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Alemania: crece la popularidad del partido contrario a la inmigración

Manifestación silenciosa organizada por Alternativa por Alemania (AfD) en memoria de las víctimas de los crímenes violentos perpetrados por migrantes. Chemnitz, Alemania, 1 de septiembre de 2018.

Por Soeren Kern.- El asesinato de un ciudadano alemán a manos de dos solicitantes de asilo a los que se les había denegado la solicitud en Chemnitz, y el intento de encubrimiento de la policía alemana, han contribuido a un aumento en los apoyos al partido contrario a la inmigración, Alternativa para Alemania (AfD), que, según una nueva encuesta, ha superado al Partido Socialdemócrata (SPD) convirtiéndose en la segunda fuerza política en Alemania.

El apoyo al AfD ha crecido al 17%, mientras que el respaldo al SPD ha caído al 16%. La Unión Demócrata Cristiana (CDU)-Unión Social Cristiana (CSU), la alianza de la canciller, Angela Merkel, se sitúa en el 28,5%, según una encuesta del Insa Institute publicada por el periódico Bild el 3 de septiembre.

La subida de AfD –que se ha alimentado de la indignación general por la decisión de Merkel de permitir la entrada al país de más de un millón de migrantes, en su mayoría musulmanes, de África, Asia y Oriente Medio, con el subsiguiente aumento de los delitos– refleja la actual reorganización de la política alemana, donde los votantes rechazan cada vez más la ortodoxia multicultural de los grandes partidos.

Cuando se celebraron las elecciones federales el 24 de septiembre de 2017, la alianza CDU-CSU obtuvo el 32,9% de los votos, su peor resultado electoral en casi setenta años. El SPD obtuvo el 20,5%, su peor resultado de la historia. AfD obtuvo el 12,6%, y se convirtió en el tercer partido del país en el Parlamento alemán.

Los resultados electorales demostraron que más de un millón de votantes tradicionales del CDU-CSU desertaron a AfD. Una señal de que las preocupaciones sobre la migración masiva no sólo se limitan a los votantes conservadores es que el SPD, de centro-izquierda, perdió 500.000 votantes a favor de AfD, mientras que el ultraizquierdista Partido de la Izquierda perdió 400.000 votantes. Además, casi 1,5 millón de ciudadanos que votaban por primera vez dieron su voto a AfD. Esta tendencia se ha mantenido, como han corroborado sistemáticamente las encuestas de opinión desde las elecciones de 2017.

Los grandes partidos están contraatacando con lo que algunos observadores dicen que son medidas engañosas, con el objetivo de deslegitimar –y posiblemente ilegalizar– a AfD, como pedir que se ponga a AfD bajo vigilancia oficial.

Los detractores de AfD, que suelen tachar al partido de “extrema derecha” o “extremista”, afirman que los presuntos lazos del partido con organizaciones neonazis es una amenaza existencial para el orden constitucional alemán. Los seguidores de AfD replican que el establishment políticamente correcto de Alemania, temeroso de perder su poder e influencia, está intentando ilegalizar un partido que se ha comprometido a poner por encima los intereses de los ciudadanos alemanes.

Las llamadas a que los servicios de inteligencia vigilen a AfD se han intensificado en los últimos días, después de que varios miembros de AfD participaran en las multitudinarias protestas en Chemnitz contra la creciente delincuencia de los inmigrantes.

Las protestas estallaron después de que un hombre de treinta y cinco años y origen germano-cubano llamado Daniel Hillig fuese asesinado a puñaladas el 26 de agosto por dos inmigrantes en el festival anual de la ciudad.

La policía se negó al principio a revelar las identidades de los atacantes, pero el 27 de agosto se filtró un informe de la policía a la prensa –el documento ha estado desde entonces vetado en las páginas web alemanas, pero aún está en una web rusa–, que mostraba que los asesinos eran inmigrantes ilegales de Irak y Siria. Ambos tenían largos historiales delictivos, pero las autoridades alemanas les permitieron vagar libremente por las calles alemanas. La policía confirmó después que el documento filtrado era auténtico y dijo que habían abierto una investigación por la sospecha de “revelación de secretos oficiales”.

Miles de personas salieron a la calle durante varios días para protestar por el asesinato y la pasividad de las autoridades alemanas por el problema de la escalada de la delincuencia a manos de migrantes. Las manifestaciones (y contramanifestaciones) congregaron a un amplio espectro de la sociedad alemana, incluidos seguidores de AfD, así como miembros de la llamada “escena de extrema derecha”. Casi al acabar una de las marchas, algunos de los manifestantes se pusieron violentos y empezaron a insultar a los migrantes que pasaban por allí. Ese incidente moldeó después el relato de los medios, y pasó de ser una protesta de los alemanes contra la delincuencia de los migrantes a una extrema derecha que ataca a los migrantes inocentes.

Pocos o ninguno de los políticos de los grandes partidos alemanes condenó el asesinato de Hillig, pero se apresuraron a condenar los ataques a los migrantes.

El 27 de agosto, un portavoz del Gobierno, Steffen Seibert, en una rueda de prensa con los medios nacionales, condenó la “caza de personas de aspecto distinto, de orígenes distintos” en las calles de Chemnitz.

La canciller Merkel se hizo eco de sus palabras: “Tenemos vídeos que muestran que hubo una caza, que hubo disturbios, que había odio en la calle, y que es inaceptable en nuestro Estado constitucional”.

Después se supo que todas las afirmaciones del Gobierno se basaban en un solo vídeo de diecinueve segundos –titulado “Caza de personas en Chemnitz”– que fue publicado en YouTube y después emitido por la televisión pública ARD. El vídeo muestra a un individuo que persigue a otro, lo que parece ser un incidente aislado.

Además, se descubrió que un manifestante que acaparó titulares en la prensa nacional al hacer el saludo nazi en la protesta en Chemnitz era un extremista de izquierdas que se había infiltrado en la marcha con el fin de desacreditarla. Pero la narrativa mediática ya se había puesto en marcha.

El presidente de la Comisión de Asuntos Internos del Parlamento alemán, Burkhard Lischka (SPD), advirtió del peligro de una guerra civil:

Hay una pequeña turba de derechas en nuestro país que va a llevar sus violentas fantasías de una guerra civil a nuestras calles. Que en el Bundestag [el Parlamento alemán un partido aplauda esos excesos contra conciudadanos de origen extranjero como legítima defensa demuestra que la mayoría de nuestro país debe alzar aún más la voz en lo que respecta al Estado de derecho, la democracia y la cohesión de nuestra sociedad.

El vicepresidente del Bundestag, Thomas Oppermann, exigió que AfD fuese vigilada por los servicios de inteligencia doméstica de Alemania, la Oficina para la Protección de la Constitución (Bundesamt für Verfassungsschutz, BfV): “La cuestión de los refugiados divide a la sociedad y AfD se sube cada vez con más radicalidad a esta ola”.

El ministro de Interior alemán, Horst Seehofer (CSU) replicó que no ve fundamentos para vigilar a AfD. En un aparte en una reunión a puerta cerrada del CSU en Brandemburgo, Seehofer defendió a los manifestantes de Chemnitz: “Sólo porque la gente proteste no les convierte en nazis”. Añadió: “La migración es la madre de todos los problemas”.

El primer ministro de Sajonia, Michael Kretschmer (CDU), contradijo después las afirmaciones del Gobierno: “No había una turba, nadie fue a la caza humana, no hubo pogromo en esta ciudad”.

El portavoz de la fiscalía general de Sajonia, Wolfgang Klein, añadió: “Tras analizar todos los materiales a nuestra disposición, no hubo caza en Chemnitz”.

Cuando se le pidió que rectificara sus afirmaciones, Seibert se reafirmó:

“No voy a entrar en un debate semántico por una palabra. Por supuesto, si la oficina del fiscal general dice eso, tomo nota. Sin embargo, sigue habiendo un vídeo donde personas de origen extranjero son perseguidas y amenazadas. Sigue siendo cierto que hubo declaraciones que eran amenazantes, llamadas a tomarse la justicia por cuenta propia. Así que, en mi opinión, no hay nada de que hablar”.

Como Seibert, Merkel se negó a retractarse:

“Vimos imágenes que mostraban claramente el odio y la persecución de personas inocentes. Hay que distanciarse de eso. Eso es lo único que tengo que decir”.

En un artículo para Tichys Einblick, un destacado blog alemán, el comentarista Oswald Metzger lo resumía así:

“No hubo turba, no hubo caza humana, no hubo pogromo en esta ciudad”. El primer ministro sajón, Michael Kretschmer (CDU), corrigió con claridad los reportajes falsos y casi histéricos de muchos de los principales medios sobre los acontecimientos en Chemnitz tras el apuñalamiento mortal. Incluso la canciller y su portavoz en el Gobierno transmitieron, como todos sabemos, estas falsas informaciones al público, dándoles por lo tanto publicidad.

Durante demasiado tiempo, muchos ciudadanos de todos los ámbitos se han dado cuenta de que los problemas de integrar a inmigrantes de incluso tercera y cuarta generación han ido a más, o a menos, especialmente los turcos. La inmigración masiva de los últimos tres años, bajo la bandera del “derecho al asilo” ha aumentado significativamente el temor a sociedades paralelas, los delitos y la alienación cultural.

“Cuando veo las acusaciones a menudo indiscriminadas y generalizadas contra los ‘camisas pardas de Chemnitz’, los partidos tradicionales no deberían preguntarse por qué, casi sin excepción, siguen perdiendo votos a favor de la extravagante AfD.

Cuando los ciudadanos preocupados son cada vez más estigmatizados como nazis –acusaciones que, casualmente, por su uso excesivo equivalen a una descarada trivialización de los crímenes nazis–, suelen responder con un comentario de indiferencia: “¡Vale, pues no soy más que un nazi!”.

El extremismo no se puede combatir con la exclusión, sino atendiendo a los hechos. Los que quieran llegar a los ciudadanos preocupados deben salir de sus trincheras ideológicas.