4 ilustradoras reivindican a la mujer sola más allá de los prejuicios y los dramas

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«He llegado a pensar que, al igual que el abandono en la infancia marca al futuro adulto, nuestras primeras experiencias de soledad placentera nos enseñan a estar cómodos con nosotros mismos y confirmar las condiciones en las que la buscamos». Esta cita la escribía en su libro ‘Solteronas’ (Ed. Malpaso) la periodista norteamericana Kate Bolick. Una mujer que en el 2016 nos contó cómo de niña pensaba que, como sus padres, se casaría y formaría una familia. Así que se marcó una edad límite para ello: la treintena. Mientras tanto, experimentaría, saldría con distintos hombres, avanzaría en su carrera laboral. Pero al llegar a la fecha límite ya no quedaba rastro de la idea del matrimonio. El concepto de casarse se había convertido en un incordio ante las grandes posibilidades personales que avistaba en el futuro.

Bolick no es una excepción. La palabra «solterona», usada para estigmatizar a las mujeres sin pareja, se utiliza cada vez menos. Lo que aún escuchan –especialmente cuando están en edad de procrear– es si no piensan en formar una familia. Porque aún hay quien no se cree que una persona, y especialmente una mujer, pueda ser feliz creando un plan de vida en el que no entren ni bebés ni matrimonios.

Fue Oscar Wilde quien dijo que «quererse a uno mismo es el principio de un romance para toda la vida». En los últimos tres años, viñetistas e ilustradoras han ido simbolizando esta y otras cuestiones a través de sus trabajos. Algunas utilizan el cinismo o el humor para representar a la mujer libre. Otras trabajan con la normalidad, enseñándonos cómo es el día a día de la que vive sola. Sin prejuicios ni dramas. Y otras batallan contra todas las injusticias que ven en su camino.

¡Abajo el amor romántico!

Flavita Banana lleva tres años riéndose del amor romántico y de sus clichés. Del príncipe azul de Disney y de la princesa que espera a ser rescatada. A su entender, el amor no es tan ideal como lo pintan. «Así que la mía es una manera de banalizarlo y quitarle un poco de peso», admite su creadora, Flavia Álvarez

Sus viñetas relatan de forma cruda escenas de la vida de Flavita, una mujer que, dentro de la generación  de la viñetista, nos ha representado en algún momento a todas. A Flavita la hemos visto corrigiendo a un hombre que le practicaba sexo oral, hablando de técnicas subliminales para cortar con alguien o  autoengañándose en el amor, pero también queriéndose. «Yo creo que Dios nos hizo mear sentadas para dejarnos descansar un ratito de tanta perfección», dice en una escena en la que está sentada en el inodoro. Porque el personaje carga contra todo con humor. 

«Creo que lo que hace el humor, y en este caso a través de las redes sociales, es minimizar esa sensación de soledad», comenta. «Un mal de amores o una soledad llevada únicamente en la cabeza puede ser un poco devastadora. Sin embargo, cuando ves que a la mitad del planeta le ocurre o ha ocurrido lo mismo que a ti, alivia bastante», añade. Sus miles de «me gusta» en Instagram y de centenares de comentarios por cada publicación dan fe de ello. 

“Quienes asocian  soltería y soledad cometen dos errores: dar por hecho que un soltero está solo y que si estás con alguien eres feliz

FLAVIA ÁLVAREZ

Para hablar de las relaciones también se mete con el mundo imaginario y de perfección que crean parejas en las redes sociales y que pueden tener poco de idílicas en la vida real. «A día de hoy, creo que las mujeres de mi entorno o generación cuando tienen una relación tienen en realidad dos: la real y la virtual, que juega un papel importantísimo y que a veces es fuente de problemas. Y eso da mucho juego. Visto desde fuera se ve ridículo. Por eso le doy tanta caña», asegura la artista. 

Pocos temas se quedan en el tintero de Flavita y se reflejan en sus libros ‘Las cosas del querer’ (Ed. Lumen) y ‘Archivos estelares’. Tampoco la soltería. «Todavía hay quien la asocia con soledad y se tiene compasión hacia la gente que no está acompañada. Y creo que estas personas cometen dos errores: dar por hecho que alguien soltero está solo y creer que estando acompañado uno es más feliz». dice.

«Cada vez estar sola se lleva más con orgullo y presumiendo de que  no es un daño colateral: no es que las cosas te hayan salido mal y por ende estés soltera. Hay un cambio de pasivo a activo que, afortunadamente, se está poniendo sobre la mesa con sentido común y con argumentos. Pero, sobre todo, creo que lo importante es que se dé a entender que hay un bienestar con uno mismo».

La soledad posmoderna

La voz de la ilustradora Idalia Candelas suena en el Skype con la misma dulzura que se desprende en sus trabajos. A través de ellos nos convierte en espectadores de la intimidad de una mujer que vive en casa sola. Que disfruta del café en la cama. Que va en bragas por la cocina o que ocupa el largo y ancho del sofá porque no tiene a nadie al lado a quien dejar su plaza.

Candelas, igual que las mujeres que ilustra, vive sola. Hace tres años  que comenzó a dibujar las casas y los lugares donde había vivido. En ellas encuadró a mujeres que la identificaran. Sus ilustraciones, que han sido recogidas en el libro ‘A solas’ (Ed. Planeta) reflejan la «soledad posmoderna». «Creo que lo que ha ido sucediendo con el tiempo es que las personas luchamos por ideales diferentes a lo tradicional. Antes era más normal que la gente de mi edad pensase  que las mujeres tenían que casarse y tener hijos. Ahora uno decide no hacer eso sino luchar, hacer un plan de vida y seguirlo. Y si ese plan de vida es irse trabajar fuera en vez de ceder ante la presión social, pues perfecto. Yo vivo sola y no me siento triste ni amargada por eso», afirma.

“Tengo amigas que viven solas y les va muy bien, pero hay quien sigue pensando que sufren al no tener a un hombre a su lado o hijos”

IDALIA CANDELAS

La naturalidad con la que Idalia Candelas representa a la mujer en sus ilustraciones resultaba extraña para algunos de sus seguidores en las redes que no entendían por qué iba siempre en ropa interior o sin ropa. «Entonces expliqué que normalmente estamos acostumbrados a ver personas solas que reflejan tristeza o melancolía. Yo lo que estaba dibujando eran mujeres que se encontraban a solas, no que estuvieran solas. Y que estaban disfrutando ese momento. Estaban felices pero no brincando de alegría. Se las veía normales. De aquí estoy porque así lo decido. Es lo que representé porque así me estaba sintiendo», asegura. 

Para ella hubo un antes y un después de la publicación de su libro. «De pronto, la familia y los amigos que se preocupaban tanto me daban la razón. Pero hay muchas mujeres que están todo el tiempo con eso encima. Tengo amigas que viven solas, que les está yendo muy bien en su plan de vida pero la gente sigue pensando que sufren porque no tienen a un hombre a su lado o hijos. No entienden que es una elección», dice. 

Una catana contra la soberbia

Lola Vendetta, el alter ego de su creadora, Raquel Riba, nació hace cerca de cuatro años como una forma desahogo ante el machismo cotidiano. Por aquel entones, Riba vivía en un piso de Sagrada Família que compartía con cuatro compañeras. Trabajando como azafata de eventos –rodeada de clientes que normalmente eran hombres– suplicaba constantemente ir con zapatos planos. Pero le decían que no, que se veía feo que no llevara tacones. «Además estaban esas cosas que nos pasan a todas: que nos silben por la calle, que nos digan cosas, salir de fiesta y encontrarte que los chicos te invitan a reservados… Una serie de situaciones que no me encajaban. Así que me iba desahogando con viñetas de Lola Vendetta, que en aquel momento no tenía nombre», recuerda. 

«Mis compañeras de piso me dijeron que tenía que sacarlo en Facebook, a ver qué pasaba. Y pasó», dice. Pasó que ahora, con su trazado minimalista y sus notas de color rojo, miles de seguidores han visto a una Lola sin depilar, hablando de la masturbación y de la menstruación y riñendo al mismísimo Dios por las injusticias. Porque Lola es una mujer independiente y segura, que saca la catana para luchar contra las actitudes de soberbia que se encuentra más en hombres que en mujeres. «A Lola Vendetta le preocupa que compañeras y amigas no vean que son tan poderosas como para frenar lo malo que les está sucediendo en la vida y vivir lo bueno. El ‘alcémonos todas juntas como equipo’. Le preocupa en positivo», explica Riba.

“Solo no significa abandonado, ni que no tengas a nadie. Significa disfrutar contigo mismo de los momentos de soledad”

RAQUEL RIBA

Al preguntarle si «más vale Lola que mal acompañada» –título de su novela gráfica editada por Lumen– responde rotundamente que sí.  «Soy un gran amante de la soledad. Pero hay veces que para llegar a esa conclusión has tenido que aprender a base de darte golpes. Creo que uno de los grandes éxitos de la vida de cualquier persona es abrazar la soledad y entender que uno se puede divertir estando solo. Que solo no significa abandonado, ni que no tengas a nadie en tu vida. Solo significa disfrutar los momentos de soledad contigo mismo, ya sea leyendo o de cualquier manera». 

Riba habla del rol de las mujeres en libros o en películas clásicas, papeles opuestos a su Lola. «Se nos ha educado para creer que no podemos ser felices solas. Por educación familiar hay quien cree que no, que sola se puede estar maravillosamente bien, pero si te han educado para ser dependiente, hasta que una no rompe con eso va a sentirse desdichada toda la vida. Y eso es duro», afirma.

Reírse de uno mismo

«Sí, tengo más de 30. No, no he pensado en casarme. No, no estoy buscando el niño. Sí, ya sé que el tiempo pasa. Sí, soy un puto barco a la deriva. Sí, soy el demonio y me encanta». Anastasia Bengoechea da vida a Monstruo Espagueti, viñetas que relatan con humor e ironía sus vivencias personales –actuales y antiguas– para reflejar todo lo que le preocupa. 

Dibuja sobre lo que vive y lo que ve en su entorno. Y, aunque en su entorno sea normal no estar casada ni tener hijos, la presión social está ahí incluso cuando abre internet.

Su trabajo comenzó en forma de blog cuando estaba viviendo en Londres, años después de terminar la licenciatura de Publicidad. Primero empezó con la escritura creativa. Después fue añadiendo imagen al texto. El nombre se lo debe a una broma interna con una amiga sobre la religión paródica del Monstruo Espagueti Volador.

Bengoechea considera que, aunque en ciertos lugares las mujeres han avanzado, aún quedan micromachismos y actitudes que superar para avanzar. «Hice una viñeta cuando estaba soltera el año pasado a raíz de un encuentro con una amiga que es súper abierta. Me decía que tenía un amigo para mí muy responsable. Que era lo que yo necesitaba. Igual no se daba cuenta, pero de manera implícita me estaba diciendo que necesitaba a alguien», explica. Y añade: «A nosotras nos han explicado que se tiene que vivir en pareja. Lo tenemos muy metido en el coco, ya sea por el cristianismo o por la organización de la sociedad. Creemos que eso es así y si viene alguien que nos cuestiona la forma de vida, parece que amenaza nuestro estilo de vida». Ella seguirá riéndose de eso.

Redes sociales 

Además de hablar de mujeres independientes, las cuatro tienen otro punto en común: la publicación de sus trabajos en las redes sociales y el impacto que tienen. «Han sido herramienta de difusión. No tengo ni idea de cómo se hacía antes, pero en mi caso las redes han sido el puente hacia todo», asegura Flavia Álvarez. 

Sus cuentas de Instagram están llenas de comentarios –mayoritariamente de mujeres– que se ríen, aplauden o empatizan con las escenas que ven en sus viñetas o ilustraciones. Que se ven reflejadas en esas historias incluso cuando las autoras hablan de su vida más privada. «Cuando empecé a leer todos esos comentarios me sorprendí muchísimo. No pensé que hubiera tantas mujeres en el mundo que estuvieran en esa misma situación. Daban las gracias por darles la voz», dice Candelas.

“Nos han explicado que hay que vivir en pareja, y si alguien lo cuestiona parece que amenaza nuestro estilo de vida”

ANASTASIA BENGOECHEA

A Bengoechea también le ocurre. Ella admite que, cuando dibuja, no suele pensar en si está abriendo puertas. «Pero si luego resulta que, como mujer liberada que me puedo considerar,  eso sirve para que alguien se identifique, me parece fenomenal», asegura. Lo mismo ocurre con Flavia Álvarez. «Aunque por lo general no intento transmitir mensajes, porque mi trabajo es el del humor y no el de andar dando lecciones, tengo la suerte de no hacer de la parte amorosa la gran totalidad de mi vida. Le doy más importancia al trabajo, a las amistades o a mi tiempo sola. Tengo eso plasmado y, si puedo ayudar a otra gente a quitarle gravedad al asunto de la pareja, pues se echa una mano a quien todavía se angustia viéndose soltera», afirma.

«Hay una cosa muy chula que está pasando. Como somos la era de internet, podemos publicar sin tener un jefe detrás que nos lo niegue. Lo único que siguen censurando son los pechos. Pero se puede hablar de muchos más temas que antes desde el punto de vista femenino. Si algún editor tenía esa perspectiva de que las mujeres viñetistas no éramos graciosas o de que solo los hombres tenían sentido del humor, ya no puede hacerlo. Tenemos redes sociales donde publicar lo que nos dé la gana y donde se diversifica mucho más el lenguaje. Ya no estamos cohibidas. No pensamos que al hablar de algo se nos va a tachar de histéricas o de rabiosas. Internet ha permitido que nos podamos quitar esta careta. Es un momento muy bonito, de mucha libertad», manifiesta. 

A la soltería femenina en internet aún le queda tinta para rato.