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¡Arde París! El significado último (y oculto) de lo ocurrido ayer en Francia (Exégesis especulativa)

Impresionante foto. Sólo la Santa Cruz alumbra el interior de Notre Dame

José Antonio Bielsa Arbiol.- Es un dato bien conocido por los iniciados en la ciencia hermética y los arcanos esotéricos que abril es el mes por excelencia de los rituales satánicos. Lo ocurrido ayer en París (a falta de datos más precisos disponibles por el momento), nos resulta demasiado reconocible (por sospechoso) como para creer a pies juntillas la versión oficial emitida por los medios del Sistema: ¡tomar la destrucción de Notre Dame cual si de un mero “accidente” se tratase!

Al abrir las puertas de Notre Dame, sofocados los penúltimos restos del fuego destructor/purificador desatado, las llamas lo habían combustionado casi todo, pero dirigiendo la vista al fondo, la Cruz seguía allí, de pie en el altar mayor, luminosa e intacta [El Comercio, 15/IV/2019]: la Cruz permanece estable mientras el mundo da vueltas (San Bruno); la Cruz, signo de contradicción, perpetuo mazazo contra la soberbia del mundo moderno, seguía/sigue ALLÍ.

Si incidimos en este hecho extraordinario (NO el incendio, sino la impasibilidad de la CRUZ) -que cualquier necio cegado por el más burdo materialismo (y los medios del Sistema) no dudará en atribuir a la “casualidad”, el “azar” o la “suerte”- es porque sabemos que de Cristo nadie se ríe, ni siquiera las oligarquías paganas que dirigen el mundo desde la sombra. Y que las señales, en estos tiempos anegados por el pecado, adquieren redoblado significado.

Lo ocurrido ayer (15 de abril de 2019) en Notre Dame sólo es un signo más (otro) de lo que los teólogos y exégetas no han dudado en identificar con “el Fin de los Tiempos”. Más bien provocado (que deseablemente fortuito), el incendio de ayer constata-y-ratifica lo que sólo parece ser un previsible escenario preparado, un hecho encriptado clásico (ritual de purificación) por lógica coyuntural dirigido y orquestado desde la “zona oscura” (!), en cuanto agradable al “Señor del mundo”; ese señor, como ya se sabe, es Satanás, cada día más predominante conforme nos vamos acercando al pórtico de acceso de la “Era de Acuario” (transición en 2021).

Hechos de conspiración y “escenario(s) preparado(s)”

Entre los estudiosos de las Teorías de conspiración, el leitmotiv del “escenario preparado” aparece y reaparece cual si de una sombra errante se tratara: tema molesto e impertinente para unos, sumamente desagradable de abordar para otros, mas ineludible siempre; valoremos, antes de aventurar nada, el contexto en clave polimorfa, intentando enumerar todo tipo de datos significativos (unos más, otros menos), antes, durante y después del incendio:

Curiosamente, o no tanto, el incendio tiene lugar el Lunes Santo, es decir el día segundo de la Semana Santa, coincidiendo además con el 15 de abril, día señalado para la oligarquía iluminista (pagana) en cuanto abre un período de quince días que culminará el día 30 (con la Noche de Walpurgis);

Curiosamente, o no tanto, ese mismo día, el “santoral laico-progre” del Nuevo Orden Mundial “celebra” el denominado “Día Mundial del Arte” (!), presunto sustituto barato para colmar el vacío existencial del nuevo sujeto ego-maníaco NOM (del rebaño): la pérdida del sentido también arrastra consigo la pérdida del significado (la destrucción del canon artístico occidental –que tiene en Notre Dame un gran ejemplo, “arreglos” neogóticos incluidos– ejemplifica bien la “celebración” laicista de este contra-Lunes Santo);

Tras 22 semanas consecutivas, la crisis de los llamados “chalecos amarillos” (encuadrable en la disidencia anti-NOM) está poniendo contra las cuerdas al gobierno masónico de Emmanuel Macron, obediente a los intereses mundialistas de las oligarquías pinaculares;

Curiosamente, o no tanto, Macron tenía previsto dirigirse esa misma noche “a Francia” (sic) en “un discurso solemne para pasar página de la crisis de los chalecos amarillos” [El País, 15/IV/2019];

Curiosamente, o no tanto, el incendio “coincide poco después de la oleada de quema de iglesias en Francia” [Hispanidad Católica, 16/IV/2019];

Curiosamente, o no tanto, el fuego comienza en la techumbre de la catedral (zona restringida)… viniéndose abajo la aguja de la catedral (léase el punto más alto de la estructura, culminado con la Cruz –siempre la Cruz–);

Curiosamente, o no tanto, el fuego se extiende a insólita velocidad por toda la estructura; las gestiones del apagado del incendio pueden tildarse de poco vigorosas, e incluso pasivas (sin presencia de avionetas, etc.);

Curiosamente, o no tanto, en las redes sociales “los musulmanes celebran el incendio de Notre-Dame”: “La trágica noticia, que está siendo llorada por todo el mundo, parece ser que ha provocado la alegría de los musulmanes. A través de las redes sociales, numerosos musulmanes han celebrado el incendio. En Facebook, en los directos que emiten el incendio, numerosos musulmanes han reaccionado riéndose”;

Curiosamente, o no tanto, a las pocas horas del desastre, algunos medios extranjeros (CNN) empiezan a hablar “de unión de todas las iglesias del mundo para reconstruir Notre Dame” [testimonio vía WhatsApp, desde Miami];

Curiosamente, o no tanto, la iniciativa privada (Pinault, LVMH, etc.) se suma al carro: “Empiezan a llover donaciones para la reconstrucción de Notre-Dame” [rfi/Las voces del mundo, 16/IV/2019].

Claves y consideraciones sobre lo ocurrido

La lectura atenta de todos estos hechos, problemáticos de aunar pero certeros de intuir en el plano exegético (en cuanto participan de la misma conexión invisible que mueve y articula el proyecto NOM), pueden resumirse en las siguientes claves (implícitas):

La apostasía de Francia (y de Europa), y el precio a pagar: Francia es la nación apóstata por antonomasia de Europa, sede del iluminismo satanista;

La Profecía de La Salette (1846), cumplida (una vez más): por si todavía quedaran dudas al respecto, el mensaje de La Salette sigue más vivo que nunca;

La Fase 1 de la Operación Blue Beam (destrucción y borrado de la Historia [con el permiso de Viollet-le-Duc]), o un trasunto de este dispositivo, puesto definitivamente en marcha en el corazón de la vieja Europa: la destrucción de Notre Dame, símbolo y corazón de “la hija mayor de la Iglesia” es algo espiritualmente mucho más traumático y devastador, por ejemplo, que la destrucción de Hatra o el reciente (y también sospechoso) incendio del Museo Nacional de Brasil;

Preparación de acceso (vía ritual de fuego) a la “Era de Acuario”, por medio de un presunto incendio “accidental”.

Y sin embargo… Cristo tendrá la última palabra.

(La Tribuna de España)