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Todos los sectores sucumben al coronavirus

El sistema en el que vivimos ha superado numerosas recesiones. Todas provocadas por la mala gestión y los vicios humanos. Sin embargo, es la primera vez que la naturaleza pone contra las cuerdas nuestra maquinaria socioeconómica. Las anteriores crisis se han podido prever y conocer su alcance. Ésta nos ha pillado con lo puesto y las estimaciones no son sólidas. Solo sabemos que la pasaremos, pero mientras dure (y ya sabemos que el estado de alarma se extenderá más de dos semanas) dejará heridas de envergadura inestimable en cada uno de los sectores.

Financiero

El sector financiero está bajo el paraguas de los bancos centrales, así que todas las decisiones que éstos han tomado durante las últimas fechas les han convulsionado. Por ejemplo, la bajada de tipos de la Reserva Federal o la inyección de liquidez de su homólogo europeo. Estas medidas pueden dañar a las entidades reduciendo la rentabilidad o produciendo una burbuja en el precio de los activos.

Sin embargo, los bancos aceptan los perjuicios y comprenden que estas políticas se aplican para que ellos mismos tengan más herramientas para apoyar a sus clientes. «Ahora lo fundamental es ayudarles, esta es la prioridad», afirman desde la Asociación Española de la Banca (Aebanca), «y las entidades lo están haciendo poniendo liquidez a disposición de empresas y pymes, y facilitando pagos y refinanciando a las familias en situación de vulnerabilidad a través del código de buenas prácticas que no tiene comparación con otros sectores y en Europa».

Los bancos intentan trabajar con la mayor normalidad posible. Bankia mantiene sus oficinas abiertas, todas en el mismo horario, de 8:15 a 14:15, y limitando el aforo. Sin embargo, no recomienda acudir a ellas salvo casos urgente o que no se puedan solucionar vía internet. Se invita a usar los canales digitales, los cuales ha reforzado y los motoriza permanentemente para que «los clientes pueden relacionarse con los profesionales del banco y realizar su operativa habitual, evitando tener que realizar desplazamientos innecesarios», cuentan desde la entidad.

Seguros

El sector financiero es uno de los que está obligado a seguir funcionando porque la gente, más en esta situación, necesita dinero, liquidez. En una situación similar se encuentra el asegurador. Más de 10 millones de españoles tienen contratada cobertura sanitaria que también cubre el contagio por coronavirus. Por la envergadura de esta crisis, los seguros cuentan con un trabajo de mayor relevancia y dedicación que lo normal y, también con costes sanitarios extraordinarios.

Las compañías siguen atentiendo a sus clientes a través de los más de 50.000 empleados que el sector emplea y que, en estos momentos, se encuentran teletrabajando desde sus domicilios, como recuerda la patronal Unespa. Desde el organismo manifiestan que «la industria del seguro española cuenta con un nivel de solvencia elevado que le permite hacer frente a la situación desatada por la pandemia del COVID-19. En concreto, el sector excede en 2,4 veces los requisitos que establece la normativa».

El sector, eso sí, no es inmune a los bulos y la patronal ha tenido que salir al paso y reiterar que «la declaración del Estado de Alarma no modifica las protecciones que ofrece el seguro del automóvil, tanto en su modalidad de seguro a terceros como en el resto de garantías. Esta declaración institucional se realiza a raíz de la aparición de algunas informaciones incorrectas en medios de comunicación y redes sociales en la jornada de hoy en las cuales se cuestionaba la continuidad de la protección».

Energético

Cuanto más tiempo pasemos en casa, más importante es la energía (y la factura de estos meses lo reflejará). No solo por la luz, sino para poder teletrabajar y entretenernos con los dispositivos electrónicos. Por lo tanto, las compañías de este sector han adoptado las medidas necesarias para seguir operando con normalidad y, al mismo tiempo, que sus empleados estén lo menos expuestos posible.

Desde la Asociación de Empresas de Energía Eléctrica (Aelec, compuesta por Edp, Endesa, Iberdrola, Naturgy y Viesgo), afirman que las empresas «han aplicado medidas concretas en sus instalaciones y centros de trabajo para proteger la salud y seguridad de sus trabajadores, garantizando a su vez el suministro de un servicio esencial para la sociedad». Han fomentado el teletrabajo, reforzado el control preventivo de los equipos de campo y han desdoblado, replicado y compartimentalizado equipos en sus centros de control y de atención al cliente, explican.

Inmobiliario

Al inmobiliario le acaba de caer un jarro de agua fría. El Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó el pasado lunes que las compraventas en enero de 2020 cayeron un 2,6% y la transmisión de derechos de la propiedad se redujeron un 7,7%. Datos desalentadores cuando el coronavirus todavía no hacía estragos. Por lo tanto, las cifras que se registren desde el comienzo de esta crisis sanitarias prometen ser desastrosas.

El jefe de estudios de Idealista, Fernando Encinar, admite que «nuestra sociedad se enfrenta a algo completamente nuevo y desconocido. El comportamiento del mercado en 2020 será totalmente impredecible, aunque todo apunta a que el primer semestre acabará arrojando unos datos en el sector inmobiliario no vistos desde 2009 o 2010».

Tecnología

Dentro de lo malo, siempre hay brotes verdes. Así lo ven en el sector tecnológico, donde las tiendas ven muy reducidas sus ventas pero que, sin embargo, creen que esta crisis les puede dar posteriormente un impulso porque los ciudadanos y las empresas se están dando cuenta del verdadero valor de la digitalización.

El presidente de la patronal de las tecnológicas (Ametic), Francisco Hortigüela, cuenta que «muy pocas empresas teletrabajan y había poca formación telemática. Ahora, todos estamos haciendo una reinvención». Esta crisis, dice, puede «impulsar la confianza de las compañías en que muchos de sus empleados puede realizar sus labores a distancia, y a los trabajadores les ayuda a familiarizarse con las herramientas que éstas requieren».

Hortigüela recuerda que hace solo cinco años la mayoría de empresas estaban en pañales en materia tecnológica y que, menos mal, que en este tiempo se han realizado inversiones. De lo contrario, el teletrabajo durante esta crisis no hubiese sido posible. Y la podríamos afrontar aún mejor y aumentar las posibilidades del empleo a distancia si hubiese aún más recursos digitales. Por eso, sostiene, «esta crisis nos tiene que abrir los ojos para entender que debemos ser más agresivos a la hora de invertir en tecnología».

Porque, además, nos puede ayudar mucho a afrontar este tipo de alertas sanitarias que, según algunos expertos, podrían sobrevenirnos más a menudo por los cambios que está sufriendo le medio ambiente. En este sentido, Hortigüela explica que «las empresas tecnológicas están trabajando para paliar el impacto de esta crisis, desarrollando aplicaciones desde el punto de vista de la salud». Y pone el ejemplo de una compañía de Corea del Sur que ha desarrollado una app que mide la temperatura de la gente y, si da positivo por covid-19, la geolocaliza y, de ese modo, permite que las autoridades reaccionen de forma más rápida».

Transporte

Estos días, cuando asomamos las cabezas por las ventanas, lo poco que vemos en las calles son los camiones que van a las carnicerías, a las pescaderías o a los supermercados. Sin embargo, estos transportes cubren una parte pequeña de todo lo que comprende este sector, que se ha paralizado a la vez que las tiendas cerraban.

Las empresas de reparto siguen operando porque hay una demanda residual, sobre todo de cosas realmente necesarias. Pero la mayoría del trabajo de estas compañías es repartir a distintos establecimientos que han clausurado. Por ese motivo, han echado temporalmente a parte de la plantilla. Nos lo cuenta uno de sus empleados que desde el jueves de esta semana está oficialmente en paro: «Normalmente cubrimos entre seis una misma ruta, pero con la actividad que hay solo hacen falta dos, y se han quedado los que tienen más antigüedad». Decisión salomónica que podría haber tenido peores consecuencias si no llega a ser por que algunos de los clientes de esta empresa son centros sanitarios.

Los camioneros están pasando semanas muy complicadas, tanto como los taxistas. En España, existen alrededor de 66.000 licencias y muchas de ellas no están operando porque sus propietarios «tiene miedo a salir o porque tienen hijos con problemas respiratorios o están a cargo de personas mayores. Es decir son cercanas a perfiles de riesgo», admite el presidente de Radio Teléfono Taxi de Madrid, Andrés Veiga.

Las distintas ciudades irán extendiendo normativas que restrinjan la movilidad de los taxis en los próximos días. En la capital, explica, se permitirá trabajar solo al 50%. De esa mitad algunos no querrán trabajar, por lo que la oferta se reducirá al 40%. La producción, dice, ya ha caído un 80% porque, al no haber gente por la calle, no hay quien pida taxis. La labora ahora mismo consiste en desplazar a personal sanitario que trabaje un hospital pero sea reclamado por otro en el que hay más falta de médicos o enfermeros.

Automoción

Muy relacionado con el transporte está el sector de la automoción, que representa el 10% del PIB nacional y el 9% de la población activa. Desde su patronal, Anfac, advierten de que la situación actual, en España y en el conjunto de Europa, es muy preocupante y está impactando ya de manera significativa en la actividad de nuestras fábricas y establecimientos.

Los concesionarios permanecen cerrados, sin poder vender vehículos. Además, las plantas industriales vitales para la construcción de coches, como las de componentes, también prevén una reducción drástica de la producción. Es el caso de Gestamp, que ha preparado un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) para empleados de sus 22 plantas en España. Las marcas de automóviles, por lo tanto, no pueden trabajar con normalidad. Compañías como Seat o Ford han presentado un ERTE.

Turismo

Dejamos para últimos lugar el turismo, porque es el que más se ha hablado durante estos días, ya que se trata del que más sufrirá los efectos de la crisis sanitaria. Esto implica, principalmente, hoteles y aerolíneas, que han sido de las empresas más exigentes a la hora de pedir ayudas al Gobierno. Además, argumentan que las administraciones siempre han presumido del buen funcionamiento y la relevancia para la economía de esta industria en España. Por ese motivo, esperan que en estos momentos tan complicados reciban una ayuda a la altura.

El presidente de la asociación de líneas aéreas que operan en España (ALA), Javier Gándara, afirma que «si el Gobierno deja caer al sector turístico y a las compañías aéreas,el impacto económico y en el empleo será preocupante. Necesitamos el apoyo del Ejecutivo para garantizar la viabilidad futura de estos sectores».

En cuanto al aéreo en concreto, asegura que necesita «una acción contundente, un balón de oxígeno, no ya para la mitigar la crisis actual del sector, sino para garantizar su viabilidad futura. Estamos en una situación de supervivencia y se necesitan ayudas, no sólo ahora, sino con vistas alfuturo para sobrevivir una vez que la situación por el COVID-19 pase para volver a volar».

La mayoría de las aerolíneas se están mostrando flexibles con los reembolsos. Más duras son las de bajo coste, que están recibiendo críticas de sus clientes. Lo mismo ocurre con los hoteles. Las cadenas han sido comprensible con las cancelaciones, abonando a los consumidores el pago de los servicios que no usarán. Pero los establecimientos más pequeños no están siguiendo esta línea de actuación.

Solo hay que darse un paseo por los chats en la página web de Booking, uno de los portales donde más reservas hoteleras se realizan anualmente. Los clientes se quejan de que los establecimientos no les responden, permanencen en silencio, igual que la propia Booking, que no se ha manifestado ante esta situación.

Es previsible que, una vez recuperemos la normalidad, las instituciones que rigen en materia de consumo justo pasen a una situación excepcional. Recibirán muchas más denuncias de lo habitual sobre los servicios pagados y no usados. Los clientes podrán reclamar argumentando que no han acudido al hotel no por decisión propia, sino por una causa de fuerza mayor muy similar a una enfermedad, pues es lo que se intenta evitar.

Claro que en el sistema actual no existen precedentes legales de una pandemia tan grande que provoque tantos perjuicios económicos a los consumidores.

Las administraciones tendrán que actuar, hacer su trabajo y regir. Entonces, sucederá algo muy interesante, pues se verá si las instituciones están de parte de la gente o las empresas.

Los efectos del coronavirus, en realidad, no han hecho nada más que empezar.

¿Crisis en forma de U o L?

Todos los analistas están pendientes de las medidas del Gobierno para paliar la crisis, y valorar si son las adecuadas. El economista, profesor e investigador en ESIC Business & Marketing School, Fernando Castelló, sostiene que «la realidad económica de los próximos meses vendrá condicionada por el acierto de las políticas fiscales, de cobertura de riesgos y de estímulo económico». En el caso español, afirma, «la efectividad de las medidas económicas que se aprueben en el Consejo de Ministros determinará que, tras el ‘‘shock’’, nos quede una crisis en forma de U o, por el contrario, una profunda crisis en forma de L». Podemos repuntar y volver a la normalidad o caer en la depresión.

La hostelería, congelada

Los bares y restaurantes están totalmente paralizados. Muchos de ellos no están holgados de ahorros e ingresos. Así que ante el cese de la actividad se han visto obligados a ejecutar un ERTE para ahorrar en costes. El propietario de un bar en una céntrica calle de Madrid explica que siempre ha «tenido lo suficiente como para permitirme cerrar cuando me daba la gana, incluso los fines de semana, durante las fiestas del barrio o un mes de verano entero». A los empleados les pagaba el día como si trabajasen pero «esta situación es tan impredecible que no me puedo arriesgar».