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Ayuso, hija de Aguirre

Tomás Gómez.-. Los líderes nacionales se están achicharrando por su incapacidad. Pablo Casado cree que llegar a la Moncloa no depende de lo que haga sino que, sencillamente, hay que esperar a que la crisis económica vuelva a destrozar a los socialistas, como ocurrió en 2011.

Mientras tanto, se ha empeñado en arreglar lo que considera que fue un desatino de Mariano Rajoy: la mala gestión del problema catalán y, como consecuencia, la emergencia de Vox.

Para ello ha decidido hacer más radical su discurso, tanto que compite con Vox. Así ganó las elecciones primarias contra Soraya Sáenz de Santamaría, pero lo que no le han contado al líder popular es que los militantes de un partido siempre están más radicalizados que sus votantes.

En realidad, lo que padece el líder popular es un complejo de inferioridad que le hace invisible ante la opinión pública. La inseguridad de Casado contrasta con el exceso de confianza de Isabel Díaz Ayuso, que bien podría pasar por la hija de Esperanza Aguirre porque, como esta, sabe poco de política pero mucho de cómo hacerse con el espacio mediático y con un ejército de adeptos.

De hecho, la única voz del PP realmente escuchada por los electores es la de la presidenta de la Comunidad de Madrid que, se ha convertido de facto en la jefa de la oposición y en el referente del PP.

Jose Luis Martínez Almeida también recoge éxitos de todo esto. Con un tono inspirado en Alberto Ruiz Gallardón, pero menos soberbio, ha logrado, con humildad, dar seguridad a los votantes de derechas y recibir loas de la izquierda que pensando que eso debilitaba a Ayuso han conseguido el efecto contrario.

Inés Arrimadas se ha dado cuenta de la debilidad de Casado como líder y de su escoramiento hacia posiciones radicales y como Pedro Sánchez tampoco ha sabido transitar por la autopista del centro, sino que ha preferido la jungla silvestre de Podemos y los independentistas, la líder naranja ha emprendido el camino de desandar los últimos dos años y adueñarse del centro político.

El líder socialista no solo se ha enrocado con sus socios de investidura, sino que padece ciertas dificultades en cuanto a sus habilidades sociales para relacionarse con los demás, por eso su equipo siempre tiene que salvar in extremis las votaciones y atraviesa tantos problemas para llegar a acuerdos y para mantener las alianzas.

La mayor parte de las críticas de socios y adversarios es su empeño en no mantener un diálogo fluido. Lo achacan a la presunta soberbia del socialista, pero, en realidad, es por su falta de talento para mantener las relaciones engrasadas.

Los presidentes autonómicos se han revuelto contra él, incluso los socialistas que no lo hacen públicamente, pero sí en privado y Torra sufre algunos brotes de vez en cuando y, aunque siempre acuden en su rescate ERC, el camino se hace más complicado.

Casado y Sánchez terminarán abrazados en el ring, como dos púgiles exhaustos, ya veremos quién les sustituye respectivamente.