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2D: Día de reflexión

Creo que ha llegado el momento de cumplir al pie de la letra todo lo que en teoría deberíamos hacer durante las horas previas a unas elecciones. Se trata principalmente de darle sentido a ese periodo de tiempo tan decisivo y fundamental que se ha dado en llamar “día de reflexión”.

Agotado por mi parte el periodo de reflexión previo a depositar mi voto en la urna, la conclusión obtenida antes de adoptar tan sagrada decisión pasa por episodios y temas tan a tener en cuenta como los siguientes:

En primer lugar, yo no puedo acudir en conciencia a votar a unas elecciones autonómicas, cuando es precisamente ese sistema autonómico conformado por diecisiete reinos de taifas y objetivo principal del clientelismo político, el cáncer principal de la nación española.

Acudir a votar no es una “fiesta” como quieren hacer creer los candidatos que optan al “paraíso de los inmortales”. Probablemente sea una fiesta para ellos, para los que resulten elegidos, pues a la vista de los chollos que alcanzan no les faltan razones. En una democracia de verdad emitir el sufragio no es algo baladí, se trata de elegir a los que tienen que dirigir y gestionar y administrar intereses tales como por ejemplo la justicia, y el dinero de todos. Por lo tanto, votar debería ser algo mucho más serio y trascendental que el hecho de meter un sobre con una papeleta en una urna. El votante debería por lo menos repasar, antes de emitir su voto, la trayectoria de los que han llevado a nuestra nación a la lamentable situación en la que se encuentra. Y, por supuesto, valorar muy seriamente quienes son, a qué aspiran y que nos ofrecen los líderes insertos en esas listas cerradas de las formaciones políticas, y por qué algunos tienen el privilegio en exclusiva de aparecer en los medios de comunicación.

Cuarenta años de ingeniería social han dejado a nuestro pueblo sin capacidad de reacción. Cuatro décadas de meticulosa programación, adoctrinamiento y lobotomía a través de los centros de enseñanza y los medios de contaminación, para perpetuarse en el poder contra viento y marea y pese a quien pese. Somos testigos de excepción de nuestros males pero no reaccionamos ante ellos:

Hemos visto cómo el sistema autonómico es una carga demasiado pesada e insostenible para el bolsillo de los contribuyentes, que tienen que soportar para su mantenimiento una presión fiscal que llega a ser confiscatoria.

Hemos visto cómo se han arrancado los valores morales de nuestra sociedad, y cómo excluyeron el patriotismo como virtud en los centros escolares. Se insulta y humilla al Jefe del Estado; se hace mofa y befa de nuestro himno. Y hasta cualquier hijo de puta se limpia sus mocos con nuestra bandera públicamente a través de las pantallas de televisión.

Hemos visto el bajo nivel académico y la violencia en los centros docentes, las agresiones de adolescentes a sus profesores, las palizas de los hijos a sus progenitores, y hasta la violencia que se ejerce contra cualquier facultativo en una consulta médica.

Hemos visto cómo Felipe González con sed de venganza, abrió la verja de Gibraltar en 1982, origen principal de los episodios humillantes que hoy soportamos del imperio británico pasándose por el forro las resoluciones de la ONU, a pesar del Brexit y de no pertenecer a la UE.

Hemos visto cómo se ha permitido que grandes multinacionales norteamericanas y francesas junto al comercio asiático, hayan desplegado sus tentáculos por todo nuestro territorio, condenando al pequeño comercio español a la asfixia, la ruina y el cierre.

Hemos alcanzado el número UNO en consumo y tráfico de drogas de toda la Unión Europea, y cómo ciertas formaciones políticas tienen como objetivo la legalización de la marihuana.

Hemos visto cómo nuestra entrada sin cautelas en la Unión Europea nos condicionó a desmantelar nuestra industria pesquera, naval, siderúrgica, agrícola y ganadera, quedando reducidos por mandato de Bruselas a un país de camareros imponiéndonos el euro como moneda.

Hemos visto cómo los socialistas con campañas incluso amenazantes de “OTAN de entrada ¡No!” Mintieron descaradamente volteando su signo para meternos de lleno en la NATO.

Hemos visto cómo el señor Aznar ejercía de bufón del presidente norteamericano metiéndonos en una guerra donde no se nos había perdido nada, mientras suprimía el Servicio Militar obligatorio y cooperaba y compadreaba con el separatismo catalán.

Hemos visto como “los de la ceja” copaban con manifestaciones los medios contra la guerra de Irak y la tragedia del Prestige, odiaban a España públicamente, pero se quedaban mudos ante la “hoja de ruta” de Zapatero cumplimentada después por Rajoy, que dejaba en libertad a terroristas etarras, narcotraficantes, violadores y asesinos en serie de niñas indefensas.

Hemos visto cómo miles de viudas sobreviven con pensiones de miseria, mientras Esperanza Aguirre allá por 2003, llegó a percibir mensualmente tres pagas del Estado, de las que sólo una, reportaba a la entonces senadora popular 12.000 euros mensuales.

Hemos visto cientos de familias españolas acudir a los comedores de Cáritas, un millón de hogares sin ningún tipo de ingreso, mientras se pagan cientos de millones de euros por futbolistas extranjeros para participar en la Liga española.

Hemos visto a los reyes de España o a la socialista Fernández de la Vega viajar oficialmente a China y al okupa de la Moncloa recibir al primer mandatario de aquel país, sin importarles los fusilamientos de opositores al régimen comunista más asesino de la historia; los niños maltratados en los orfanatos; las mujeres perseguidas por engendrar una niña en un segundo embarazo, o la explotación que se ejerce en fábricas de cuya producción somos clientes destacados.

Hemos visto el Congreso de los Diputados prácticamente vacío de “aforados” en horario de sesiones, y cómo sus señorías votaban con los pies al objeto de ejercer el sufragio por sus compañeros ausentes en el hemiciclo, y como esa Cámara ha sido convertida en una auténtica zahúrda donde se insulta, se difama, y hasta se escupe a un ministro.

Hemos visto, tras el atentado de Atocha (11-M), un proceso judicial plagado de sospechosas irregularidades sin que sepamos hasta la fecha quienes fueron los autores intelectuales de la masacre.

Hemos visto a los socialistas proclamar “papeles para todos” provocando un “efecto llamada”, y la aprobación de una Sanidad Universal, para que miles y miles de inmigrantes ilegales entren en nuestro país colapsando los servicios públicos, y con preferencia absoluta para la percepción de subvenciones, prestaciones y ayudas sociales de toda índole.

Hemos visto a socialistas y comunistas perseguir con obsesión al catolicismo ante el silencio cómplice del Partido Popular, mientras permiten que el fundamentalismo islámico -cuya doctrina somete y mutila a las mujeres y ahorca a los homosexuales-, haya tomado posiciones en nuestro país ante el silencio de feministas y grupos afines.

Hemos visto al pueblo salir a la calle dispuesto a todo porque una decisión arbitral condenaba a un equipo de fútbol a bajar de categoría, y sin embargo, ese mismo pueblo guardaba minutos de silencio, se pintaba las manos de blanco o se colgaba lazos negros en el pecho en manifestaciones silenciosas contra la ETA, provocando la carcajada y la burla de terroristas y asesinos.

Hemos visto cómo los gestores de grandes empresas que aumentaron sus fortunas con cientos de miles de millones de euros durante la burbuja inmobiliaria, huían despavoridos con las alforjas llenas a paraísos fiscales, para después presentar ERE,s indiscriminados despidiendo a millones de trabajadores bajo la mirada cómplice de los que por su condición y cargo, percibieron durante años comisiones o sobres sin membrete de esas mismas empresas.

Hemos visto cómo en España se subvencionan cambios de sexo con dinero público, mientras nuestros ancianos tienen que costearse las prótesis dentales, y mientras los niños carecen de asistencia odontológica “total” cubierta por la Seguridad Social.

Hemos visto cómo el Gobierno de Rajoy y de Soraya Sáenz de Santamaría recortaba salarios y prestaciones a los trabajadores y pensionistas españoles, auspiciaba los contratos-basura y los despidos libres, alargaba la edad de jubilación para los cotizantes, y sin embargo, ni un solo golpe de tijera en lo referente a devengos, dispendios, prebendas y privilegios de sus señorías políticas representantes de cualquier formación.

Hemos visto a un Jefe del Estado irse de cacería y a su hija y su yerno llevárselo crudo mientras España se encuentra en trance de muerte como nación, por padecer la mayor crisis existencial de su historia.

Hemos visto subvencionar con millones de euros a asociaciones y fundaciones políticas de todo pelaje con dinero público, y una gigantesca red clientelar de los partidos amorrada a la ubre del Tesoro Nacional, mientras se recortan ayudas para discapacitados y personas en estado de extrema pobreza, y crecen las listas de espera en los hospitales públicos.

Hemos visto cómo ha sido rescatada la banca con cuarenta mil millones de euros de dinero público tras ser expoliada por representantes políticos y sindicales, mientras los españoles desempleados son desahuciados de sus viviendas por impago de su hipoteca, y los autónomos y PYMES sufren la asfixia por la subida de impuestos y la falta de crédito.

Hemos visto cómo los políticos corruptos por su condición de “aforados”, ralentizan los procesos judiciales buscando la prescripción de los mismos.

Hemos visto cómo se indultaba a placer a delincuentes de “guante blanco” sin rendir cuentas a nadie, mientras jóvenes españoles de familias humildes se pudren en prisión por delitos menores, o ante la imposibilidad de depositar una fianza.

Hemos visto cómo delincuentes vestidos de uniforme al “servicio personal” de “la casta” pero con grabadora en ristre como “arma” de destrucción masiva, se reunían con jueces y fiscales para tramar contra empresarios, políticos y magistrados, mediante señuelos de vicio y fornicio.

Hemos visto en Andalucía -feudo genuino de PSOE-IU-, cómo sus dirigentes se apropiaban de más de 800 millones de euros de dinero público, mientras los del PP hacían lo propio en sus feudos respectivos.

Hemos visto cómo los que alardean de honradez dentro de los partidos podridos por la corrupción y por no soltar la teta, NUNCA han solicitado la baja del partido ni se han presentado como acusación particular contra aquellos “chorizos” compañeros de filas.

Hemos visto como en Cataluña, el expolio de la familia Pujol y las ansias separatistas de sus dirigentes, daban un golpe de Estado ante el inmovilismo del Gobierno de la nación, llevando a esa rica región -motor industrial de España-, a la mayor ruina económica de su historia y dejándola al borde de una guerra civil.

Hemos visto como los hijos de España mejor preparados son incapaces de alcanzar un puesto de trabajo teniendo incluso que “exiliarse”, mientras la democracia permite que hasta el más inculto de los humanos sin necesidad de superar oposiciones ni obtener título alguno, pueda ser elegido por sufragio para administrar los fondos públicos y dirigir el destino de cualquier población.

Hemos visto surgir formaciones que hablan de regeneración democrática, pero ninguna con idea de acabar con los chollos, las prebendas y los privilegios políticos.

Hemos visto como los que realmente gobiernan nuestra nación son los medios de comunicación de ultraizquierda al servicio del comunismo. Pero, también hemos visto medios de comunicación cuyos dirigentes se autodefinen anticomunistas y liberales e invocan el nombre de España, que un día apoyaron a los Aznar, Aguirre o Zaplana, hasta que comenzaron los escándalos, después apoyaron a Rosa Díez y a su formación hasta que fue dinamitada por el bipartidismo, a continuación apoyaron a Albert Rivera y su corte de honor hasta que se fue Rajoy, y ahora, que su apoyo iba dirigido al PP de Pablo Casado y ha tenido que dimitir Cospedal, tratan de catapultar a VOX una vez admitido ante los medios de comunicación. O sea, que esa invocación del nombre de España no puede ser más falso e hipócrita, y, su anticomunismo, es consecuencia de un interés político y económico.

Por lo tanto, después de dar un ligero repaso antes de votar a casi cuatro décadas de democracia, ya nada me causa asombro ni nada me produce sorpresa, simplemente me queda el derecho sagrado de no hacer el juego a quienes con un comportamiento hipócrita, hacen gala de una moral pública y otra privada, con el único fin -pensando en los argumentos esgrimidos-, de alcanzar y mantenerse en el poder al precio que sea.