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¿A qué espera la derechona traidora y cobarde para exigir la suspensión de las elecciones autonómicas vascas?

AR.- Malo es que los la izquierda proetarra agreda impunemente a una diputada nacional de Vox en Sestao, pero más grave aún es que Santiago Abascal tenga que exhibir un parte médico para acreditar que la agresión fue tal y no un bulo, como sugirió el tullido de Echenique. Tullido mental, se entiende.

La derecha social española lleva 40 años mostrando una cobardía nunca antes conocida. Entre ETA, los GRAPO, el FRAP y grupúsculos ultraizquierdistas han asesinado a cientos de los nuestros en los últimos cuarenta años. Como respuesta, silencio y resignación. Con esta derechona cobarde, la II República habría sobrevivido hasta el final de los tiempos. Rocío de Meer ha sido brutalmente agredida en Sestao y por respuesta hemos visto a Santiago Abascal, puro en ristre, negando la mayor: que lo que atravesaba el rostro de la diputada de su partido no era salsa de tomate. Me pregunto dónde están todos esos pellas y gañanes de las pulseritas rojigualdas y los mantras escobarianos que lloran en redes sociales lo que no tienen el cuajo ni el coraje de evitar como hombres.

Existe una estrategia violenta de los comunistas y separatistas contra los actos electorales de VOX. Lo grave es que los dirigentes de VOX hablan de agresiones fascistas, con lo cual despojan de su responsabilidad delictiva a los proetarras y comunistas. Normal en un partido que no se atreve a defender la memoria de Franco con la determinación que la izquierda defiende la de los suyos. El recrudecimiento de la violencia puede acabar como en la primavera de 1936. La cobardía de la derecha históricamente solo ha servido para engendrar más violencia en la otra parte. Prefieren los dirigentes de la derechona que hieran o asesinan a los suyos antes que poner en solfa el régimen borbónico del 78.

Me pregunto a qué están esperando VOX y PP para solicitar a la Junta Electoral que suspenda las elecciones en las provincias vascongadas. De la basura de Ciudadanos prefiero no acordarme. ¿Pueden PP y Vox aceptar la participación en unas elecciones en las que ni el Gobierno vasco ni su engendro policial garantizan la seguridad ni la integridad física de sus candidatos? ¿A que están esperando PP y VOX para solicitar a la Junta Electoral que suspenda los comicios autonómicos dado que el Gobierno vasco permite la violencia contra ellos? ¿A que están esperando VOX y PP, tanto monta, para cuestionar la validez de unos comicios en los que juegan con clara desventaja al no permitirseles que expongan libremente sus proyectos políticos sin ser agredidos? ¿A qué esperan para retirarse de esta farsa hasta que no sean ilegalizados los partidos que no respetan la legalidad y que recurren constantemente a la «dialéctica de los puños y las pistolas» contra quienes no piensan como ellos? ¿Tan cobarde, rastrera y sumisa es la derecha española? Lo es.

Con su participación en la campaña vasca, Vox y PP están dando patente de normalidad a una situación a todas luces anormal. ¿Se imagina el lector a un político francés restringiendo su presencia electoral en determinados territorios por temor a los violentos? Así que fuera disfraces. Fuera cuentos contados por ponentes tan traidores o tan poco previsores como los de 1978. España vuelve por sus fueros, retorna a su ADN cainita. “Sangre de Caín tiene esta gente labriega”, sentenció Antonio Machado recién quitadas las máscaras de la II República. No hay remedio para España, víctima de las mismas cosas y los mismos enfrentamientos de siempre. Al menos los que no nos reconocemos ni mucho ni poco en este estercolero, quitémonos también las caretas y proclamemos alto y claro que este no es nuestro proyecto moral ni político, que estos políticos no son de los nuestros, que esta derechona cobarde y lanar no nos representa, que esos que los votan no son nuestros hermanos.

La historia reciente de España no se entiende sin la base de un odio infinito de la izquierda a nuestra fe y nuestro rumbo, nuestro paisaje histórico y nuestras señas afectivas, nuestros héroes y nuestros ideales, nuestra independencia intelectual y nuestra rebeldía cívica. Ese odio infinito lo trasladan a figuras históricas cuyo recuerdo (¡fuera complejos!) alcanza un lugar cálido en nosotros.

Ver que el odiado vive cada día más y que esa supervivencia creciente la logra, en parte, por la comparación con quienes le sucedieron; palpar que ese odio no hace sino agigantar al odiado, es causa a su vez del odio que millones de españoles ya sentimos.

En medio, como siempre, la derecha pastelera y mojigata, devota de Pablo y de Santiago, incapaz de mover un músculo para defender esos principios que los ponentes constitucionalistas traicionaron tras la muerte de Franco, con lo que está dejando que la partitocracia se presente en sociedad como una patente, una exclusiva y un invento de esta izquierda, lo que la hace cada día más asquerosamente inaceptable.

El que lanzó la piedra que hirió el rostro de Rocío de Meer no es peor que quienes han permitido que hayamos llegado a esta fase de depravación política y de desorden social.