Y el resultado de las negociaciones sobre el Brexit fue… el que se esperaba

Las negociaciones entre Londres y Bruselas finalmente han llegado a buen puerto, o más bien deberíamos decir que han amarrado en el último puerto existente en la costa, tras el cual ya sólo se cernía una negra tempestad de negros nubarrones y peor oleaje.

A pesar de la irracionalidad de la decisión que supuso que el Brexit saliese victorioso en el famoso referéndum, parece que un mínimo de racionalidad se ha impuesto entre las autoridades británicas, que realmente ya eran conscientes de su incierto destino desde el principio de las negociaciones. Jugaron bien las cartas que tenían, aunque realmente estaban marcadas por ellos mismos, y el desenlace final de las negociaciones no podía ser otro más que el que hemos visto en los últimos días. Tal y como les adelantamos hace meses, Reino Unido tenía todas las de perder, y consecuentemente ha perdido por goleada. Lo analizamos hoy para ustedes.

Londres pierde por goleada en todo menos en un pírrico punto dejado como premio de consolación

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Según pueden leer en esta noticia de El Español, en los últimos días se ha cerrado un primer acuerdo entre las autoridades europeas y las británicas sobre el Brexit. Nueve meses han sido, nueve, de intensas negociaciones entre el bloque europeo y el futuro ex-socio de las islas británicas, incluyendo una noche en blanco para culminar al día siguiente con el anuncio del acuerdo del Brexit. Este acuerdo llega año y medio después de aquel funesto referéndum en el que Reino Unido optó por tirar piedras contra su propio tejado, y por un potencial decrecimiento socioeconómico bastante importante. Finalmente los britanicos abandonarán al resto de los europeos a finales de marzo de 2019, culminando el desastre negociador que supone que hayan claudicado en todo menos en un asunto menor.

Como pueden leer en este otro artículo acerca de los detalles del acuerdo, eran tres los temas negociados en esta primera ronda de las negociaciones. El primero de ellos afectaba a la denominada “frontera invisible” entre Irlanda del Norte, terreno nacional de Reino Unido y que dejará la Unión Europea con él, e Irlanda, país que sigue integrado en la Unión Europea. Esta nueva frontera amenazaba con volver a abrir las heridas en el Ulster, quebrando un frágil proceso de paz que podría haber traído de nuevo la violencia a la región y a todo el país.

El acuerdo se ha adaptado a las pretenciones de la UE, y ha sido el de mantener la citada “frontera invisible”, que permita la circulación de personas y mercancías, y no dividir de nuevo a la isla irlandesa. El débil gobierno de May depende de los unionistas de la DUP para gobernar, y aunque inicialmente vetaron este punto del acuerdo, finalmente lo han acabado aceptando porque se admite la posibilidad de adoptar una propuesta alternativa antes de la fecha final en que se consumará el divorcio. Primer punto para el bloque europeo.

El segundo punto de negociación afectaba a los derechos y la situación legal en la que se quedarían los 4,5 millones de ciudadanos desplazados a suelo del contrincante. El gobierno de May siempre amenazó con dejar a la numerosa población de ciudadanos europeos afincados en UK en una situación de precariedad socioeconómica e incluso legal. Pero finalmente las ambiciones de Bruselas se han impuesto, y se respetarán los derechos adquiridos según el marco legal actual de los 3,3 millones de europeos que residen en Reino Unido (entre ellos 100.000 españoles); no olvidemos que también de los 1,2 millones de británicos que viven en el continente (300.000 en España). Y no sólo de los trabajadores inmigrantes en Reino Unido actuales, sino también de sus hijos (incluso de los nacidos después del Brexit). Además se permitirá la reunificación familiar a pesar de la oposición frontal inicial de UK.

Como nos detallaba El Español, estos ciudadanos tendrán el derecho a residir allende del Canal de la Mancha indefinidamente en su misma situación legal en la fecha de corte, y se prohíbe explícitamente cualquier tipo de discriminación por su nacionalidad. Los británicos no han sido capaces de imponer sus intenciones ni siquiera en la definición de dicha fecha de corte, que trataban de que coincidiese con la misma fecha del referéndum del Brexit, el 23 de Junio de 2016. Finalmente la fecha de corte será cuando Bruselas quería, coincidente con la fecha definitiva de salida de UK, el 29 de Marzo de 2019, y prorrogable dos años según el margen de transición adicional que se ha dado a Reino Unido. Segundo punto para la UE.

Y el tercer punto del acuerdo es tal vez el que mayores polémicas ha desatado en los medios, y se refiere a la factura que UK deberá abonar a la UE por los compromisos adquiridos durante su tiempo de permanencia en la Unión. Como no podía ser de otra forma, tratándose de dinero, éste ha sido un verdadero caballo de batalla, en el que hemos llegado a oir por boca de los mismísimos negociadores británicos que el Reino Unido no debía pagar ninguna factura, sino que era la UE la que tenía que pagar a UK por irse.

El acuerdo finalmente alcanzado no se basa en una factura con una cifra concreta, sino en una forma de calcularla, que según las fuentes conocedoras de la situación incluye un compromiso por parte de UK a abonar una factura entre 40.000 y 45.000 millones de euros. Una cifra mucho más cercana a las pretensiones iniciales de la UE que a las de Reino Unido, y que además viene denominada en Euros a pesar del importante riesgo bajista del cambio libra-euro ante el Brexit. De nuevo otra victoria para las fuerzas europeas, y ya van tres.

El único punto en el que se puede decir que Londres se ha salido con la suya ha sido en que Bruselas acepta pagar el traslado de la Autoridad Bancaria Europea (EBA) y de la Agencia Europea del Medicamento (EMA). Así que si hacermos cuentas en conjunto, la negociación no puede ser calificada más que de una victoria aplastante de la Unión. Y posiblemente este punto no sea en realidad ninguna victoria británica, sino tan sólo es un caramelo político que les han regalado desde Bruselas para que May pueda vender internamente algún punto positivo, y no sólo derrota tras derrota.

La crónica de una muerte anunciada… O más bien: crónica de un susto (mejor que muerte) anunciado

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Pero el desenlace de las negociaciones no debe sorprender a nadie, esperamos que especialmente no a nuestros lectores habituales. El hecho es que, desde hace bastantes meses, y de forma recurrente en varios análisis sobre el tema, les venimos advirtiendo de lo potencialmente destructivo para UK que es un proceso como el Brexit, y de cómo las autoridades británicas partían en las negociaciones en una posición de evidente debilidad ante el gigante europeo, que recordemos que es una de las grandes superpotencias del planeta y el principal socio comercial de Gran Bretaña.

La victoria ha sido difundida a los cuatro vientos, pero lo cierto es que debemos recordarles desde estas líneas, comprometidas con el rigor y la objetividad, de que ésta ha sido tan sólo la primera fase de las negociaciones del Brexit, con las condiciones de salida de Reino Unido como único tema de negociación. Ahora empiezan las negociaciones sobre las relaciones comerciales futuras entre UK y la UE, pero no se puede negar que asistir a esta obra de teatro en dos actos ha sido otra victoria de Bruselas, puesto que UK siempre trató por todos los medios de negociar ambos temas a un tiempo.

Los británicos intentaron unificar ambas negociaciones, sabedores de que sus pocas bazas consistían en que, si el marco comercial futuro no les satisfacía, sólo podían amenazar con extremos como no abonar la factura pendiente europea tras el Brexit, o cercenar los derechos de los europeos en suelo británico. En esencia, su baza consistía en amenazar con forzar un hard Brexit en el que el daño fuese también importante para la UE: vamos, era pasar del win-win de la UE al más puro lose-lose de un divorcio convulso, en el que “yo pierdo más pero tú también vas a sufrir”. Finalmente ésta ha sido la primera y sonora victoria de Bruselas sobre un Londres consciente de su debilidad desde el primer día de las negociaciones. Y ha sido una victoria doble, porque Europa se ha salido con la suya en todo menos un asunto menor, y segundo, porque Europa también ha impuesto su criterio en el qué y el cómo se negociaba.

Como les analizamos en el artículo “La UE puede romperse y el Brexit sería el detonante“, siendo como decimos plenamente conscientes en Reino Unido de que jugaban con una clara desventaja desde el principio, diseñaron su estrategia con la única opción de atacar al gran punto débil de la Unión: la heterogeidad de Europa donde conviven diferentes naciones con intereses a veces dispares. El objetivo no era otro más que el clásico “divide y vencerás”, y como parte de esta triste y única estrategia intentaron con diplomacia política y económica romper la unidad del bloque común europeo.

Como ya advertimos desde estas líneas en el análisis del enlace anterior, era momento de “más y mejor” Europa, momento de estar más unidos que nunca, y momento de abordar el complejo proceso del Brexit con una única y unánime voz. Los dirigentes europeos han sabido ver tanto el peligro como el reto, y han optado por esta estrategia que les ha dado los mejores resultados (dentro de lo posible), puesto que el Brexit es realmente un evento socioeconómicamente destructivo para ambas partes.

Pero el riesgo de que las negociaciones se abordasen mal, de que Europa se convirtiese en una jaula de grillos, y de que el Brexit acabase trayendo la desintegración europea al grito de “dispérsense”, finalmente parece que se ha acabado de disipar. Enhorabuena a los negociadores europeos porque desde el primer momento nombraron unos interlocutores únicos europeos para negociar el Brexit, en vez de abandonarse a la disparidad de intereses e idiosincrasias nacionales. Hay que destacar la tenacidad y la visión con la que los dirigentes europeos han sabido enfrentarse a este doloroso proceso. La alternativa no es que fuese mala, es que realmente no teníamos alternativa, porque un fracaso de la UE ante el Brexit posiblemente habría significado el fin de la Europa que conocemos.

Las ventajas de atravesar las tempestades en transatlántico frente a hacerlo en una barca

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Algunos euro-escépticos dirán que esa desintegración debería haber sido el objetivo de todos los europeos desde el principio, y simplemente les diré de nuevo que Europa puede construirse o de-construirse, es una soberana decisión que nos corresponde a todos los europeos en cada momento de la Historia. Pero ambos procesos deben ser abordados con la misma serenidad y tiempo: agitando con un palo el avispero europeo lo único que los agitadores van a conseguir es que las avispas nos muerdan a todos. Y dicho sea de paso, permítanme recordarles que esta Europa que algunos tanto critican ha permitido que los habitantes en suelo europeo hayamos podido disfrutar del periodo de paz más largo de los últimos siglos. Si ésa no es una de las metas más importantes que cualquier europeo debe tener en mente, por favor, echen la vista atrás al mismo siglo XX.

Pero no sólo de paz va el asunto (sin restar ni un ápice de importancia a este punto), puesto que ya analizamos en el artículo “Orwell tenía razón: predicciones económicas acertadas de su libro 1984 que nuestro mundo de hoy en día se asemeja sorprendentemente a aquel que visionariamente describió Orwell. Hoy por hoy, el bienestar de los ciudadanos de un país y la estabilidad de su socioeconomía depende fuertemente de su integración en uno de los grandes bloques socioeconómicos que se reparten el mundo.

Dichos bloques están en contínua pugna por extender sus áreas de influencia, y Europa sabe muy bien que su futuro y su fuerza están en mantenerse unida y seguir siendo una superpotencia con voz (y valores) propios, en vez de una miríada de países cada uno tirando en una dirección y a merced de las injerencias de otras superpotencias. Ya saben aquello de “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Desde el principio tuvimos claro en estas líneas que los británicos estaban cometiendo un error histórico, y se estaban saliendo de uno de los pocos puertos (relativamente) seguros que hay en el mundo.

También supimos ver que los británicos entraban en estas negociaciones de la peor de las maneras posibles: en una situación de inferioridad y debilidad conocida públicamente por todas las partes, especialmente porque no hay peor forma de afrontar una negociación mas que con prisas (y siendo el oponente consciente de ello). Y los británicos tenían mucha prisa por restablecer la seguridad jurídica y económica en el país tras el referéndum, ya que muchas las empresas les estaban empezando ya a comunicar que se iban a ir del Reino Unido. Y de aquellos polvos estos lodos: así han acabado las negociaciones.

Recordemos que además el Brexit todavía ni siquiera ha empezado, por lo que por ahora sólo estamos viendo sus primeros arañazos, y a los británicos les falta por sentir sus dentelladas más afiladas. Como muestra de esos primeros arañazos, pueden leer en esta noticia de The Guardian lo que ha ocurrido en Reino Unido desde la decisión de abandonar Europa, y cómo la dañina bestia de la inflación se ha despertado al otro lado del canal. Resultaba obvio que una economía con fuertes interdependencias y lazos económicos con el resto del continente, insustituíbles a corto y medio plazo con tejido empresarial nacional, iba a acabar importando inflación de forma importante, dada la inevitable devaluación de la libra.

Los británicos desde el principio tenían todas las cartas en contra, jugaron hasta la opción del órdago, pero los europeos sabían perfectamente que era el gruñido de un perro que llevaba el bozal de estar en inferioridad de condiciones, al enfrentarse a una superpotencia económica de otra dimensión como es una Europa unida. El Brexit es un error, muy democrático, pero eso no lo hace menos error. De hecho los británicos siempre lo han sabido, y poco después del referéndum ya se dieron cuenta: las encuestas de opinión sobre el tema dieron un claro vuelco. Los primeros datos económicos enlazados antes además han confirmado con hechos constatables lo que algunos medios salmón veníamos anticipando desde hace tiempo.

Y lo más complejo de las negociaciones está todavía por venir

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¿Recuerdan ahora aquello de que siempre les hemos dicho que las masas también se equivocan? Por mucho que la realidad a veces se vuelva irreal, la realidad económica es lo que tiene: siempre se acaba imponiendo. Y sí, también en una negociación, a no ser que una de las partes sea un ignorante económico, extremo al cual parece que Theresa May no llega. Porque es mejor aceptar una derrota y tratar de minimizar los efectos de un Brexit por el que, por cierto, ella no hizo campaña, que arruinar totalmente a un país con un hard Brexit totalmente suicida. Una lección de la que otros deberían aprender: una cosa es tener la mala suerte de caer en la pobreza, y otra muy distinta es abrazar intencionadamete la pobreza, y además hacerlo con total alevosía. Porque no son sólo las negociaciones comerciales pendientes con Europa, es que además UK debe negociar en paralelo más de 700 tratados internacionales con terceros en una posición de debilidad, cuando deje de estar bajo paraguas jurídico y comercial europeo. Casi nada.

Pero ni los brtiánicos deben tranquilizarse, ni los europeos deben dormirse en los laureles de esta primera fase de las negociaciones. No podemos obviar que lo más dificil de las negociaciones del Brexit empieza precisamente ahora, y que además es lo potencialmente más dañino para UK: si no se alcanzan unos acuerdos comerciales que no les perjudiquen gravemente, pueden perder su principal mercado y con ello buena parte de su economía, su bienestar social y sus puestos de trabajo. Adicionalmente está la dificultad añadida del largo plazo necesitado para cerrar las primeras negociaciones, que deja apenas unos meses para cerrar unos acuerdos comerciales bastante más complejos. No obstante, desde el punto de vista de la Unión Europea, la parte más difícil, y con la que Reino Unido más podía amenazar, está ya cerrada. Realmente, en el tema de las nuevas relaciones comerciales a firmar, Reino Unido está en una mayor inferioridad de condiciones que con las negociaciones cerradas hasta el momento.

En estas primeras negociaciones UK podía amenazar con perjudicar a millones de europeos residentes en las islas, podía amenazar con no pagar un euro al irse, podía amenazar con perjudicar a Irlanda y atizar las brasas que quedan en el Ulster, pero ¿Qué baza le queda a UK de cara a definir unos acuerdos comerciales que los británicos necesitan como el beber agua y que la UE podría mayormente pasar sin ellos? Nada. Pero nada de nada. Aquí ya no hay ni órdago posible, y esa delicada situación es precisamente la que Theresa May ha intentado evitar a toda costa.

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Eso sí, las autoridades europeas deberían tener en cuenta que, aunque vayan a “chutar” balones ante una triste portería sin portero posible, el daño que pueden infligir a la economía británica puede acabar siendo excesivo. En ese escenario, o bien forzarían al gabinete de May a retractarse incluso en lo ya pactado, o bien podrían incluso sumir a UK en una profunda crisis económica, en la cual el mismo populismo que trajo el Brexit pueda ir en peligroso auge. No olviden lo que pasó en la malograda República de Weimar con la ruina económica alemana tras los draconianos acuerdos del fin de la primera guerra mundial (ya saben qué vino después)… Y es que hay victorias que a largo plazo pueden acabar saliendo muy caras. O quizás no sea así, tal vez entonces los británicos simplemente se plantearían volver a Europa, pero en ese caso, ¿Deberíamos los europeos dejarles volver a formar parte del selecto club habiéndonos dejado plantados? Igual entonces el referéndum teníamos que hacerlo en el continente. A veces el futuro es apasionante, a veces resulta amenazador, pero lo que está claro es que nunca nunca nunca nos aburriremos.

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