Inicio Actualidad Ante el coronavirus, los españoles escogieron el buenismo y decidieron dejarse matar

Ante el coronavirus, los españoles escogieron el buenismo y decidieron dejarse matar

Carlos Arturo Calderón Muñoz.- En 2018, la OMS publicaba un informe sobre la eficiencia de los sistemas sanitarios de 190 países. Entre los indicadores usados para crear el índice, estaba la facilidad de acceso a la salud; España obtuvo la séptima posición, con un excelente puntuación de 0,972 sobre 1.

En 2019 las cosas mejoraron. El Índice de Competitividad Global, hecho por el Foro Económico Mundial, determinó que cuatro países habían obtenido una puntuación perfecta en salud. Estos eran Singapur, Hong Kong, Japón y España. Por su parte, el índice de Bloomberg Healthiest Country calificó a España como el país más saludable del mundo. Gracias a su dieta mediterránea, excelente sistema sanitario y alta esperanza de vida. Esperanza que para 2040 será la más alta del mundo, según un estudio de la Universidad de Washington.

Sin lugar a dudas, España posee un excelente sistema sanitario que tiene todas las herramientas para enfrentarse a los problemas médicos del mundo moderno.

Informes del New England Journal of Medicine, indican que en la primera mitad de diciembre las autoridades chinas sabían de un nuevo virus. Sin embargo, fue sólo hasta el 31 de ese mes, que el gobierno asiático le informó a la Organización Mundial de la Salud de casos similares a la gripe, en Wuhan. Debido a esta poco transparente practica de comunicaciones, el 5 de enero, la OMS emitió un comunicado en el que afirmaba que no era necesario aplicar restricciones a los vuelos provenientes de China, pues no se contaba con suficiente información como para decretar un bloqueo.

El 7 de enero, China revelaba que el hallazgo pertenecía a la familia del coronavirus, la misma del SARS y el MERS. El 9 de enero el CDC reveló el genoma del virus y lo hizo público al mundo. Era demasiado tarde, ya había empezado el carnaval fúnebre. El 11 de enero caía la primera víctima en China; el 13, el virus era confirmado en Tailandia y el 15 en Japón. Mientras seguía su avanzada por Asia, el 21 de enero el virus llegaba a lugares tan lejanos como los Estados Unidos de América y Australia.

Para estos días China entró en modo Mao, clausurando a 60 millones de personas. A su vez, el 24 de enero el virus llegó a Francia. Para ese día China tenía 850 casos confirmados y 95 pacientes en condición crítica. El 28 de enero, en Alemania, se transmitía el primer caso entre europeos; al día siguiente China confirmaba 132 muertos. Finalizando el mes, Rusia cerró su frontera, España, Italia e Inglaterra tuvieron sus primeros casos y la cifra de muertos llegó a 213.

Con la que se estaba armando en Asia, los gobiernos de varios de los países con los mejores sistemas de salud en el mundo y adictos a regalar dinero a invasores, como lo son Francia, Alemania, Italia y España, se pusieron a la cabeza en la lucha contra la futura pandemia. Dispuestos a demostrarle a esos comunistas ojirasgados que no se necesita caer en el totalitarismo para contener una simple gripe, ¡SÍ!

En general, estas gloriosas naciones dejaron abiertas sus fronteras, porque todos somos iguales y lo que se debe hacer es celebrar la diversidad de genomas inter-especie para integrarlos en una sola sociedad multi reinos de la vida. El resultado es que, para el 18 de marzo del presente año, Italia tenía más de 35.713 infectados y 2.978 muertos; España 14.746 infectados y 638 muertos; Alemania 12.327 infectados y 28 muertos y Francia 9.134 infectados y 264 muertos.

En la provincia de Hubei, punto cero de la infección, la tasa de mortandad llegó al 3.4%. Con sistemas de salud aplastantemente superiores, territorios hasta 20 veces más pequeños, una población conjunta que representa la quinta parte de la de China y con un mes de aviso, las tasas de mortandad de estos países son: Italia 8.3%, España 4,3%, Alemania 0,22%· y Francia 2,89%. El porcentaje de muertos actual en Italia y España es escandaloso; aunque los números de Alemania y Francia son mejores, estos países son también los que menos personas han logrado recuperar del virus. Mientras en Italia se han recuperado 4,025 personas y en España 1,081, en Alemania apenas se han recuperado 105 y en Francia 602. Es muy probable que el bloque galo-germánico ponga muchos más muertos en los próximos días.

¿Significa esto que debemos abandonar nuestras libertades individuales y entregarnos a gobiernos draconianos? ¡NO!

Estas potencias europeas tienen envidiables sistemas de salud que pueden, sin mayor problema, satisfacer las necesidades de sus poblaciones. Los datos presentados al inicio de este artículo, en el caso particular de España, muestran que las capacidades sanitarias de los íberos superan, incluso, al mítico Japón. El potencial técnico de España no han sido el problema. El crimen ha sido no utilizar las herramientas hispanas para la función que fueron creadas.

A lo largo de todo el mes de febrero, los 18+2 gobiernos españoles decidieron ignorar la crisis. Para el día 9, el virus ya había infectado más de 37.000 personas y matado 813, convirtiéndolo en una enfermedad más letal que el SARS. Tal vez el hecho de que 811 de los muertos fueran chinos, les hizo pensar a Pedro Sánchez y sus cuatro vicepresidentes que esa joda, cual agente naranja, sólo mataba amarillos. Pero al día siguiente llegó un campanazo londinense: el Reino Unido declaraba al virus como una amenaza inminente contra la salud de los brexiteros.

Ya enamorados de nuestro nuevo bebé, el 11 de febrero la OMS le puso el nombre de Covid-19. La criaturita respondió al cariño, elevando los muertos a 1.018 y los infectados a 42.638. A pesar de que el coordinador de Emergencias de Alertas Sanitarias, Fernando Simón, afirmaba que: “España no va a tener más de algún caso diagnosticado” y que Quim Torra creyera a los suyos intocables (como si las leyes naturales fueran iguales a las españolas), el 12 de febrero, en un acto de sensatez, los organizadores del Mobile World Congress, el evento más grande de su tipo en el planeta, decidieron cancelar la edición de este año, que iba a realizarse en Barcelona.

El 22 de febrero, con 2.360 muertes y 77.659 infectados, Italia reportaba su primera baja. Mientras tanto, los agentes de Sánchez afirmaban que no había riesgo de contagio en España. Febrero termina con 85.000 infectados y 2.900 muertos; de estos habían 1.000 contagiados y 29 fallecidos en Italia; en Francia habían 100 contagiados y un muerto. Aun así, Sánchez estuvo ocupado dándole trato de jefe de Estado a Torra y golpeando agricultores.

Con el nuevo mes y el cercano día de la mujer, con sus respectivas marchas feministas, los organismos de salud de Europa y algunos expertos nacionales recomendaban que lo mejor era no hacer congregaciones masivas. El gobierno español no prestó atención, el hecho de que para el 7 de marzo hubiera 10 muertos y 430 contagiados, no fue motivo para ponerse serio con lo de la salud. Era más importante pelear con el cambio climático y promover las marchas del 8M.

Así llegó el 8 de marzo, con 3.600 muertos, de los cuales 366 se habían dado en Italia, se permitió que 120.000 personas salieran a marchar en la capital; incluidas la ministra de igualdad, una vicepresidenta, la esposa de Pedrito, etc. En nombre de “ni una menos” pusieron en riesgo de muerte a millones de mujeres españolas (Y hombres españoles, pero si esos se mueren nadie sale a marchar).

En la más reciente crisis del ébola, cuando se tuvo que sacrificar a un perro por riesgo de contagio y ningún español murió, la izquierda, con los animalistas como punta de lanza, se tomó Madrid para exigir la renuncia de la ministra de sanidad. ¿Qué hizo la derecha por la irresponsabilidad de permitir las marchas del 8M? Pues… el mismo 8 de marzo, Vox convocó un evento en el palacio de Vistalegre, con más de 9,000 asistentes, para hacerle contrapeso a las feministas. Toda la plana mayor de los verdes estuvo presente dando abrazos, besos y fanfarria; seguramente gritar “¡Viva España!” te hace inmune a virus chinos. ¿El PP? Bien gracias y los de Ciudadanos están cambiando sus principios por si no nos gustan los que tienen ahora.

El resultado fue el esperado, después de complacer a los que lo mantienen en el poder, Pedro Sánchez se acordó que era presidente y desde el 9 de marzo empezó a tomar medidas para salvaguardar la patria. Algo tarde, pues, como ya dije antes, hay más de 14.000 infectados y más de 600 muertos. Seguramente cuando lean estas líneas las cifras ya estarán muy por encima. Obviamente, entre los infectados están los intocables de todo el espectro político: Irene, Carmen, Santi, Torra, Ortega…

Ahora se están aplicando medidas draconianas para contener el virus. Debido al éxito chino, que, a pesar de poner 3.100 muertos, ha logrado contener el avance del Covid-19 y está reactivando todas sus ciudades, los españoles han aceptado las restricciones de su libertad como algo deseable.

Porque no hay otra forma de contener el castigo divino/arma biológica. Aunque estas medidas son necesarias en caso de extrema necesidad, lo que los recientes eventos demuestran, es que nunca se requirió de este despliegue de fuerza. La enfermedad se veía venir, se sabía de su potencial y la forma en que debería contenerse. ¿Y a que no adivinan? Había una mejor forma de parar esto.
El Salvador es uno de nuestros países hermanos; un pequeño territorio de 21,000 km cuadrados.

En el ranking del PIB mundial está en el puesto 102, en el IDH es el 124, en eficiencia de su sistema de salud es el 115 y tiene una tasa de homicidios de 35.8 por cada 100.000 habitantes. A pesar de ser un país de poco más de 6.3 millones de personas, el Aeropuerto Internacional de el Salvador movilizó 3.4 millones de pasajeros el año pasado. Esto se debe a que es el principal centro de operaciones aéreas de Centro América, básicamente porque sirve como escala entre Norte y Sur América. A pesar de todo lo anterior, al 18 de marzo del presente año, El Salvador no tiene un sólo caso de Covid-19.

¿Cómo lo logró? ¿Con buenismo europeo? ¿Con totalitarismo asiático? No, con sentido común. El presidente Nayib Bukele ha tenido una fuerte política de prohibiciones y restricciones. A medida que ha avanzado la crisis, se han prohibido el ingreso de pasajeros provenientes de China, Francia, Alemania, Italia, Corea del Sur, Irán, España y cualquier país que sea un foco de riesgo. Todos los salvadoreños que regresan al país son puestos en cuarentena, incluidos los miembros del alto gobierno. Michelle Sol, ministra de vivienda, fue puesta en un centro de contención después de participar en una reunión de la OEA en México. Adicionalmente, se están desinfectando a diario las instalaciones aeroportuarias.

El sistema, simple pero efectivo, ya esta siendo emulado por Guatemala, que con 6 infectados y al ver el éxito del modelo salvadoreño, se ha incomunicado del resto del mundo, por vía área, desde el 17 de marzo. El bloqueo no es perfecto, puede que alguien llegue a infectarse, pero es más fácil tratar a un enfermo que a cientos de miles. Y esa baja transmisión es asegurada por las políticas de Bukele.

En la civilizada Europa, eso de cerrar fronteras era inconcebible hasta hace unos días, pero funciona. Una nación acorralada por las pandillas logra hacerla funcionar, no debería ser un problema para las potencias occidentales. Si tienen que deportar gente, la deportan. En Colombia estamos echando franceses, gringos, españoles y otros tantos, que no están respetando las normas de sanidad.

Difiero con los demás colaboradores de este medio. El Covid-19 no es un castigo divino, no es culpa de Dios que teniendo el mejor sistema sanitario del mundo los españoles hayan decidido no protegerse. Tampoco es una bendición, Dios no va a premiar tal desidia. En una situación aburridoramente normal, ante un virus derivado de cepas que conocemos desde hace más de 70 años, los europeos en general y los españoles en particular, escogieron dejarse matar. Si leen la Biblia, se darán cuenta que Dios hace todo a lo grande. Castiga destruyendo imperios o premia dando la vida eterna. La expansión de esta pandemia por Europa ha sido un simple proceso de interacción entre especies, algo que ocurre todos los días desde la existencia de la vida. No adjudiquemos intervenciones divinas a la pereza humana.

Lo que ha pasado en España es pura y física irresponsabilidad burocrática. Chorrocientos mil políticos y funcionarios públicos fueron incapaces de actuar ante un primo de la gripe. La izquierda, preocupada por repartirse la torta del gobierno, complació los disparates de feministas, separatistas y similares. La derecha ha estado mayoritariamente callada y cuando le dio por manifestarse, fue para propagar el virus a lo bestia.

De cualquier forma, sigue siendo un virus muy débil, España tiene gigantescos problemas que afrontar y el Covid-19 nunca debió ser más que un trámite administrativo. La ineficiencia gubernamental, ante tan pequeño problema, debería hacer que se replanteen el modelo político que les rige. No simplemente criticar al PSOE, porque en muchas áreas el PP ha sido igual de inútil. Por el bien de España, es necesario crear un nuevo Estado.

*Desde Colombia