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Amasar la violencia

La existencia de una violencia suficiente como para hacer tambalear al Estado es la pieza fundamental de la causa por rebelión contra los líderes independentistas. Y  de la lectura del escrito de acusación de la Fiscalía General del Estado, que pide penas de cárcel de hasta 25 años a los líderes del ‘procès’, en el caso del exvicepresidente Oriol Junqueras, y de 17 años para Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, se desprende que en lo que a la cuestión de la violencia se refiere, el concepto se ha amasado para darle una forma conveniente que sirve a un único objetivo instrumental: parar  en los juzgados lo que desde el Estado no se ha sabido gestionar políticamente.

El escrito de acusación flojea en el concepto de la violencia. Sostiene que los líderes del ‘procès’ “estuvieron a punto de lograr la independencia con sus actos delictivos”, cuando el referéndum realizado en Catalunya nunca fue reconocido por el Estado español ni por Europa. También se sostiene que los líderes independentistas contemplaron la “utilización de todos los medios que fueran precisos para alcanzar su objetivo, incluida la violencia necesaria”.

El mismo escrito entiende como violencia ocurrida y probada la resistencia pasiva de los ciudadanos en los colegios electorales el 1 de octubre, las manifestaciones en la calle a favor de la independencia y la búsqueda de “conflictividad” con el Estado por parte de los líderes independentistas. La acusación señala que el exGovern contaba “con un cuerpo policial armado e integrado por 17.000 efectivos”, que son los Mossos d’Esquadra. Pero en ningún momento aporta ninguna prueba de que los Mossos se alzaran en contra el poder del Estado español con armas y el propio documento concluye que su forma de ejercer la violencia fue “la inacción y la pasividad”.

En un país con una historia tan sangrienta como España, la violencia contra un Estado democrático no es un concepto abstracto y tampoco se asimila a desobediencia o resistencia. Tampoco lo es en una Europa que ha vivido dos guerras mundiales. La filósofa alemana Hannah Arendt, en su magnífico ensayo Sobre la violencia, aseguraba que, por su carácter instrumental, “la violencia siempre necesita herramientas (armas, tecnología), y su acción tiene resultados impredecibles”.