición de cuentas de los orgasnismos público.
  • Garantizar la independencia y dotar de medios a los órganos especializados de control.
  • Minimizar las interferencias con los medios de comunicación, reduciendo el margen de discrecionalidad (o arbitrariedad) con el que se llevan a cabo el otorgamiento de licencias, subvenciones y publicidad institucional. También hay que despolitizar los medios públicos cuanto antes.
  • Mejorar la calidad regulatoria.
  • Despolitizar los niveles superiores de las Administraciones Públicas y sus entes instrumentales (empresas, agencias, fundaciones, etc.). Un criterio crucial de calidad en las instituciones de gobierno es el respeto al principio de imparcialidad en su funcionamiento.
  • Transparencia de los organismos públicos y evaluación de sus servicios. Ello implica, entre otras cosas: transparencia total en los gastos públicos; regulación efectiva del lobby; mejora sustancial de la información sobre conflictos de interés, y acceso ciudadano a toda la información sobre la actividad de los organismos públicos.
  • Desbloqueo de las listas electorales.

El NIVEL 3 es el de responsabilidad fiscal, que debe concernir al Gobierno, las Administraciones Públicas y también a los ciudadanos. Se trata, en esencia, de no hipotecar el futuro de las próximas generaciones.

El NIVEL 4 lo constituye la inteligencia económica, esto es, disponer de información económica útil, relevante y oportuna para la toma de decisiones económicas y la defensa económica del país, elemento integrante de la seguridad general.

Finalmente, el NIVEL 5 impone una correcta comunicación estratégica, que no propaganda oficial, elemento fundamental en la actual era de la información. Hablamos de diplomacia económica y de comunicación pública, para lo que resulta imprescindible mantener la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Todo ello, con capacidad de respuesta rápida a las situaciones cambiantes.

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No hagan olas

Avanzar en los elementos descritos no es nada fácil, y menos en las circunstancias actuales, pero no caben la inacción ni la dejación, y ello requiere un enorme esfuerzo de todos. ¿Por qué no estamos siendo capaces de arrimar el hombro como nación cívicamente madura y alcanzar acuerdos más allá de intereses partidistas, de regionalismos, localismos, trincheras y líneas rojas, acuerdos que articulen nuestros escasos recursos críticos y nos permitan salir de este marasmo, definiendo las bases comunes de un modelo de país para el futuro? ¿Por qué? Se me ocurren muchas respuestas posibles, ninguna definitiva.

Estoy seguro que muchos ciudadanos de a pie, hartos de siglas, ideologías y campañas electorales, nos hacemos todos los días la misma pregunta. Lo que no podemos permitirnos, de ninguna manera, es resignarnos a permanecer por mucho más tiempo en aquel infierno del chiste, donde los condenados, sumergidos hasta la barbilla en un mar de aguas inmundas, sólo aciertan a murmurar, «por favor, no hagan olas».