“Todo es cuestión de la redistribución de la renta, de la riqueza y del poder” [Entrevista a Eduardo Garzón]

Desmontando los mitos económicos de la derecha. Guía para que no te la den con queso. Eduardo Garzón. Península

Eduardo Garzón es economista y asesor de economía en el Ayuntamiento de Madrid. Ha publicado el libro “Desmontando los mitos económicos de la derecha. Guía para que no te la den con queso” (Península, 2017) del que afirma estar “escrito de forma sencilla para que cualquier lector o lectora, independientemente de sus conocimientos en economía, pueda conocer las mentiras de la derecha y así evitar ser engañado”.

Mundo Obrero: ¿Nos están engañando? Afirma que la interpretación de la realidad económica no es casual y persigue un objetivo oculto ¿cuál es?


Eduardo Garzón:
El objetivo es mantener un statu quo que beneficie a una minoría -a los poderosos- en perjuicio de una mayoría. Es la mejor fórmula para conseguir que se mantengan esos privilegios, haciendo creer a la gente que no hay posibilidad de cambio ni de mejora en este mundo por muy mal distribuidas que estén la renta y la riqueza. Es una forma también pacífica, no violenta, no agresiva y desde luego muy astuta, porque sin necesidad de acudir a la violencia los poderosos acaban manteniendo los privilegios, simplemente porque han convencido a todo el mundo de que esa es la situación que debe ser por naturaleza y que no hay posibilidad de cambio.

M.O.: Una de las partes más sorprendentes del libro (y hay muchas) es la explicación del concepto de dinero ¿qué es realmente el dinero?


E.G:
El dinero es realmente lo que nunca nos han contado de él. Siempre nos han contado que es como una especie de “cosa” que está en la naturaleza -ya sea en forma de oro o en forma de metales preciosos- que necesitamos extraer para luego poder realizar intercambios, cuando en realidad el dinero no es, ni más ni menos, que el registro de compromisos de pago. Esto quiere decir que para realizar cualquier tipo de transacción o intercambio entre unas personas y otras se puede acudir al dinero, pero simplemente como un registro de esos compromisos. Voy a poner un ejemplo para que se entienda, nos han acostumbrado a pensar que necesitamos extraer el dinero de la naturaleza para que podamos hacer intercambios y que es necesario conseguirlo primero pero, en realidad, el dinero es dar la palabra de que vas a hacer algo. Si yo, por ejemplo, le pido a un amigo que me dé una manzana, no necesariamente tengo que estar dándole dinero, sino que me basta con que esa persona se fíe de que luego le voy a compensar de alguna forma. Por lo tanto, surge de nosotros. Es como dar una promesa, se denomina en economía “crédito” y por lo tanto no está limitado, no es algo que esté en la naturaleza sino que todo el mundo puede crear dinero –entendiéndolo de esta forma- todo el mundo puede decir “oye, dame algo y yo luego te compensaré”. Esta es la diferencia -que es abismal- a la hora de entender el dinero: no es algo que esté en la naturaleza y tengamos que extraer, sino que el dinero es algo que se crea, es un invento del ser humano para facilitar las transacciones económicas que ocurren en nuestras comunidades y, por lo tanto, no es finito, sino que podemos tener tanto dinero -tantos compromisos de pago- como queramos y como estemos en disposición de tener.

M.O.: Qué me dice del concepto de “violencia legal” ¿a qué corresponde?


E.G.:
Lo que intento explicar en el libro, dado que el dinero es algo que se crea a simple voluntad y, por lo tanto, cuando el Estado crea dinero no tiene un valor intrínseco -porque es simplemente una anotación, un registro contable- la forma de darle valor, de hacer que la gente quiera esos “papelitos” (que por naturaleza no lo tienen porque no están respaldados por oro ni por ningún metal precioso, ni siquiera otra moneda) es estableciendo impuestos a la gente; es decir, si tú obligas como Estado a la gente a pagar impuestos denominados en esa moneda, estás obligando a la gente a hacerse con euros -en este caso- para luego poder pagar el IVA y el IRPF porque están denominados en euros. Tú no puedes pagar el IRPF con dólares, necesitas hacerte con euros para poder satisfacer esa deuda con la administración pública. Entonces, al fin y al cabo, los impuestos tienen ese papel principal -aunque no es el único- de dar valor al dinero. Es decir, si un Estado creara dinero y en realidad ese dinero fuera “papelitos” o anotaciones que no tienen un valor intrínseco, la gente no se haría con ellos; pero les crean valor, hacen que sea necesario utilizarlos y hacerse con ellos porque hay una obligación –articulada desde la violencia legal de las autoridades públicas- de pagar impuestos denominados en esa moneda. Los impuestos, más que servir para recaudar dinero y luego poder gastarlo, sirven sobre todo para crear esa demanda de dinero y obligar a la gente a que se haga con euros para luego poder pagar esos impuestos.

M.O.: También te dan la garantía de que ese dinero va a servir para todas tus transacciones en ese territorio.


E.G.:
Claro, porque todo el mundo está obligado a pagar impuestos, yo sé que al panadero le va servir que le pague en euros porque él también va a tener que pagar los impuestos en esa moneda. Es la forma de obligar a que se utilice el dinero.

M.O.: Uno de los argumentos más repetidos es que la economía depende de la iniciativa privada para la innovación o el dinamismo empresarial. Continuamente se nos dice que poner cortapisas o limitar la actividad privada es propio de ingratos y muy peligroso además, puesto que genera puestos de trabajo ¿qué hay de cierto?


E.G.:
Lo que hay que entender es que los puestos de trabajo no se crean por arte de magia, es decir, hay una especie de principios que nos intentan inocular para que nos convirtamos en emprendedores, tengamos una idea muy buena y nos pongamos a realizar un negocio empresarial, pero están perdiendo de vista que, en realidad, ya podemos tener la mejor idea del mundo, que si luego la gente no tiene capacidad adquisitiva para comprar los productos que vendemos -gracias a esa nueva idea- no sirve para nada. Es decir, no solo basta con tener una buena idea, sino que necesitamos que en el otro lado de la balanza haya gente que pueda comprarnos los productos. Eso es muy importante, porque si simplemente fomentamos un lado de la balanza -venga, que todo el mundo se haga emprendedor, todo el mundo a tener buenas ideas- no sirve para nada, porque si en el otro lado no hay gente con suficiente capacidad adquisitiva para comprar todos esos productos, lo único que acabará ocurriendo es que algunos negocios triunfarán a costa de destruir otros. Esto es algo que vemos muy a menudo -por ejemplo- en torno a las grandes cadenas de supermercado que aparecen con mucho más poder, más capacidades que las tiendas de barrio y se acaban comiendo a estas últimas. Entonces se suele decir “Eh, esta gran empresa como Mercadona ha creado muchos puestos de trabajo” pero no nos están diciendo la otra parte de la ecuación, y es que buena parte de esos trabajos se han creado gracias a que se han destruido en otro sitio, en pequeñas empresas. Debemos complementar esa visión teniendo en cuenta que si no tenemos al otro lado de la balanza capacidad adquisitiva para comprar esos nuevos productos, lo que acabaremos haciendo es entrar en un juego de “suma cero” donde algunos salen ganando porque otros salen perdiendo.

M.O.: El Gobierno afirma categóricamente -la última fue la ministra de Empleo Fátima Báñez – que estamos en fase de recuperación y que el PIB (el Producto Interior Bruto) está creciendo, que la economía española crece a un ritmo superior al de la mayor parte de sus vecinos europeos. Sin embargo, los indicadores de pobreza y precariedad dicen lo contrario. ¿Cómo puede ser que nuestra economía crezca y que seamos más pobres?


E.G.:
Es posible porque se redistribuye cada vez peor la renta. El Producto Interior Bruto lo único que nos está diciendo es la cantidad de dinero que se utiliza para realizar transacciones comerciales y económicas en nuestro país, pero no nos está diciendo quién acaba beneficiándose de esa renta que se está distribuyendo; si utilizamos un ejemplo sencillo -pero muy clarificador- podemos ver que hace casi diez años, antes de que empezara la crisis, teníamos el mismo PIB que ahora pero casi dos millones de trabajadores más; es decir, había mucha más masa salarial y teníamos la misma riqueza generada en nuestro país. Es muy fácil resolver la ecuación, resulta que ahora tenemos la misma riqueza pero mucho menos salario que pagar, lo que ocurre es que los trabajadores son más pobres que hace diez años; en cambio, la otra parte de la ecuación que son los beneficios empresariales, son más altos.

M.O.: Cuéntenos cómo se llegó a la conclusión de que el límite infranqueable de déficit público ha de ser el 3%, una cuestión que ha traído unas medidas realmente duras para la mayoría de la gente, debido a lo que usted llama “la obsesión de la Comisión Europea porque todos los países reduzcan el déficit público”. ¿Qué hay detrás de todo esto?


E.G.:
Esto lo puede ver cualquier persona si accede a las entrevistas que se le hicieron a un alto funcionario del Gobierno de Mitterrand -se pueden ver tanto por escrito como en vídeo- en las que él explica que llegó el ministro de Hacienda al despacho en el que se encontraban los altos funcionarios y dijo: “Mirad, necesitamos una regla sencilla y fácil de entender pero que parezca seria, propia de economistas, para limitar la cantidad de gasto público”. Entonces se quedaron pensando y uno dijo, “Oye, qué os parece que pongamos el límite en el 2% sobre el PIB” y dijeron, “Bueno, es que eso es demasiado restrictivo”. Entonces otro -escribiendo en la esquina de una mesa- dijo, “Oye ¿y el 3% del PIB?”, y dijeron, “Bien, perfecto, que además eso recuerda a la Santísima Trinidad y por lo tanto es fácil de recordar” y así, en menos de una hora, se creó un límite de déficit público que es lo que hoy en día está obligando a los Gobiernos a recortar en pensiones, en Educación, en Sanidad y a aumentar impuestos injustos como el IVA. Por lo tanto, nos damos cuenta de que aquí detrás no hay ningún razonamiento ni ningún sustento científico, sino que es pura y simple ideología: la ideología de lograr que se reduzca el tamaño del sector público para favorecer, obviamente, los beneficios y los negocios del sector privado.

M.O.: Nos dicen sin parar que inyectar más dinero en la economía generaría inflación, sin embargo hemos visto cómo se han entregado cantidades ingentes de dinero a la banca privada sin que esto ocurra. ¿Por qué no ha habido inflación si se ha inyectado tanto dinero?


E.G.:
Eso ha ocurrido porque todo ese dinero inyectado en el circuito financiero no ha llegado a la economía real, se encuentra atrapado en ese ámbito financiero porque los bancos lo están utilizando para sanear sus balances y también para hacer especulaciones financieras, pero no lo están utilizando para conceder créditos a familias y empresas -al menos no en su mayor parte-. Por lo tanto, ese dinero que se está creando no llega a la economía real, por lo que los precios de bienes y servicios reales no se ven afectados. De todas formas, también es falso que si llegara ese dinero a la economía real se produjera inmediatamente y de forma automática inflación, porque siempre hay un margen. Esto lo han estudiado durante muchos años y décadas muchos economistas, que han sido totalmente ignorados y que decían una cosa muy clara: Mientras haya recursos ociosos en la economía, es decir: máquinas sin utilizar, personas sin trabajar que quieren hacerlo o materias primas que podemos utilizar, si inyectamos nuevo dinero eso va a servir para ponerlo en funcionamiento, que las personas comiencen a trabajar, las máquinas se pongan a funcionar y no aparecerá la inflación, eso solo ocurre cuando no hay recursos ociosos, cuando ya no hay ningún trabajador desempleado, cuando no hay ninguna máquina todavía sin funcionar, etc. En esa hipotética situación, sí aparecerían las tensiones inflacionistas, pero hasta ese momento hay mucho margen para inyectar nuevo dinero en la economía, que no haya inflación y generar además actividad económica, así como incrementar el empleo e incluso los salarios.

M.O.: En el libro asegura que “no debemos consentir que nos digan que tenemos que vivir peor que antes, por ejemplo cobrando menores pensiones, porque no es cierto”, ¿por qué?


E.G.:
Es absolutamente evidente, cuando nos desprendemos de todas las mentiras que nos han inoculado, nos damos cuenta de que el ser humano siempre ha ido evolucionando en el tiempo, incrementando las capacidades tecnológicas, los conocimientos y las habilidades que tiene. Ahora vemos que tenemos robots que trabajan por nosotros, que somos capaces de viajar al espacio, de recorrer el planeta en cuestión de horas o curar enfermedades que hasta hace poco eran incurables y, por tanto, somos capaces de hacer milagros tecnológicos ¿cómo es posible que tengamos que vivir peor que antes, según lo que nos dicen? Y que encima cada vez tengamos que trabajar más, eso es absolutamente absurdo y totalmente incoherente con lo que podemos observar en la realidad. Tenemos cada vez mejor tecnología, mejores capacidades, recursos y conocimientos, por lo tanto podemos vivir mejor. Un problema diferente es que no estemos organizados de manera solidaria y equilibrada, donde nos damos cuenta de que hay una minoría de la población que sí se beneficia mucho de esos nuevos adelantos tecnológicos, pero la inmensa mayoría queda fuera, marginada. Como decía al principio, la mejor forma de que el statu quo no cambie y que se sigan manteniendo esos privilegios es decir, “no se puede hacer nada, desgraciadamente tenemos que vivir peor que antes”. Simplemente, es una cuestión de redistribución de la renta, la riqueza y del poder.

M.O.: ¿Está diciendo que nos podíamos haber ahorrado tanto sufrimiento? Estoy pensando en las personas desahuciadas, los parados de larga duración, las kellys, autónomos, pequeños empresarios, los jóvenes que se han ido del país… ¿podía haber sido diferente para todos nosotros?


E.G.:
Por supuesto, hoy en día tenemos la tecnología suficiente para que todo el mundo pueda tener un trabajo en condiciones dignas, y además con carácter indefinido, donde nadie se quede atrapado en la pobreza y sufriendo penurias de tipo económico-social. Hoy en día -insisto- tenemos la capacidad tecnológica de hacerlo, el problema es que no hay voluntad política. Precisamente, porque para poder lograrlo habría que distribuir la renta y la riqueza que estamos generando como sociedad, pero eso supondría poner en riesgo y arrebatar determinados privilegios a las personas más poderosas de este planeta y de este país.

M.O.: Usted no sólo se muestra crítico con las medidas del Gobierno, sino que propone alternativas en su lugar ¿en qué consiste la propuesta de Trabajo Garantizado?


E.G.:
La propuesta de Trabajo Garantizado (TG) que viene siendo desarrollada teóricamente desde hace varias décadas, consiste en que el Estado tiene la obligación de garantizar un puesto de trabajo en condiciones dignas y de carácter indefinido a toda aquella persona que quiera y pueda trabajar. Es decir, la consecución final es el pleno empleo logrando que todo el mundo que quiera, pueda trabajar y tener un salario y unas condiciones dignas. Esto es algo absolutamente factible gracias a los adelantos tecnológicos y económicos que tenemos, el problema -en todo caso- es de voluntad política. Se podría articular de mil formas diferentes, pero nunca nos deberíamos preocupar por la financiación, teniendo en cuenta que esta se consigue siempre de forma ilimitada porque el dinero es una invención del ser humano; igual que a nosotros no se nos ocurriría pensar que, en una clase de matemáticas, el profesor pudiera decir: “No podemos dar la clase de matemáticas porque nos hemos quedado sin números”. Lo mismo ocurriría en el caso de que quisiéramos crear empleo y remunerar a los trabajadores si dijéramos: “Lo siento, pero es que nos hemos quedado sin dinero”. Es exactamente lo mismo, el dinero se puede crear a voluntad porque es un invento del ser humano igual que los números, por tanto la financiación no es ningún problema y, en todo caso, lo más problemático, lo más delicado es encontrar actividades que tengan una utilidad social, cultural o ecológica para nuestras comunidades. Hay mucho trabajo que hoy día ya se realiza, pero no se está remunerando y además no se visibiliza, no se dignifica, que es desarrollado sobre todo por mujeres -como sabemos- y, por otro lado, hay mucho trabajo que hoy en día no hacemos: el trabajo de cuidado de niños, de cuidado del medio ambiente, de los espacios urbanos, etc. Trabajo que podríamos remunerar para que todo el mundo pudiera trabajar y, además, trabajando menos horas de las ocho horas diarias laborales logrando, de esta forma, repartir el tiempo de trabajo y alcanzar el pleno empleo; al mismo tiempo, incrementaríamos los servicios públicos porque estaríamos creando centros de mayores, escuelas infantiles, creando nuevos espacios donde la gente va a cuidar el medio ambiente, va a cuidar los espacios urbanos, donde se van a crear y desarrollar actividades culturales, educativas, deportivas, etc.

M.O.: Usted es asesor de economía en el Ayuntamiento de Madrid, en el primer año de gobierno de Ahora Madrid -2016- se incrementó la inversión social en un 31% y la inversión en infraestructuras en más de un 150% con respecto al año anterior, también se generó un superávit de 1.022 millones de euros y la deuda se redujo un 32% por debajo de la que había con el anterior gobierno. ¿Es esta una prueba tangible de que las decisiones políticas condicionan la realidad económica y no al revés, como siempre nos han hecho creer?


E.G.:
Creo que es evidente que se pueden realizar políticas diferentes a las de austeridad y no solo tener las cuentas saneadas, sino lograr que mejoren las condiciones de vida y también la situación de la ciudad. Hemos incrementado muchísimo la inversión y el gasto social, al contrario de lo que podría parecer –según lo que nos dicen- no tenemos déficit público, ni estamos incrementando la deuda, ni nos estamos cargando las cuentas del Ayuntamiento. Es perfectamente compatible hacer un gran esfuerzo inversor y mejorar las cuentas, las dos cosas son perfectamente posibles. Lo único que hay que entender es que las políticas de austeridad que nos intentan obligar a hacer, no son el camino sino que son, precisamente, una calle sin salida que tenemos que evitar a toda costa.

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