Tropiezos de la recuperación económica de Europa

¿DONDE ESTA EL CRECIMIENTO SOSTENIBLE?

La economía europea ha entrado en su quinto año de recuperación, que está alcanzando a todos los Estados miembros de la Unión Europea (UE), resumió la Comisión Europea en sus pronósticos económicos de primavera, previendo que la recuperación continuará a un ritmo bastante estable este año y el próximo.

Con el consumo privado impulsando constantemente el crecimiento y el comercio exterior expandiéndose moderadamente, el crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) de la UE se espera que alcance el 1,9 por ciento este año, según una proyección de la Comisión Europea.

No cabe duda de que después de años de crisis, Europa ha entrado con éxito en una recuperación cíclica de base amplia, lo que se confirma mediante datos alentadores como una tasa de desempleo decreciente y una creciente tasa de inflación general, entre otros. Sin embargo, se cree que el potencial económico de Europa se mantiene por debajo de su nivel anterior a la crisis.

Luchando por hacer frente a la crisis financiera durante casi una década, la UE no ha logrado un retorno creíble al vigor económico, dijo Maria Demertzis, subdirectora del grupo de expertos de la UE, Bruegel.

“Es cierto que Europa ha visto recientemente un crecimiento renovado, pero sigue siendo débil y precario”, dijo en un artículo publicado recientemente.

El crecimiento económico de Alemania, la mayor economía de Europa, parece tener una base sólida, pero sigue siendo poco fiable.

“La robusta recuperación cíclica está enmascarando la creciente erosión del crecimiento”, dijo Deutsche Bank en un informe de investigación publicado el mes pasado, advirtiendo que para el 2025 la tendencia de crecimiento en Alemania parece reducirse a solo el 0,75 por ciento.

En Italia, donde un tercio de los jóvenes siguen desempleados, solo un 6 por ciento de las personas expresó optimismo hacia el crecimiento futuro, según un informe.

POLITICA INEFICAZ

La política monetaria ultraflexible del Banco Central Europeo (BCE) ha conseguido preservar el euro, evitando el derrumbe de la moneda única, la recesión a largo plazo y la deflación, en línea con las palabras del presidente del BCE, Mario Draghi, cuando afirmó “lo que sea necesario …” en el verano de 2012.

El paquete de herramientas de política monetaria flexible, convencionales y no convencionales, incluyendo un tipo de interés cero más compras masivas de activos de más de dos billones de euros (2,4 billones de dólares) hasta agosto, han estado funcionando en la zona del euro, pero a su vez han provocado la adicción de la recuperación al dinero barato proporcionado por el Eurosistema, por lo que el BCE sigue sin tener la suficiente confianza para disminuir la flexibilización cuantitativa.
La política monetaria por sí sola no es suficiente para impulsar la economía, dijo Draghi, instando a acelerar la política fiscal, así como las reformas estructurales tanto a nivel de la UE como a nivel nacional.

De hecho, la inversión ha contribuido mucho menos al crecimiento en Europa en el actual contexto de desapalancamiento y consolidación fiscal.

El índice de inversión en la zona del euro es actualmente de alrededor del 15 por ciento, muy inferior al nivel de principios de 2009, mientras que el ratio de deuda pública de la eurozona se ha elevado hasta el 89,5 por ciento hasta el primer trimestre de 2017, lo que hace que muchos países se enfrenten al dilema de reducir el déficit y ampliar la inversión.

“La mejora de las perspectivas a corto plazo está empañada por significativos riesgos de caídas, especialmente a medio y largo plazo”, según el informe del FMI sobre la política de la eurozona que se publicó en julio.

El FMI instó a que los países de alta deuda con un espacio fiscal relativamente menor, como Italia, Francia y Portugal, se consoliden para poner la deuda en una trayectoria descendente y reconstruir ‘amortiguadores’.

No solo la dinámica de inversión moderada, sino también las reformas estructurales lentas, que son la clave para resolver los problemas estructurales, han llevado a un crecimiento crónicamente lento de la productividad en Europa.

“Europa ha experimentado una disminución de dos décadas en competitividad”, dijo el Banco Europeo de Inversiones (BEI) en un informe.

“Esta tendencia ha socavado la capacidad comparativa de las empresas europeas para competir y proporcionar empleos gratificantes y un alt

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