Inicio Actualidad Al charnego Àlex Gutiérrez: yo, xenófobo; tu, homosexual

Al charnego Àlex Gutiérrez: yo, xenófobo; tu, homosexual

Este mequetrefe de nombre Àlex Gutiérrez es sólo un charnego más. Escribe una columna en unas de esas lechugas digitales subvencionadas y al servicio de la causa separatista. Suele dedicarme casi siempre las mismas perlas, siendo la de xenófobo la más recurrente. Favor por favor, yo le llamo homosexual, sin que al caso importe lo alejado que pueda estar de dicha tendencia como yo de la xenofobia. Y es que a este tipo de gente no le tengo ningún respeto y consideración. La única forma de combatirlos es golpear más fuerte que ellos, lo demás es perder el tiempo, porque no van a cambiar.

El señor Gutiérrez se llama además Àlex, lo que refuerza su catalanidad. Bueno, en realidad no mucho, pero menos da una piedra. En cuanto al segundo apellido, mucho nos tememos que sea algo así como García o Martínez.

No nos vamos a extender acerca de los complejos y los traumas de esta clase de charnegos agradecidos, que bastante tienen con no ser lo que quisieran ser.

El mamarracho Àlex Gutiérrez.

Estos separatistas además de idiotas se creen graciosos, se atreven con el chiste, cultivan la ironía, con discutible éxito, por lo que vemos. Ante tales atrevimientos de plumíferos de todo a cien, siempre me acuerdo de una anéctoda que cuenta Gustavo Bueno en alguna parte. Estando dando una conferencia ante un público compuesto no sólo de adeptos, vio en primera fila a uno de esos personajillos visiblemente progre o separatista sonreírse al hablar el filósofo de España. Ni corto ni perezoso el bueno de Gustavo cortó por lo sano diciendo: » «¡Y que sepan aquellos que se sonríen cuando yo hablo de España, que yo me sonrío de sus putas madres!» Al individuo en cuestión (un Gutiérrez cualquiera de la clase aquí tratada) se le heló la sonrisa en la cara, supongo que por algún tiempo.

Existe una norma, sino jurídica (mis conocimientos en materia legal se limitan a la ley de Murphy que sufro, la ley de la gravedad que experimento y la ley del embudo que padezco) por lo menos moral, que dice que aquello que se acusa sin pruebas no necesita de pruebas para ser refutado. Asunto cerrado. Por cierto, ¿de qué viven ustedes? De ejercer de prostitutas del poder y de mamporreros de palacio, de lamerles el culo a los que os pagan por mantener a la gente en la ignorancia del fraude del sistema que ayudáis a sostener. Infelices charnegos.