Alemania protege sus empresas de adquisiciones extracomunitarias

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Economía abierta y libre mercado sí, pero siempre que los sectores e infraestructuras clave para garantizar la seguridad nacional estén protegidos. La nueva normativa aprobada el miércoles por el consejo de ministros alemán amplía el abanico de supuestos en los que el Gobierno puede investigar y vetar adquisiciones extracomunitarias. Aunque no se menciona explícitamente, la norma trata de controlar las inversiones a través de las cuales Pekín transfiere know how alemán de sectores estratégicos.

La iniciativa para proteger a las empresas alemanas se produce en un momento de intenso debate sobre los límites al proteccionismo y las virtudes del libre mercado. La cumbre del G20 -países más industrializados y emergentes- celebrada el pasado fin de semana en Hamburgo reflejó esas tensiones. Por un lado concluyó que los mercados permanecerán “abiertos” y que lucharán contra “el proteccionismo incluidas las prácticas comerciales injustas” Los líderes del G20 reconocieron sin embargo “el papel de instrumentos de defensa comerciales legítimos”.

“Seguimos siendo una de las economías más abiertas del mundo, pero también prestamos atención a que las condiciones de la competencia sean justas”, indicó la ministra alemana de Economía Brigitte Zypries en un comunicado. En él explica que en los últimos años las adquisiciones procedentes de fuera de la Unión Europea han crecido en número y complejidad y que el Gobierno ha decidido tomar medidas ante esta nueva realidad. “Se lo debemos a nuestras empresas. A menudo compiten con países cuyo orden económico no es tan abierto como el nuestro”, añade el comunicado.

El secretario de Estado Matthias Maching lo expresó con claridad en declaraciones al Süddeutsche Zeitung. “Sabemos que tenemos infraestructuras clave, que son atractivas para los inversores”. Y añadió: “Tenemos una economía abierta, pero no somos naif”.

Hasta ahora, el Gobierno podía examinar y en su caso vetar las inversiones extranjeras extracomunitarias que ascendieran al menos al 25% de una empresa alemana con el objetivo de asegurarse que no suponen un peligro para “el orden público o la seguridad” nacional. A partir de ahora ese examen se amplía de dos a cuatro meses, para poder recabar el máximo de información posible, y se aplicará a áreas sensible en materia de seguridad incluida la tecnología armamentística o la informática.

Con esta normativa en la que el Gobierno lleva un año trabajando, Berlín trata de actualizar el catálogo de sectores potencialmente sensibles a las amenazas externas, incluyendo por ejemplo el software en el contexto de la ciberguerra, como explica el preámbulo de la norma. Las adquisiciones en empresas proveedoras de software aplicable a la red eléctrica, hospitales, aeropuertos, trenes o telecomunicaciones serán a partir de ahora objeto de examen gubernamental.

El papel del Estado

Berlín trata además de averiguar hasta qué punto los Gobiernos están detrás de adquisiciones con apariencia de transacciones puramente privadas y crean condiciones de competencia desleal mediante subsidios. “En el caso de las inversiones chinas en Alemania, a menudo no está claro qué papel juega en las adquisiciones un Gobierno, cuya estrategia declarada es lograr que sus empresas inviertan en países con una alta tecnología potente y lograr una transferencia tecnológica”, explica Cora Francisca Jungbluth, investigadora económica de la fundación Bertelsman.

Esta experta indica que a partir de 2014 se ha producido un importante incremento de adquisiciones de empresas de tecnología alemanas por parte de China y advierte que en muchos casos han sido también benficiosas en términos de creación de empleo. La más sonada fue el año pasado la compra de Kuka, fabricante de robot alemán y exponente de la digitalización de la producción. La adquisición dio pie a un intenso debate en el país, que el miércoles ha culminado con la aprobación de la nueva normativa.

Una portavoz del ministerio de Economía explicó que Alemania trata junto con Francia e Italia sacar adelante una iniciativa similar para toda la UE, donde sin embargo no hay de momento acuerdo para limitar las inversiones extracomuntarias ya que supondría renunciar a una importante inyección de dinero fruto del expansionismo chino.