Inicio Actualidad Económica Repsol Tech Lab: los fogones donde se cocinan los biocarburantes del futuro

Repsol Tech Lab: los fogones donde se cocinan los biocarburantes del futuro

El Repsol Tech Lab es un recinto de techos altos, suelos pulidos y laboratorios impolutos. En poco se asemeja a los fogones de la cocina de un restaurante en hora punta de comandas. Pero, a la postre, tanto en el centro de investigación que la energética tiene en la localidad madrileña de Móstoles como en la cocina de cualquier restaurante, lo que se trabaja es en formular y «cocinar» recetas. En el caso de Repsol, la de los nuevos biocarburantes que ayuden en el proceso de descarbonización de la economía.

Porque como defiende la compañía y repite Claudia Isarte, científica y encargada del diseño de estos carburantes en la multinacional española, los biocarburante son «una solución inmediata porque son compatibles con los vehículos y los sistemas de almacenamiento que existen sin necesidad de modificaciones».

Formular la receta de un nuevo biocombustible lleva tiempo y dinero -Repsol invierte anualmente entre 60 y 70 millones en ello-. Aunque el punto de partida es siempre el mismo: que no aumente la concentración del CO2 necesario para la vida. Como cualquier combustible, los biocarburantes emiten CO2 cuando los quema un motor. Sin embargo, explica Isarte durante una visita con medios al centro tecnológico, «para compensar esas emisiones, lo que se hace es retirar previamente el CO2 que van a emitir para hacerlos neutros en emisiones». En el caso de los biocombustibles sintéticos, mediante la captura previa del CO2 de la atmósfera. En el de los avanzados, son los residuos orgánicos que se emplean para su elaboración como aceites de cocina usado, podas agrícolas o biomasa los que capturan previamente el CO2 que luego volverán a emitir cuando se transformen en combustible.

Laboratorio de formulación

La selección de estas materias primas es básica para el desarrollo de un biocombustible. No todas valen. Como explica Aurora Macías, gerente del laboratorio de fluidos y formulación del Repsol Tech Lab, lo primero que hay que hacer es «conocerlas bien, estudiar su composición y elegir el proceso adecuado para transformarlas en biocombustible». Algunas, como el aceite vegetal usado, son fáciles de transformar en diésel renovable y dan un gran rendimiento, prácticamente un litro de carburante por cada uno de aceite usado. Pero otras que no tienen poder calórico u otras características necesarias se desechan.

Una vez que el laboratorio de formulación consigue transformar esa materia prima en el aceite susceptible en convertirse en un biocombustible, la siguiente fase del proceso es testar su producción en las plantas piloto que Repsol tiene en el Tech Lab. En estos recintos, la compañía puede reproducir a una escala de 1 a un millón cualquier proceso petroquímico que luego desarrollará en sus grandes complejos para ver los problemas que pueden surgir al producir biocombustible de forma masiva con la materia prima elegida. Lo que hacen, como dice muy gráficamente Mercedes Ayala, responsable de estas plantas piloto, es «probar los hierros» para comprobar cómo los afecta un proceso productivo con una nueva materia prima. De este modo, Repsol testa los ajustes que luego tendrá que introducir en sus plantas.

Planta piloto

Entre las plantas piloto y los complejos de producción hay también pasos intermedios. La compañía, por ejemplo, pondrá en marcha en 2025 en Bilbao un centro experimental para producir biocombustibles sintéticos mediante la combinación de CO2 retirado de la atmósfera e hidrógeno verde que tiene previsto producir 2.000 toneladas al año. Una cantidad muy limitada comparada con las 250.000 toneladas de biocombustible avanzado que saldrán a partir de este año de Cartagena, donde la compañía inaugurará la primera planta de este tipo.

Cuando Repsol tiene lista la receta para un nuevo combustible, llega el momento de probarlo. Para ello, el Tech Lab cuenta con un laboratorio de motores en el que se pone a prueba el carburante en propulsores de todo tipo de vehículos: coches, motos, barcos, maquinaria agrícola… En los motores que hay en cada una de las celdas de este departamento -incluida una para los de competición de las escudería de motos Honda- se prueban su rendimiento, emisiones… El objetivo, como explica Isarte, es «lograr que su rendimiento sea exactamente igual que el de un combustible convencional». Para ello, los investigadores de Repsol cuentan también con un coche experimental que conduce un robot en un banco de pruebas en el que pueden simular condiciones reales de conducción y las climatológicas más adversas y que realiza largas tandas de test de 24 horas durante días y más días. También cuentan con motores de investigación que someten a condiciones extremas.

Al final de este largo proceso, Repsol consigue los carburantes 100% renovables que ya venden en 61 de sus estaciones de servicio, que aspira sean más de 600 antes de que termine el año. Es un proceso que no cesa y que le permite poner en el mercado periódicamente nuevos productos como la gasolina 100% renovable que ha empezado a comercializar en tres de sus estaciones de servicio de Madrid.