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Así nos está mintiendo el Gobierno de Sánchez sobre el coronavirus desde el primer minuto

Los españoles merecen un Gobierno que no les mienta. Con la complicidad de una oposición amordazada y rendida, las mentiras del Gobierno de Sánchez están costando vidas humanas y nos ofrecen unas perspectivas económicas devastadoras.

España es ya el quinto país el mundo en número de muertes por el conoravirus porque desde el primer momento, el Gobierno negó el riesgo de contagios en España y minimizó irresponsablemente la gravedad de la enfermedad. Fruto de la negligente gestión, el Gobierno se negó a tomar medias precautorias, que era lo que se le pedía insistentemente desde algunos sectoresa, entre ellas los controles sanitarios en los aeropuertos y las restricciones a la llegada de personas procedentes de países como Italia y China. El Gobierno optó por considerar estas advertencias como infundadas y alarmistas, y al final nos hemos convertido en uno de los países del mundo donde el coronavirus tiene ya una mayor incidencia. Nuestra vecina Portugal, en cambio, con menos recursos económicos y un sistema sanitario inferiores al español, ha contenido la propagación de la enfermedad.

La historia hasta ahora del coronavirus en España ha sido una sucesión de mentiras, engaños y negligencias.

El pasado 13 de febrero, hace justo un mes, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón, insistió en que en España «no hay coronavirus», y por ende «no existe riesgo de infectarse», y señaló que la ansiedad social que se está generando está «un poco fuera de lo razonable».

Más de quince días después de estas declaraciones, Simón seguía mostrándose optimista al respecto. Según se percibía entonces, «casi todos (los casos) están asociados a grupos bien identificados que se han producido a partir de casos conocidos, con lo cual no han aumentado sino que incluso se han reducido algunas de las zonas con las que teníamos dudas sobre el origen y una posible transmisión comunitaria asociada a esos posibles casos». Y enfatizó: «No hay una avalancha de casos».

En esa misma comparecencia, y a preguntas de los periodistas sobre la manifestación del 8-M que iba a celebrarse un día después en Madrid, dijo que él no iba a decirle a nadie lo que tenía que hacer pero que si su hijo se lo preguntaba, le diría «que haga lo que quiera». También apuntó que la manifestación «es una convocatoria para nacionales en la que en principio participan nacionales pero no quiere decir que no haya extranjeros ni tampoco algunos de alguna zona de riesgo pero no es una afluencia masiva de personas de zonas de riesgo».

Fernando Simón, director del Centro Coordinador de Alertas y Emergencias Sanitarias, durante una rueda de prensa.

Sobre el tema de las manifestaciones del 8-M no sólo ha sido Fernando Simón el que adoptó esta actitud. El Gobierno animó activamente a participar; de hecho, a la marcha envió a la vicepresidenta Carmen Calvo, a la mujer del propio presidente, Begoña Gómez, y a otras ministras, como Irene Montero, que ha dado positivo en COVID-19.

Después, siempre se ha negado a hacer autocrítica al respecto. El propio ministro de Sanidad, Salvador Illa, en una comparecencia informativa justificó la celebración de dichas marchas alegando que el «cambio de la situación» e impacto del coronavirus en España se produjo «el domingo al anochecer». «Hemos tomado las medidas que hemos considerado oportunas en el momento en que las hemos considerado oportunas. (…). La situación del lunes no es la misma que la del domingo, o que la del sábado. Esto va a ser así».

La última mentira del Gobierno ha sido la de prometernos hace ya cuatro días la llegada de  test rápidos de coronavirus que, obvia decirlo, todavía no han llegado. Es la consecuencia de tener a un funcionario licenciado en Filosofía nada menos que al frente de la gestión de la crisis contra la pandemia.

Los responsables del Gobierno no han hecho más que mentirnos desde el minuto 1. Da asco ver a un ‘infecto’ como Pablo Iglesias intentando sacar rédito político de esta crisis. Definitivamente, la salud de los españoles está en manos de personajes infectos. Política, moral, social y personalmente.

Los usuarios de las redes sociales han recordado esta noche al insolidario Iglesias y al resto de dirigentes de Podemos su responsabilidad directa por los más de 800 muertos registrados hasta hoy en España, a causa de la epidemia del coronavirus, rebautizando a su partido como #UnidasPandemias.

Por todo ello, no entendemos el absentismo crítico de la oposición, sobre todo la el PP. La oposición está desaprovechando la oportunidad de acabar con el Ejecutivo, en medio de una opinión pública mayoritariamente indignada con la gestión de la crisis.

La inepta chusma política española en su conjunto es incapaz de gestionar correctamente esta crisis, y cualquier otra situación medianamente compleja. Llevan 40 años demostrándolo a diario. Pero la cuestión no es el signo político del gobierno, sino la fuerza o la debilidad del Estado. En España el Estado es casi inexistente: anímico, renqueante, exhausto, moribundo, agónico…

Los palos de ciego de nuestras autoridades sanitarias, la insondable incompetencia del gobierno de inútiles integrales cegados por la ideología, ensoberbecidos y prepotentes, corruptos y desalmados, son aun más preocupantes que el coronavirus. Debemos temer mucho más al gobierno español que al Covid-19. En la jerarquía de los peligros y las amenazas, hay que poner orden: el primero es mucho peor, y con mucho, que el segundo. No es el coronavirus quien está llenando los cementerios: es el gobierno. Y no es una metáfora.