¿Una reforma para salvarnos de repetir elecciones?

Por Ángel Solano-García

Recientemente hemos sido testigos de cómo por primera vez se repetían unas elecciones en nuestro país por resultar fallido el proceso de formación de gobierno. La incertidumbre política y sus consecuencias potencialmente negativas coparon las portadas de muchos periódicos. También, este blog dedicó en su día varias entradas a los posibles costes producidos por la falta de gobierno (aquí y aquí). No es mi intención ahondar en las consecuencias económicas de la incertidumbre política originada por dicha falta, sino más bien incidir en las motivaciones estratégicas que desencadenaron esta nueva experiencia en el panorama político español.

Tras la repetición de las elecciones generales de Junio de 2016, la fractura del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en torno a la decisión de dejar gobernar al partido más votado, el Partido Popular (PP), fue evidente. Y su coste en términos de votos en futuras elecciones está por verse. En cualquier caso, recientemente se publicó la noticia de que el PSOE estudiaba presentar una propuesta de cambio de la Constitución para evitar que se repitiera otra vez la prolongada falta de gobierno. Dicha propuesta, liderada por Eduardo Madina, consistiría en cambiar el proceso actual de formación de gobierno haciéndolo similar a los métodos utilizados en el Principado de Asturias o el País Vasco.

Tras las elecciones al Parlamento Vasco, cada partido con un mínimo de representatividad puede proponer a un candidato para formar gobierno y cada congresista puede únicamente votar a un candidato o abstenerse, no permitiéndose la votación en contra. Si en primera votación ningún candidato obtiene mayoría absoluta se lleva a cabo una segunda votación en la que el candidato con más votos se proclama Lehendakari. El método asturiano es parecido pero en segunda votación se enfrentan únicamente los candidatos más votados en primera votación. En cualquier caso, ambas normas, al eliminar la posibilidad de repetir elecciones, eliminan las aspiraciones de los partidos perdedores a mejorar sus resultados en una repetición de los comicios. Todo esto convierte los procesos de negociación postelectorales entre los partidos con menos representación en la única forma de impedir que el partido con un mayor número de escaños forme gobierno.

Actualmente enseño Teoría de Juegos a los alumnos de la Universidad de Granada. Una de las actividades que deben realizar al final del curso es identificar un comportamiento estratégico real en una noticia de prensa de su elección y traducirlo en un juego no cooperativo de acuerdo con lo aprendido en el curso. Cuando leí esta noticia sobre el cambio de ley pensé que podría servirme como ejemplo de dicho ejercicio.

Suponga el siguiente escenario ficticio: El PP gana las elecciones, obteniendo un número de escaños tal que sumado a los escaños de Ciudadanos (Cs) da un número menor que la suma de escaños de PSOE y Unidos Podemos (UP), obteniendo el PSOE más escaños que UP. Consideremos que los grupos nacionalistas preferirían un gobierno del PSOE que del PP. Con un cambio de Ley a la vasca tendríamos que la negociación entre PSOE y UP tras la primera votación se volvería clave para sus aspiraciones de gobierno. El planteamiento de dicho juego sería el siguiente: PSOE y UP tienen cada uno dos posibles estrategias que son renunciar a parte de su programa (R) o no renunciar (NR). Si UP renuncia tendríamos que el PSOE formaría gobierno en solitario; si UP no renuncia y el PSOE sí lo hace, ambos partidos gobernarían en coalición; y si ninguno de ellos renuncia gobernaría el PP. Las matrices de resultados (Tabla 1) y pagos (Tabla 2) serían las siguientes:

Tabla 1. Matriz de resultados

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Tabla 2. Matriz de pagos

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Podríamos suponer que las preferencias del PSOE son tales que su primera opción sería gobernar en solitario sin renunciar a su programa. Su segunda opción sería gobernar en solitario y que ambos partidos renuncien a su programa. Estos dos supuestos implican que 0< a < c . Sin embargo, no está claro que el PSOE prefiera gobernar en coalición con UP a dejar gobernar al PP, esto es, que c > 1 o c < 1. En cuanto a UP, podríamos asumir que prefiere gobernar en coalición con el PSOE a que lo haga el PSOE en solitario, y prefiere que ambos partidos renuncien a su programa a que solo lo haga él para que gobierne el PSOE. En cualquier caso prefiere un gobierno del PSOE que del PP. Esto es, 0 < b < d <1.

Para estas preferencias, si el PSOE prefiere gobernar con UP a dejar gobernar al PP (c < 1) entonces obtenemos dos Equilibrios de Nash donde un solo partido renuncia a su programa. Pero si el PSOE prefiere que gobierne el PP a gobernar con UP (c > 1) solo queda un equilibrio en el que UP renuncia a su programa para que gobierne el PSOE. UP puede no conocer el tipo del PSOE (c > 1 o c < 1), pero el futuro resultado de las primarias de este último puede servir de señal clara de a qué tipo se enfrenta.

Es cierto que Eduardo Madina puede estar muy preocupado por las consecuencias económicas de la inestabilidad política generada por la falta de gobierno, pero también cabe la posibilidad de que contemple las consecuencias estratégicas favorables para su partido de un cambio de la norma de este tipo. No conocemos las motivaciones de Madina pero sí lo que nos dice la Teoría de Juegos: una candidata como Susana Díaz probablemente haría que el cambio de Ley fuera beneficioso para el PSOE en el hipotético escenario descrito anteriormente.

Finalmente, quizás un modelo postelectoral de formación de coaliciones parecería más sensato para modelizar esta situación que un juego no cooperativo. Un ejemplo de ello es el estudio de Enriqueta Aragonés aplicado a la formación de gobierno en Cataluña. Sin embargo, un entorno no cooperativo entre PSOE y UP tampoco parece tan descabellado dado su comportamiento en negociaciones pasadas.

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