Inicio Actualidad Alianzas para la pospandemia, por Lola García

Alianzas para la pospandemia, por Lola García

Quién nos va a sacar de esta y cómo. Esa es la pregunta que se dirime en estos meses. En qué apoyos se sustentarán unos presupuestos decisivos para salir de la crisis provocada por la pandemia y, por tanto, cuál será la orientación política de la legislatura. Y también quiénes gobernarán en Catalunya y con qué prioridades.

Durante los últimos seis meses, dos personas de la máxima confianza de Pedro Sánchez y de Inés Arrimadas – Félix Bolaños y Carlos Cuadrado– han mantenido numerosas reuniones para desbrozar un posible acuerdo presupuestario. La confianza entre la Moncloa y Arrimadas en este tiempo se ha fortalecido. A Ciudadanos le convenía desmarcarse del PP y Vox, y que sus diez diputados fueran útiles, mientras que a Sánchez le iba de perlas abrir el espectro de acuerdos y, al menos, bajar el precio de las exigencias del independentismo. Pero esa afinidad de intereses no lleva necesariamente a un pacto sobre las cuentas.

Ábalos se encargó de cerrar filas en el PSOE sobre el apoyo de Bildu a las cuentas, mientras se negocia con ERC

Tanto Sánchez como Arrimadas eran conscientes de que en algún momento el presidente del Gobierno tendría que elegir entre unos y otros debido a los vetos cruzados entre Ciudadanos por un lado, y ERC y Bildu por el otro. Ha sido Pablo Iglesias quien más ha maniobrado para que Sánchez se decidiera por el segundo bloque, el que impulsó la moción de censura y permitió la investidura del presidente. Pero no se puede decir que en la Moncloa desconocieran muchos de los movimientos del líder de Unidas Podemos.

Cuando Bildu anunció esta semana que votaría sí a las cuentas, algunos en el PSOE se echaron las manos a la cabeza ante un aliado tan incómodo. Ahora Arrimadas exige a Sánchez que elija, pero en la práctica el presidente ya lo ha hecho al pedir al secretario de organización del PSOE y ministro, José Luis Ábalos, que emprendiera un recorrido telefónico por las diferentes federaciones para aplacar los ánimos y cerrar filas. En los próximos días se sabrá hasta qué punto lo ha conseguido. El sí de Bildu aleja a Ciudadanos, pero aún es factible su abstención. Una vez emprendida la estrategia de despegarse del PP y Vox, con resistencias internas incluidas, a Arrimadas no le resulta tampoco factible volver ahora a la foto de Colón.

El sí de Bildu también facilita el camino a ERC, cada vez más decidida a apoyar las cuentas. Aunque en la Moncloa siempre recuerdan con recelo las inesperadas reacciones de los republicanos, con Bildu y los cuatro diputados del PDECat votando a favor del presupuesto, el peso de un no por parte de los otros cuatro parlamentarios de Junts es menor. Esquerra ya está negociando a fondo con el Ministerio de Hacienda las contrapartidas que podrá mostrar en Catalunya a la hora de hacer valer su apoyo en plena campaña electoral.

La independencia ha dejado de ser el ítem principal de las elecciones catalanas o, al menos, no lo es con la intensidad que se vivió en los últimos comicios, en diciembre del 2017. Entonces, en plena intervención de la autonomía catalana, el discurso de la “restitución” de los políticos del procés fue el eje de la campaña, que Carles Puigdemont supo exprimir con habilidad. Ahora, incluso el expresident ha renunciado esta semana a la restitución en el cargo aunque su partido gane las elecciones y él encabece la candidatura o figure en las listas. La renuncia de Puigdemont no tiene un efecto práctico, puesto que ya se comprobó en su día que no era factible su toma de posesión a distancia como president, pero sí tiene relevancia política, puesto que es la admisión de un cierto viraje en las prioridades de la sociedad catalana.

Tanto es así que lo que más preocupa en estos momentos a los dos partidos independentistas es la imagen de ineficacia del Govern ante la pandemia y sus efectos económicos. De ahí sus constantes desencuentros y acusaciones mutuas. ERC quiere jugar la baza de la negociación presupuestaria para afrontar la pandemia. Disponer de más recursos para compensar a sectores muy afectados, como los restauradores. Los republicanos necesitan introducir una cuña en la franja de votantes de clase media que tradicionalmente habían elegido a Convergència o sus partidos herederos.

Aunque Sánchez intentó la cuadratura del círculo buscando el apoyo del independentismo y de Ciudadanos al mismo tiempo, al final no le queda más remedio que elegir. Y, pese a la imprevisibilidad de ERC, esta es la opción que garantiza más estabilidad con Podemos en el seno del Gobierno durante los próximos dos años y que abre nuevas perspectivas para tratar de tranquilizar el conflicto en Catalunya y evitar sustos en el Congreso. No es un secreto que en la Moncloa esperan una victoria de los republicanos. La próxima semana se conocerán los resultados de una encuesta del CIS realizada con una muestra más amplia en Catalunya y que arroja un descenso del voto para Junts, aunque ese sondeo no incluye el efecto del enfado producido por las últimas medidas contra la Covid-19 tomadas por ERC.

Una vez aprobado el presupuesto en el Congreso en diciembre, antes de su paso por el Senado (donde tiene garantizada la mayoría), Sánchez también dará luz verde al proyecto de reforma del Código Penal para rebajar las penas por el delito de sedición, lo que favorece a los presos del 1-O, empezando por Oriol Junqueras, que cumple la pena más elevada. Eso, al margen del recorrido que siga la tramitación de los indultos, que dependerá más de los tiempos del Tribunal Supremo. Con ello, el Gobierno central espera que Esquerra pueda concurrir a las elecciones en condiciones de ganar la Generalitat el 14 de febrero. Pero los designios de las urnas son inescrutables y Puigdemont ya ha dado sobradas muestras de saber cómo dar la vuelta a la situación desfavorable.