¿Si la economía se ha recuperado, por qué no se nota más?

Sevilla

La publicación hace unos días del PIB adelantado del primer trimestre de 2017 nos ha confirmado que el nivel de actividad económica de España volverá a su nivel anterior de la crisis en algún momento de este mes de mayo. Certificar, de esta manera, el final de una década perdida de crecimiento de nuestro nivel de vida dejará a muchos de nuestros lectores con un amargo sabor de boca. Casi más importante, estos lectores se preguntarán: ¿si la economía se ha recuperado, por qué yo no lo noto en mi vida cotidiana? O, al menos ¿por qué no lo noto más?

Intentar responder, aunque solo sea parcialmente a tal duda es útil para entender tanto lo que nos ha pasado como el futuro que nos espera. Una buena manera de empezar es bajarse la contabilidad nacional trimestral de España del INE y darle un rápido vistazo los números.

La evolución del PIB

Mi primer ejercicio es dibujar, en la figura 1, el índice de volumen del PIB (es decir, de las cantidades reales del mismo) comenzando en el segundo trimestre de 2008 (fecha en la que la economía española alcanzó su pico antes de la crisis) hasta los últimos datos del cuarto trimestre de 2016 (como decía antes, los datos del primer trimestre de 2017 son únicamente un adelanto). Para facilitar la inspección del gráfico normalizo el valor del PIB a 1 en el comienzo de la muestra.

figure1

La figura 1 nos cuenta una historia bien conocida pero que merece ser repetida una vez más: la economía española entra en una fuerte crisis en la segunda mitad de 2008 que dura en una primera fase hasta mediados de 2010 y, después de una breve pausa, continúa hasta principios de 2014. Si estas dos fases de la crisis requieren un análisis diferente o son las dos caras de un mismo episodio es algo que en esta entrada importa poco. La recuperación que comienza en 2014 es la que nos ha llevado a estas reflexiones: el estar a punto de llegar de nuevo al nivel de producción real de bienes y servicios que teníamos en el segundo trimestre de 2008.

La demanda nacional

En un segundo ejercicio dibujo en la figura 2 la misma serie del PIB que en la figura 1 y tres de sus componentes: el consumo final de los hogares, el consumo final de las administraciones públicas y la formación bruta de capital (la “inversión”). Estos tres componentes forman (junto con una pequeña variable adicional, el consumo de las instituciones sin fin de lucro al servicio de los hogares), lo que algunas veces se llama la “demanda nacional”. Este nombre viene de la idea de que estos componentes reflejan los bienes y servicios empleados en un país, en comparación con los bienes y servicios producidos en un país.

figure2

En la figura 2 vemos que el consumo final de los hogares está, a finales de 2016, todavía un 5% por debajo de su nivel de principios de 2008. Como además la población residente ha subido de unos 45.7 millones a unos 46.5 millones en el mismo periodo, el consumo final per cápita ha caído casi un 7%. Si a esto se le añade la agudización de la desigualdad, nos encontramos con que muchos españoles han visto reducido su consumo de manera notable

Esta es la primera pista de porqué mucha gente está todavía descontenta: a cada uno nos toca bastante menos para consumir que hace una década (bueno, a mí no, que no soy residente).

Existe un argumento adicional: en un mundo con nuevos bienes y servicios, quedarse parado en términos de consumo total supone tener que reducir el consumo de otros bienes y servicios para hacer hueco a los “nuevos”. Si, por ejemplo, ahora me apunto a Netflix (que no existía en España en 2008) pero mi consumo total es el mismo, de algún sitio tienen que salir los recursos para pagar la factura de la televisión de pago. Y, aunque el nuevo bien es superior a lo que cortamos (en caso contrario, no reajustaríamos nuestra cesta de la compra), el tener que reducir consumos de otros bienes probablemente hace mucho más obvio el problema de estancamiento del consumo total. Y si en vez de estar detenidos en consumo total, hay que recortar un 7%, es fácil ver el origen de la incredulidad ante los anuncios de recuperación y del mantenimiento del malestar en muchos sectores de la sociedad española.

La figura 2 nos revela también que el consumo de las administraciones públicas no solo no ha caído, sino que es un algo más de un 1% más alto que al principio de la crisis, con un crecimiento al principio y una caída más tarde. Este dato merece varios comentarios. Primero resalta el papel de mantenimiento de la demanda agregada que tuvo el consumo público en la primera fase de la crisis y el papel contractivo en la segunda fase. No es sitio este de juzgar si la política fiscal pudo haberse llevado de otra manera (en todo caso los lectores habituales de este blog saben de mi actitud muy crítica tanto con los gobiernos del PSOE como los del PP al respecto). Segundo, aunque las quejas de “austericidio” son más retoricas que basadas en nada real (lo que hemos sufrido es más una parada en la tasa de crecimiento del consumo público que una reducción del mismo), sí que es verdad que, con una población más envejecida y un crecimiento del coste de muchos de los tratamientos médicos de nueva generación, el mismo nivel de consumo público parece dar “para menos”. Tercero, los recortes en consumo público (y en transferencias, aquí no reflejadas) probablemente se han concentrado en familias que han sufrido la crisis con más intensidad, agudizando con ello el descontento.

Finalmente, la figura 2 nos señala el gran “agujero” de la inversión, todavía bien por debajo (un 27%) de su valor inicial. Esta caída es mucho más acusada en vivienda (casi un 50%) que en bienes de equipo (que prácticamente se han recuperado). Dado, de nuevo, que las familias sienten mucho más en su experiencia diaria la reducción en inversión en nueva vivienda que en una maquina troqueladora en una factoría, tenemos un elemento más de insatisfacción.

La clave: el sector exterior

¿Pero si el consumo de las familias y la inversión han caído, con solo una breve subida del consumo público, como se ha sostenido el PIB? La clave, y con ello la lección fundamental de esta entrada, aparece en la figura 3, donde grafico el PIB y sus dos componentes de sector exterior, importaciones y exportaciones.

figure3

Mientras que las importaciones no se han recuperado (un 10% por debajo de donde estaban antes de la crisis), las exportaciones han crecido un 24%. Gracias a este dispar desempeño de las importaciones y las exportaciones, hemos cerrado un enorme agujero que teníamos de cuenta corriente, revertir nuestra necesidad de financiación exterior y mantenido el nivel de PIB (el gran problema de Grecia ha sido que las empresas griegas son incapaces de incrementar sus exportaciones).

Esto significa que nos sentimos todos mucho peor, pues se vive bien cuando uno conduce un BMW, no cuando uno vende un SEAT al extranjero. El mercado de vehículos en España en 2017 es mucho menos alegre que en 2007: se matriculan medio millón de turismos menos (y por eso mirar estadísticas parciales de ventas internas en este sector o en muchos otros puede llevar a confusión; estas, casi por necesidad dado el ajuste exterior, tienen que ser mucho peores que en antes de la crisis). Pero, a la vez, fabricamos mucho más vehículos para la exportación y eso permite que el nivel de producción total en 2016 sea prácticamente idéntico que en 2007 (y en 2017 probablemente sea más alto). El casi increíble porcentaje de 84.3% de nuestra producción en 2016 se nos va fuera. En 2007 importábamos casi tantos vehículos (en valor, 23.605 millones de euros) como exportábamos (24.643 millones de euros). En 2015, hemos exportado el doble de vehículos (en valor, 34.312 millones de euros) de los que hemos importado (17.116 millones de euros). A grandes trazos: 16.000 millones de euros adicionales de exportaciones netas que disfrutan en uso otros, no nosotros.

Un resumen

Un ejemplo clarifica y resume la idea que articula esta entrada. Imaginémonos que somos agricultores que vivimos en una granja que produce manzanas. Solo consumimos manzanas, bien como comida o transformadas en sidra. En el año 1, hemos producido 100 manzanas e importado 10 manzanas de la granja de nuestro vecino (no exportamos nada). Luego nuestro consumo ha sido de 110 manzanas y el PIB de 100 manzanas (100 manzanas = 110 manzanas consumidas menos 10 manzanas de exportaciones netas negativas). En el año 2, seguimos produciendo 100 manzanas, pero ahora exportamos 2 manzanas a nuestro vecino (no importamos nada). Luego nuestro consumo ha sido de 98 manzanas y el PIB de 100 manzanas (100 manzanas = 98 manzanas consumidas más 2 manzanas de exportaciones netas positivas). El PIB de la granja es el mismo en el año 1 y en el año 2, pero en el segundo año lo pasamos mucho peor: comemos un 11% menos pasteles de manzana y bebemos un 11% menos botellas de sidra.

Esto es, redondeando las cifras, lo que le ha pasado a España. En 2008 producíamos básicamente lo mismo que en 2017, pero mientras en 2008 traíamos muchísimos productos netos del extranjero, ahora los enviamos fuera. El motivo de este cambio ha sido, en parte, por debilidad de la demanda nacional y el esfuerzo de muchos empresarios pero en mucha mayor medida porque los créditos hay que pagarlos algún día. España vivió una gran fiesta de 1999 a 2007 y hoy debemos al resto del mundo la friolera de 954.000 millones de euros. No nos queda mucho remedio que acostumbrarnos a tener exportaciones netas positivas por una buena temporada (o al menos no tener exportaciones netas significativamente negativas).

La recuperación se siente poco (o menos de lo que se debería; es indudable paseando por Madrid que las cosas son distintas que hace cuatro años) por el cambio brutal en nuestro sector exterior y se sentirá poco probablemente por una temporada. De igual manera, la crisis fue de alguna manera mucho más profunda en 2012 o 2013 de lo que podría parecer en las cifras puras del PIB porque el consumo y la inversión estaban ajustando fuertemente su componente de exportaciones netas.

Me dejo muchas cosas en el tintero (problemas de un desempleo todavía muy alto, balances aún no lo suficientemente limpios, una deuda pública a niveles peligroso) que agravan la sensación que la recuperación no es total pero creo haber iluminado un poco el papel central del sector exterior (como ha sido en muchas épocas de nuestra historia) y como uno ha de mirar a las exportaciones netas para entender mejor lo que nos está pasando.

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