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A Lagarde le cuesta una semana sacar una artillería similar a la de Powell

La Reserva Federal y el Banco Central Europeo han desempolvado en las últimas jornadas buena parte del arsenal en su recámara y revisado recetas excepcionales ya empleadas en anteriores crisis para paliar los efectos generados por la pandemia del coronavirus. Mientras el presidente de la Fed, Jerome Powell, ha sido más proactivo que su homóloga en Frankfurt, Christine Lagarde, ambos guardianes monetarios adaptan sus respectivos mandatos y marcos regulatorios para garantizar que sus acciones cuenten con el mayor impacto posible.

Con la recesión al acecho, es imperativo que la política monetaria haga todo lo que esté en su mano para blindar en la medida de lo posible dos áreas económicas con un valor nominal de 19,9 billones de euros en el caso del PIB estadounidense y de 11,9 billones en el caso de la eurozona.

Sin embargo, la divergencia previa al azote del virus, situaba a ambos bancos centrales en niveles muy distintos. Mientras en EEUU el precio del dinero comenzó el año en el 1,5% y el 1,75%, en la zona euro los tipos se mantenía al 0%, y los de depósitovo, en negativo en el -0,5%. Es por ello que Lagarde no movió ficha la semana pasada al respecto mientras que Powell, en su segundo recorte de emergencia desde el pasado 3 de marzo, redujo el pasado domingo el precio del dinero hasta el 0% y el 0,25%, niveles no vistos desde la crisis financiera.

Con las tasas federales de nuevo en niveles extraordinariamente bajos, el presidente de la Fed dejó muy claro durante su conferencia telefónica para anunciar esta decisión que no cree «que las tasas negativas sean una respuesta política adecuada en Estados Unidos». Para Andrew Hollenhorst, economista de Citi, «la Fed ha cumplido con su promesa de utilizar todas las herramientas disponibles para apoyar la expansión durante este tiempo de disrupción económica y volatilidad del mercado». «Esto debería enviar una señal poderosa a los mercados de que la Fed actuará con valentía para proporcionar crédito a la economía real», añade.

Los programas de compras

La decisión de rebajar las tasas en 100 puntos básicos tras haber recortado 50 puntos básicos a comienzos de mes llegó acompañada de un nuevo programa de compra de bonos del Tesoro y activos respaldados por hipotecas (QE) por un valor total de 700.000 millones de dólares (unos 655.000 millones de euros aproximadamente al cambio). De esta forma, el balance del banco central estadounidense ha comenzado a engullir deliberadamente activos desde el lunes. Hasta ahora la expansión de dicho balance, que llegó a sobrepasar los 4,2 billones de euros tras tres rondas de flexibilización cuantitativa tras la resaca dejada por la quiebra de Lehman Brothers, se había caracterizado como «orgánica» tras someterse a un adelgazamiento que fijó su peso ideal en los 3,5 billones de euros. Entre la jornada del jueves y la de hoy viernes se espera que la Fed haya absorbido 75.000 millones de dólares en bonos del Tesoro. A ello habría que sumar las intervenciones en el mercado de dinero con operaciones de repo que esta semana han ofrecido hasta un billón de dólares.

Lagarde, por su parte, había optado por una postura mucho más prudente hasta ahora a la espera de que los gobiernos de la zona euro activasen políticas fiscales. Pero en la madrugada del jueves sorprendió con una nueva inyección a través de compras de deuda pública y corporativa, bajo el denominado programa de compras de emergencia pandémica (PEPP, por sus siglas en ingés), cuantificado en 750.000 millones de euros (ver páginas 14 y 15). Con este movimiento supera incluso la artillería de la Fed en cuanto a compras de deuda se refiere.

Esta nueva inyección, con vigor al menos hasta diciembre, se suma a los 120.000 millones que anunció el banco central en su reunión del 12 de marzo. También a los 20.000 millones mensuales del QE que Draghi dejó como legado.

Tras el anuncio de esta inyección, «la Eurozona ha alcanzado a los Estados Unidos. Ambas ramas de la política económica, monetaria y fiscal, ahora brindan un apoyo masivo», opina Gilles Moëc, economista jefe de AXA IM, quien mostraba abiertamente su aprobación: «Por fin un programa realmente bueno».

¿Traspaso de límites?

Durante la última semana, Powell ha echado mano de ideas ya adoptadas por uno de sus predecesores, Ben Bernanke. Así la Fed facilitará la liquidez en el mercado de fondos mutuos, además del crédito del primario y la financiación de papel comercial. Este último ayudará a prevenir que se agote completamente la financiación a corto plazo para las empresas.

Dicho esto, podría ser aún más agresivo. «La Fed podría intervenir y limitar los rendimientos de los bonos a más largo plazo al 1% o menos», destaca Pearce, quien también aboga por que la Fed solicite al Congreso modificar la Ley de la Reserva Federal para permitir que la entidad pueda comprar deuda de empresas. Su mandato tampoco le permite comprar ni deuda empresarial ni otros activos como acciones, algo que sí pueden hacer otras entidades como el BCE.

Pero la Fed no es la única que estaría dispuesta a traspasar sus propias normas. El BCE dejó claro en su comunicado que las nuevas compras se realizarán de manera flexible, esto «permite que haya fluctuaciones en la distribución de los flujos de compra a lo largo del tiempo, entre clases de activos y entre jurisdicciones», explicaba.

Actualmente, existen dos limitaciones a la compra de bonos: la contribución al capital del BCE, para que los activos comprados de cada país tengan una proporción similar, y el máximo de un 33% de bonos de un mismo emisor. Dos restricciones que la institución podría saltarse para ayudar a países como Italia o España. De hecho, ya ha anunciado que comprará bonos griegos, fuera de su órbita. Además, incluirá pagarés de entidades no financieras y ha flexibilizado el tipo de colateral con el que los bancos pueden acudir a la subastas de liquidez.