80 años del criminal bombardeo de Sant Felip Neri

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1938 fue el año de los grandes bombardeos de Barcelona. Capital de la República desde noviembre de 1937, cada vez más cercana a los escenarios de las grandes batallas de la guerra civil, la ciudad se convirtió en objetivo aún más prioritario de la aviación italiana y alemana al servicio de Franco. Ese año se produjeron la mayoría de las 385 incursiones aéreas acabaron con las vidas de casi 3.000  barceloneses durante la guerra, pero algunos de esos bombardeos alcanzaron por su crueldad la categoría de míticos, como la devastadora explosión frente al Coliseum en los tres días sangrientos de marzo (16, 17 y 18). Otros deberían ser igualmente recordados, como la destrucción de la Escola del Mar que se acaba de conmemorar. Y sin duda, en la memoria queda la bomba que dejó sus marcas de metralla en la fachada de la iglesia de Sant Felip Neri y acabó con la vida de 42 niños que se habían intentado proteger en el refugio bajo la iglesia. De la matanza de inocentes de Sant Felip Neri se cumple este martes, 30 de enero, el 80º aniversario. Aunque las conmemoraciones públicas, las de todo aquel año de las bombas, empezarán en marzo, con varias actividades agrupadas en el ciclo ‘Memòria de la destrucció’ del Comissionat de Programes de la Memòria del Ayuntamiento de Barcelona.

¿Qué sucedió aquel 30 de enero? “No solo fue Sant Felip Neri”, recuerda el profesor de la UB David  Íñiguez, coautor de ‘Sota les bombes’ (Angle Editorial) y ‘La guerra aèria a Catalunya’ (Rafael Dalmau Editor). Fueron dos oleadas de bombarderos italianos Savoia 79, a las 8.55 y a las 11.25, y se martilleó el centro de la ciudad, el puerto y la Barceloneta, que quedó arrasada. La segunda insistió en los mismos puntos, llegando a alcanzar a las brigadas de salvamento que rescataban a los heridos. En total, 216 muertos y 87 edificios derrumbados en las calles Sant Domènech del Call, Pi, Duc de laVictòria, Capellans, Avinyó, Escudellers Blancs, Casp, Gran Via, paseo de Sant Joan y las plazas Nova y de Sant Felip Neri. Se utilizaron bombas de 250 kilos, altas como una persona adulta, pensadas para demoler estructuras: una de ellas abrió un cráter de cinco metros de ancho y dos de hondo en medio de la plaza de Sant Felip Neri. Otra hundió el refugio del subterráneo matando a 42 ocupantes, la mayoría niños.

Respuesta a la oferta de tregua aérea

Íñiguez pone en contexto aquella acción: “Es la respuesta a la oferta de tregua de los bombardeos republicanos y franquistas”. Ese mes de enero la República se hartó de recibir sin responder a los ataques sobre la población civil y lanzó por primera vez los bombarderos Katiuska rusos sobre ciudades como Salamanca, Sevilla y Valladolid. Una vez demostrada (con notables limitaciones; las víctimas fueron pocas y seis tripulaciones rusas regresaron sin descargar sus bombas) la capacidad de devolver el golpe, llegó la oferta del ministro de Defensa Indalecio Prieto. “La aviación se abstendrá en absoluto de bombardear las poblaciones de la retaguardia lejana si el enemigo desiste de hacerlo”.

Esa oferta de tregua fue respondida así desde el cuartel general de Franco: “España no está en los edificios ni en las ciudades. Está en las ideas y en el numen de Franco. En la guerra estamos. Adelante, hasta por encima de nuestros muertos”. Saben que su  aviación es tecnológicamente más potente, y su respuesta son 200 muertos”, dice Íñiguez. Los telegramas entre la Aviación Legionaria italiana, sus superiores y Salamanca son esclarecedores: “A las propuestas rojas para una tregua en el aire”, escriben los italianos, se ha respondido bombardeando “en dos oleadas las instalaciones militares más importantes de Barcelona”.

El cálculo y la rabia

Desde el mando fascista, en España y en Italia, el cálculo frío. Se trata de atemorizar, matar y enviar un mensaje a cualquier mediador internacional. Desde el suelo, la rabia. El semanario madrileño ‘Crónica’ publica las fotografías de Pau Lluís Torrents con los niños muertos, expuestos en Hospital Clínic para que los familiares los identifiquen sobre el título: ‘El horror de la ‘guerra integral”. “Els rebels són fills de l’odi”, editorializa el diario de ERC ‘La Humanitat’. 

Desde los diarios de vuelo de las escuadrillas italianas que lanzan los ataques, frialdad. Así resume resume el diario del Ala Número 8 de la aviación fascista italiana la mortífera acción: “Dos formaciones de seis aparatos cada una, a intervalos de dos horas, con el puerto de Barcelona y sus cercanías como objetivo, efectúan acción de bombardeo. Comandantes de las formaciones: capitán De Prato y mayor Lamanna. Total de horas de vuelo: 26.20’. Total del explosivo utilizado: 36 bombas de 250 kilos y 24 bombas de 20 kilos. Resultados obtenidos: objetivos alcanzados. Reacción antiaérea: precisa e intensa –intervención de la caza enemiga sin eficacia-“. Y punto final.

Memoria de la destrucción

‘Memòria de la destrucció’, dice el comisionado de programas de la Memòria, Ricard Vinyes, será “uno de los programas más importantes” que se plantea su área este año. Sin embargo, no las actividades no arrancarán este enero sino en marzo, coincidiendo con el 80º aniversario de esos tres días de marzo (16, 17 y 18) en que la aviación italiana ensayó la técnica del bombardeo de saturación para romper la moral de la ciudad. El objetivo no es destacar algún hecho trágico aislado sino “conmemorar los bombardeos de Barcelona”, en su conjunto.

El acto central será una instalación de luz y sonido en la fachada del ayuntamiento, a cargo del creador Xavier Bové, autor de otras intervenciones en la catedral de Girona o en Roma. “Un elemento muy austero y al mismo tiempo potente”, avanza Vinyes. A partir de aquí seguirán otras, como la colocación de placas informativas en las plazas de Manuel Ribé y de Sant Felip Neri –”la que hay ahora es muy noble, pero no explica el bombardeo”- o dedicadas a personajes como Ramon Parera, el creador del pionero sistema de refugios antiaéreos y de la modélica Junta de Defensa Passiva. “Estamos hablando de memoria, no de historia: y la memoria a veces se falsea, como sucedió con la versión, que hasta hace cuatro días aún se repetía, de que las marcas en la fachada de la iglesia de Sant Felip Neri las produjeron los fusilamientos de sacerdotes”, apunta Viñas.   

El siguiente paso será una exposición en el Born‘Una infancia sota les bombes’ (donde de nuevo habrá una evocación de la bomba de Sant Felip Neri, el mural del artista chileno Fernando Prats que hace cinco años se exhibió en la capella de Santa Àgata). Será una muestra muy didáctica, que se quiere convertir en una visita obligada para las escuelas de la ciudad. Como ejemplo de hasta qué punto la experiencia marcó a una generación, se mostrarán los dibujos en que los niños, animados por sus maestras, dibujaban los hechos. “Y cómo algunos de ellos, adultos, hicieron del impacto de las bombas una expresión artística”, avanza el comisionado.

Para que quede también un fruto palpable de la conmemoración, se está trabajando en el libro ‘Barcelona, topografía de la destrucció’, a cargo de Laia Aranyó y Mireia Capdevila. Un encargo del Ayuntamiento de Barcelona a la Fundació Pi i Sunyer para hacer un balance definitivo de las destrucciones y víctimas que causaron los bombardeos sobre la ciudad. “Creemos que estará a la altura del proyecto del Ayuntamiento de Londres sobre el Blitz”, apunta Vinyes.