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Antonio Linde, ex edil de Cs en Torremolinos: «Si los aviones los pilotasen tripulaciones como los dirigentes de los partidos, nadie subiría a ellos»

Antonio Linde.

AD.- Antonio Linde fue el tercer concejal de Ciudadanos en Torremolinos (Málaga). En noviembre de 2017 fue nombrado portavoz ante la evidente falta de preparación de quien ejerció esa responsabilidad hasta la fecha (que en 2019 no fue incluida en la lista y acabó fundando un partido local junto a un ex concejal naranja de Rincón de la Victoria). Pero un año después de su nombramiento Linde dimite de un partido donde estaba claro que el mérito no era lo más importante.

Linde es un caso más de afiliado con trayectoria profesional (profesor de Filosofía en la UMA, catedrático de instituto y comisionado en el Instituto Andaluz de Evaluación y Formación del Profesorado de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía) que no aguanta más en la política.

Justo antes de decretarse el estado de alarma acababa de publicar Ineptocracia Naranja. Debacle de Ciudadanos y patología política española. Ahora el libro llena las librerías recién abiertas en un contexto en el que Ciudadanos se acerca al PSOE a nivel nacional y en el que su antiguo portavoz, primero en el Ayuntamiento de Málaga y luego en la Diputación Provincial, Juan Cassá, abandona sus filas sin entregar el acta.

Alerta Digital.- Usted acabó decepcionado de Ciudadanos y se marchó entregando el acta. ¿Qué le parece la actitud de Juan Cassá al marcharse quedándose con el acta?

Si se tiene en cuenta el sistema actual de listas cerradas que presentan los partidos y el acta ética que firmas cuando te presentas por Ciudadanos, lo que debes hacer cuando ya no quieres representar a tu partido es dejar el acta. Como usted señala, es lo que yo hice.

Le quiero decir algo acerca de este personaje público. Lo conocí nada más entrar en Ciudadanos. Daba a todos, conocidos o menos conocidos, unos abrazos como si te conociera de toda la vida. Era como un mal actor sobreactuando. Así hay muchos. Pues verá, Juan Cassá hizo un daño tremendo a Torremolinos, que es donde ejercí como concejal, pues era quien llevaba la voz cantante de la comisión que hizo la lista electoral: puso en los dos primeros puestos a dos personas totalmente inadecuadas por su perfil y su desconocimiento de la localidad. Todo porque eran amigos suyos y pensando en futuros apoyos, a sabiendas de su falta de nivel. Ese lastre hizo que la legislatura fuera convulsa y bastante estéril para Ciudadanos. Por un efecto dominó facilitó, además, la actual situación del Ayuntamiento de Torremolinos, presidida por todo tipo de componendas, urdidas por tránsfugas y no adscritos procedentes de Ciudadanos, de Vox y de Por mi pueblo, que apoyan al PSOE, fíjese usted. En Torremolinos saben perfectamente de lo que hablo.

AD.- Dice Cassá que se va porque el partido ya no está dirigido por los mismos que cuando él entró. Pero básicamente la dirección nacional está conformada por la misma gente que con Albert Rivera. ¿No cree más bien que se esconde una moción de censura detrás de todo ello?

Ciudadanos, con Arrimadas y su equipo es básicamente más de lo mismo, más continuismo, más hiperliderazgo. Están absorbidos por el marketing, por las encuestas. Esa mentalidad ‘resultadista’ sumió al partido naranja en una profunda crisis. Han estado ‘veleteando’ y muchas veces no se han sabido colocar donde les convenía. Yo les aconsejaría que prestaran atención a los principios liberales y los siguieran con independencia del cortoplacismo. Dicho lo cual, creo que Ciudadanos tiene suerte en un sentido: hoy día, en el quilombo en que se ha convertido la política, lo importante a veces no es tener pocos o muchos diputados o concejales, sino que los que tengas sean determinantes para mercadear con ellos. Me parece bien que varios partidos se unan para formar mayorías estables de gobierno, pero no el mercadeo que sufrimos actualmente.

Pero vuelvo a su pregunta. Sobre la motivación de Cassá para irse de Ciudadanos sin entregar su acta, eso es algo sobre lo que no me voy a pronunciar porque pertenece al campo de sus intenciones y yo no sé lo que hay en la cabeza de este señor. Probablemente, estaría pensando en algo que le convendrá a los efectos prácticos. Si es una moción de censura o cualquier otra maniobra, ya se verá.

AD.- Si así fuera, ¿cómo podría el PSOE y Unidas Podemos justificar una moción a un alcalde con altas cotas de popularidad?

Partiendo del supuesto que usted me pone, mi respuesta es que esa moción de censura sería difícil de justificar. No por la mayor o menor popularidad de Francisco de la Torre sino por el hecho objetivable de los logros que avalan su gestión, por ejemplo de tipo cultural. Si algo funciona bien, no parece buena idea cambiarlo. Menos aún cuando quien vendría a sustituir al alcalde prestigiado es una macedonia de políticos de diversos partidos que no han demostrado nada. Además, ese proceso requeriría la colaboración necesaria de elementos de perfil profesional y político bastante bajo. Ya sé que el sistema representativo es así, pero buscar mayorías poco naturales no solo con diversos partidos sino también con tránsfugas o no adscritos, me parece ya un golpe bajo a la voluntad popular expresada en las urnas.

Dicho todo esto, también he de decir que esta crisis abre un período nuevo, exigente, en que todos los políticos, y también Francisco de la Torre, han de reaccionar para cambiar muchas cosas demandadas por la situación, como despilfarro del gasto público, supresión de grasa en la administración y entes locales, etc. Quien no haga esos cambios puede ser fagocitado en poco tiempo por campañas adversas y por el viento de la historia.

AD.- Usted habla como mal endémico de la política española la falta de trayectoria profesional de muchos políticos. Si repasamos el CV de Juan Cassá en Linkedin, vemos que ante la falta de trayectoria incluye su pertenencia a consejos de administración por su condición de concejal. ¿Cómo alguien tan aparentemente vacío de trayectoria puede llegar tan lejos en política?

No me extraña lo que me dice sobre el CV de Cassá. Penoso. Políticos que no tienen ni curriculum ni vida laboral destacada, ponen cualquier cosa o se las inventan. Por ejemplo ‘estudios de’ cuando solo han hecho un curso de una carrera; publicaciones sin ISBN o ISSN, como apuntes encuadernados o libros que se autopublican. La picaresca se abre paso por infinidad de caminos. Pero lo que me interesa es por qué ocurre todo esto.

Una razón es el sistema de listas cerradas donde los afiliados saben que se premia la sumisión y las lealtades a los jefes por encima de cualquier otra consideración, ya sea la valía, los principios o el interés social. Relacionado con esto está la carencia escandalosa de democracia interna en los partidos, que solo permite que medren palmeros, pelafustanes e ineptos que quieren hacer de la política su medio de vida. Lo vemos en esos perfiles de políticos que no tienen ni curriculum, ni vida laboral de mérito, ni experiencia profesional de gestión o de organización alguna. Se han metido a los 18 años en las ‘juventudes de…’, puede poner usted las siglas que quiera. Luego se han puesto a las sombra de aquellos que deciden las listas cerradas hasta alcanzar cargos orgánicos e institucionales y vivir de ellos el mayor tiempo posible.

Creo que ha llegado el momento de que nos planteemos en serio la cuestión de los mecanismos de selección de nuestros políticos. La ciudadanía ha sido indiferente a este asunto y en general se ha confundido meritocracia con elitismo. Les pido que reflexionen sobre la siguiente comparación: si los aviones los pilotasen tripulaciones como los equipos que conforman los cuadros directivos de los partidos políticos nadie subiría a ellos. ¿Por qué hemos de ser exigentes con la selección de pilotos de aeronaves para doscientos pasajeros y no con quienes llevan la nave de la política en la que viajan decenas de millones de ciudadanos?

AD.- Siguiendo con las trayectorias profesionales de los políticos. En el libro ha sido muy cuidadoso con no mencionar a nadie. Pero con su lectura es inevitable pensar en algunas personas. ¿El malagueño de a pie sabe quién es ‘el que manda’ en Ciudadanos Málaga? ¿Qué bagaje profesional tiene?

En el libro, en efecto, hablo poco de personas con nombres y apellidos y trato de ir al diagnóstico, al análisis de causas, consecuencias y soluciones. No sé quién manda actualmente en Ciudadanos Málaga ni me importa demasiado. Pero cuando estaba en Ciudadanos ni yo ni casi nadie sabía quién mandaba, quién decidía o solo era correa de transmisión, porque todo era opaco en ese partido. Entre la gente que figuraba delante había conductores de hormigoneras, camareros, licenciados que apenas habían ejercido. En general, daban un perfil profesional, laboral o académico bastante bajito. Ustedes los periodistas deben saberlo. Dejémoslo ahí.

AD.- En Torremolinos el partido no apuesta por usted y lo hace por un recién llegado del País Vasco, donde fracasó como candidato a lehendakari, con poco bagaje profesional y cuyo máximo exponente parece ser que es su activismo LGTB. Para colmo a los pocos meses, este colocado por la cúpula nacional, se sale del grupo de Ciudadanos y se echa en brazos del PSOE. ¿En Ciudadanos dimite alguien ante tanta torpeza en los procesos de selección?

Pedí a mis superiores jerárquicos garantías de que podría hacer un equipo para la siguiente legislatura y que, si nos imponían un número uno de fuera, como hicieron en 2015, tuviera mejor nivel que los de Torremolinos. Vi que el partido de nuevo iba a practicar el nepotismo. Mandaban a una persona que desconocía la ciudad al punto de ubicar ante la televisión local el Caminito del Rey en el centro de Torremolinos. De nuevo metieron en los primeros lugares de las listas a amiguetes.

Respecto al tema de las dimisiones, nadie dimitió pese a que se obtuvo en 2019 la mitad de concejales que en 2015 y pese al rápido paso del número uno a no adscrito y al equipo de gobierno del PSOE. Pero fíjese que hay algo que me parece peor y es que tras cada metedura de pata de Ciudadanos lo que no ha habido nunca es un proceso de autocrítica.

AD.- Usted acusa a sus antiguos compañeros, como si se tratase de un mal muy generalizado, de que hay mucho palmero, politieso, fotomaníaco, inepto empoderado, agradador, vividor… y una larga y divertida (pero dura) ristra de calificativos. Sin necesidad de dar nombres concretos, ¿nos puede detallar alguno de ellos?

Lo duro no es mi lista sino ser gobernados por ese tipo de políticos. Suele decirse por ahí que tenemos los políticos que nos merecemos. En España eso no es verdad porque lo que nos presentan en listas cerradas solo nos permite elegir entre lo malo y lo peor.

Respecto a la presencia de esa fauna en la política, pensemos por ejemplo, en los palmeros. Estaremos de acuerdo que hay demasiado hiperliderazgo y narcisismo en los partidos. Pues bien, allí donde hay ‘narcisos’, hay palmeros.

Respecto a los politiesos, ¿qué actividad profesional tenían muchos de nuestros políticos antes de empezar a vivir de la política? Estaban tiesos. Sin oficio ni beneficio, o cargados de deudas, o en trabajos precarios o minusmileuristas. De ahí pasan a ganar sueldos de 80.000 euros brutos anuales, más otros complementos. Es lógico que se aferren a la política, que sean coriáceos, resistentes y capaces de aburrir al más pintado. No tienen formación pero son unos motivados.

Otros especímenes que abundan mucho son los que llamo fotofílicos o fotomaníacos. Saben que vivimos en una sociedad de la imagen y hacen lo que haga falta para chupar cámara. Recuerdo de cuando iba a los mítines de Ciudadanos que un momento cumbre era aquel en que acababa el mitin, cuando los cargos y líderes aún estaban juntos arriba y el escenario se ‘petafotaba’. Aquello se llenaba de fotofílicos, aspirantes a cargos públicos, que corrían, empujaban y cargaban por una foto o un selfie con el líder.

A veces, en su afán narcisista hacen el ridículo o resultan patéticos: recuerden los posados del presidente Sánchez, en el Falcon, a lo John Kennedy o a la presidenta de la Comunidad de Madrid, posando al modo de una Dolorosa para ‘El Mundo’. Hasta gente que piensas que es más seria a veces pierde la pinza por la foto.

En cuanto a los ineptos, empiezan como ineptos a secas, hasta que llegan a ser ineptos con cargo o ineptos empoderados. Cuando no tienen cargos son sumisos y humildes, pero cuando acceden a los carguillos se convierten en ineptos soberbios. Soberbios, ignorantes y peligrosos porque ya manejan poder y presupuesto.

AD.- En las primarias para elegir nuevo presidente de Ciudadanos se presentaron dos proyectos. Inés Arrimadas ha arrasado. ¿Ese abultado resultado es debido a que la mayoría de los críticos ya no estáis en Ciudadanos?

Bueno, en Ciudadanos no queda casi nadie. Es como el increíble partido mengüante. La base de afiliados de Ciudadanos nunca fue muy grande, pero ahora es pequeñísima. Según el diario ‘El País’, Ciudadanos tenía, hace dos meses, 20.713 afiliados. ¿Qué es esa base social para un partido que aspira a gobernar España? Por supuesto que la gente más preparada y crítica ya se marchó o la echaron.

A los que ya están instalados en cargos públicos bien remunerados les da igual toda esta debacle de su propio partido porque confían en que, aunque el barco naufrague, uno de los botes salvavidas será para ellos, bien en su partido actual o en algún otro con el que mantengan contactos debido precisamente a su actual cargo. A la jerarquía de Ciudadanos aparentemente le ha dado igual cada vez que ha habido bajas masivas de afiliados debido a sus errores tácticos e ideológicos. ¿Saben por qué? Porque así el poder se lo repartían los pocos que quedaban. Suele pasar en partidos con fuertes expectativas de representatividad. Recuerde el dicho: «cuantos menos seamos a más tocamos». Y mientras tanto se ha podado el talento que había en el partido para eliminar competencia por los cargos más apetecibles. Ningunearon primero a los numerosos y brillantes intelectuales que había en el partido y después a sus afiliados más emprendedores y críticos. Ciudadanos ha sido como el Chernobyl de los partidos políticos, tóxico internamente y sin alarmas ni mecanismos de detección en caso de mal funcionamiento porque echaron a las voces críticas que podían alertar sobre lo que iba mal. Se ha enrocado en el autismo del marketing.

AD.- En el libro insiste que pone más ejemplos del partido que conoció por dentro pero que la ‘ineptocracia’ es un mal que afecta a todos los partidos. ¿Hacia dónde se encamina la democracia española?

Sé que está muy bien visto ser positivo, asertivo y todas esas cosas. Yo creo bastante en la vitalidad de la sociedad, en la iniciativa de los individuos, en el progreso de la ciencia pero soy bastante pesimista respecto al rumbo que tomó la democracia española. Casi todos los partidos tienen responsabilidad en ello. Explicaré brevemente esto.

Esta etapa de crisis nos ha cogido con el peor gobierno posible, pero de todas formas la cosa hubiera sido difícil porque tanto el PSOE como el PP, durante las alternancias del bipartidismo, no hicieron reformas estructurales imprescindibles. El problema no son los funcionarios, ni las pensiones, no. El problema es mantener tantísimos chiringuitos políticos supercaros, tantas televisiones públicas, tantas duplicidades, tantos políticos con miles de asesores que están justamente para tapar el agujero del político sin preparación. El problema es permitir irresponsablemente que la deuda y el paro crezcan y crezcan. De los partidos nacionalistas no digo nada: van a lo suyo y punto. De otros como Unidas Podemos tampoco, excepto que tienen todos los viejos tics de ideologías antiguas y de teorías económicas ya aplicadas y fracasadas. Pero es que un partido como Ciudadanos tiene también una responsabilidad enorme por defraudar el sueño liberal de millones de españoles y por no defender coherente y sólidamente sus propuestas más innovadoras. Resulta que solo eran unos nuevos ricos del poder.

Va a ser difícil enderezar el rumbo. Sugiero, entre otras muchas posibilidades, exigir que los partidos sean organizaciones transparentes, democráticas y meritocráticas, reducir el poder absoluto de las cúpulas partidistas para hacer las listas electorales cerradas. También me parece importante cambiar la ley electoral y la ley D´Hondt para que el voto de cada ciudadano valga lo mismo. Invertir en educación, en investigación e innovación, en economía productiva.

AD.- En los tiempos en los que estamos viviendo es inevitable que le preguntemos si en la gestión política de la pandemia del COVID-19 causada por el coronavirus se aprecia ineptitud por parte de los gestores públicos.

La crisis del coronavirus ha sido como una especie de banco de pruebas o examen de estrés que la maquinaria ineptocrática de la política ha suspendido. Los políticos, especialmente los que tienen responsabilidad de gobierno, no han estado a la altura de la ciudadanía o de los profesionales. La lista de decisiones absurdas es muy larga pero recordaría algunas, como que el Gobierno minimizó e incluso se mofó al principio del riesgo de la pandemia, pese a las advertencias y a las evidencias internacionales. Incluso alentó manifestaciones masivas el 8M y permitió concentraciones deportivas. Fue incapaz de aplicar durante un tiempo dilatado y precioso test masivos. Ha hecho el ridículo en numerosos fiascos de compra de material sanitario. O se ha adelantado innecesariamente a la UE anunciando confinamiento para el turismo extranjero que pudiera venir a España. Estas cosas tienen un precio enorme para todos en miles de millones de euros y en sufrimiento.

En España siempre hemos mirado para otro lado cuando se ha nombrado ministros de asuntos muy complejos a personas que nada sabían de ellos. Una vez más nos ha pasado con la sanidad.

¿Qué hace de ministro de Sanidad un licenciado en Filosofía? Comprenderá que no lo digo por menosprecio de la Filosofía. Yo soy doctor en Filosofía, pero no sé casi nada de hospitales, de medicina, de gestión de recursos sanitarios. Ese señor será competente para asuntos relacionados con las humanidades pero resulta absurdo ponerlo al frente del Ministerio de Sanidad.
Si mi libro lo hubiera escrito ahora creo que no lo hubiera llamado ‘Ineptocracia Naranja’. Hubiera preferido algo así como ‘Ineptocracia política española’ o ‘Ineptocracia a todo color’.

AD.- En la gestión sanitaria el Estado de las autonomías está en entredicho por falta de coordinación. Pero a la vez el mando único maniata a las CCAA. ¿Estamos ante lo peor de un Estado autonómico pero a la vez con la peor versión de un gobierno central?

La crisis del coronavirus ha puesto sobre el tapete la necesidad de que el Estado recupere las competencias de las autonomías en materia sanitaria. Recordemos, por ejemplo, los movimientos de parte de la población de unas comunidades de riesgo a otras en los comienzos de la pandemia.

Lo que no puede ser es que en los tiempos en que esto es necesario, el Gobierno central, en este caso inexperto y con tics sectarios, recaba todo el poder para emplearlo ineficazmente. Por otro lado, la descentralización es necesaria, así como beneficiarse del conocimiento que sobre el terreno pueda tener el círculo de la administración más cercano. Si nos quedamos con lo peor de un centralismo ineficiente y de una descentralización desactivada por el poder central, entonces muchos ciudadanos empezarán a preguntarse para qué tenemos que apechugar con el carísimo Estado de las autonomías. El director de la banda debe dejar tocar a los músicos, sobre todo si él no entiende mucho de música.