Alerta naranja por incendios en todo Portugal

Las altas temperaturas y los fuertes vientos hacen temer la acción de las llamas en este verano funesto después de la tragedia de Pedrógao Grande

En un verano marcado por la tragedia de Pedrógao Grande, donde murieron 64 personas, la situación por los incendios en Portugal se agrava este fin de semana, donde se esperan temperaturas superiores a los 35 grados y fuertes vientos. La consecuencia es doble: la alerta naranja (tercera más grave de una escala de cuatro) ha sido decretada en todo el país vecino y el pánico se extiende entre la población.

Mucho después de que tuviera que ser cortado el tráfico en la autopista que une las dos ciudades más importantes, Lisboa y Oporto, a causa de las llamas imperantes en la franja centro-norte.

La nefasta gestión de la crisis desatada por el gigantesco siniestro de Pedrógao Grande, tras el cual no dejan de sumarse interrogantes y más interrogantes, ha desatado la sensación psicológica de indefensión ante este tipo de catástrofes, en vista de que el Gobierno socialista no ofrece las respuestas adecuadas.

Pero transcurren los días y la preocupación sube por momentos, como ocurrió, por ejemplo, en Abrantes el pasado jueves 10 de agosto. Las llamas cercaron el núcleo urbano y la alcaldesa, Maria do Céu Albuquerque, se temió lo peor, aunque ya avanzada la noche se consideraba finalmente controlado el fuego.

El susto resultó mayúsculo y varias aldeas tuvieron que ser evacuadas de urgencia. Se movilizaron 634 operarios, 205 vehículos y siete aviones especializados.

Con todo, los frentes se multiplicaban en Grândola, Mealhada, Montemor-o-Velho. La ciudad de Coimbra quedó casi aislada por carretera, pues varias de sus vías tuvieron que cerrarse debido a la proximidad de las llamas.

Fue, precisamente, el 10 de agosto el día con más incendios en lo que va de año en Portugal: nada menos que 215, una incidencia que eleva la inquietud por las áreas calcinadas y su difícil regeneración. La región de Oporto sobresalió como la más afectada, con 45 avisos, y después figuran Coimbra (26), Braga (24) y Lisboa (19).

«La estrategia»

El Ejecutivo no da abasto para tapar huecos, aunque pocos entienden la estrategia del silencio puesta en pie por el primer ministro socialista, António Costa, especialmente porque se avecinan las elecciones municipales del 1 de octubre y la pérdida de votos puede ser un hecho si continúa la insatisfacción popular al respecto.

Tal vez por esta razón volvió el ex alcalde de Lisboa a Pedrógao Grande esta misma semana con el objetivo de interesarse por el proceso de recuperación del entorno un mes y medio después, además de hacerse una foto que, en realidad, llega tarde.

Se vivieron instantes de miedo en la localidad norteña de Vila Real, donde algunas casas se vieron amenazadas por las llamas a corta distancia e incluso se vio alcanzado un equipo de la TV portuguesa.

La Autoridad Nacional de Protección Civil combate el fuego como puede, pero sentaron muy mal entre sus responsables las críticas vertidas contra el cuerpo en boca del propio António Costa. En gran medida, porque la dotación de medios no se distingue precisamente por su eficacia, que por algo Portugal recurre una y otra vez a la ayuda solidaria de países como España, Francia y hasta Marruecos.

Siete personas (cinco de ellos bomberos) sufrieron heridas de cierta consideración en Vila Real, mientras los fuegos activos en toda la nación raramente bajan de los 150 a la vez.

«La climatología, el peor enemigo»

Más de un tercio de las hectáreas quemadas este verano en el perímetro de la Unión Europea corresponde a suelo portugués, donde han ardido 140.000. Una catástrofe que se reproduce una y otra vez, en parte por culpa de los pirómanos que operan de norte a sur, lo que ha colmado la paciencia de las gentes humildes de las aldeas, convertidas en verdaderos ‘cazaincendiarios’.

Las labores de extinción se ven dificultadas por la climatología y el mal endémico prosigue. La gente se pregunta por qué el Gobierno no aprendió la lección del verano pasado en Madeira, cuando murieron tres mujeres y las llamas se plantaron hasta el casco histórico de la capital de la isla, Funchal.

El Gobierno basa su optimismo en los buenos indicadores macroeconómicos, como el descenso del paro hasta el 8,8%. Pero crece la ira por la inacción cuando el fuego aprieta, y la actitud del Partido Socialista no parece sino enfurecer incluso a sus propios simpatizantes.

Así se pone de manifiesto en el caso de la aprobación urgente de una ley que dictamine las indemnizaciones a las víctimas de Pedrógao Grande, que va a salir adelante a comienzos de septiembre con los votos de la socialdemocracia de Passos Coelho, el CDS de Assunçao Cristas y, sorpresa, el Partido Comunista.

En primera instancia, los socialistas se abstuvieron para simular que no iban a remolque en este asunto. Finalmente, han perdido el tren y se escudan en que las encuestas no cesan de respaldar sus actuaciones. Eso sí, la popularidad de António Costa comienza a desplomarse.

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