Azuaga, un paseo por la calle larga de las maravillas

Los Zuwaga no eran un grupo de rock, sino una tribu bereber del norte de África. Hace 1.200 años, se trasladaron a la Península siguiendo a las huestes de Muza y Tarik y se diseminaron por ella. Una parte de esa tribu se fijó en un enclave de la Campiña Sur, que había sido ciudad romana en tiempos, y así nació el pueblo de los Zuwaga, que con el tiempo pasó a llamarse Azuaga y que hoy, aún mantiene restos bereberes en el trazado del casco más antiguo, en el llamado Pozo Santo y en las viviendas de estilo mudéjar de varias calles de la localidad (Pío XII, Maestro Teodoro, Mesones, Larga y Alconchel).

Sí, estamos en Azuaga, el conjunto histórico artístico más fácil de visitar y disfrutar de la provincia de Badajoz. Porque en Azuaga, casi todo lo interesante está dispuesto a lo largo de una calle muy larga. Después, a trasmano, queda la plaza de toros, de la última década del siglo XIX y una de las más particulares de la Península Ibérica por tener un coso de forma ovoidal. También queda un poco lejos de la calle central la llamada Fuente Atenor. Pero el resto parece puesto en fila para que el viajero vaya descubriendo, paso a paso, las maravillas de este Azuaga reconquistado a los descendientes de los Zuwaga por los caballeros del Maestre de la Orden de Santiago, Pelay Pérez Correa, en 1236 según unas fuentes, en 1241, si hacemos caso a otras.

Sea como fuere, a mediados del siglo XIII, Azuaga era plaza cristiana y encomienda de la Orden de Santiago. Y a ella nos aproximamos por la carretera que viene de Llerena. Entramos en el pueblo por el primer acceso e iremos dejando a nuestra derecha una sucesión de mataderos de cerdos ibéricos de primera categoría.

Plaza de Azuaga:: / Esperanza Rubio

Tras los mataderos y las naves industriales, accederemos al pueblo por una calle larguísima que recibe diversos nombres a lo largo de su buen par de kilómetros: Estajales, Muñoz Crespo, Llana, Espirilla, Concepción Arenal, Pío XII y Trajano. Su nombre lógico sería Larga o Corredera, pero no nos importa el callejero local, sino que a lo largo de esa calle, además de encontrar comercios y cafés estupendos con terrazas animadas, tenemos estratégicamente situados los tesoros artísticos de Azuaga.

Así que conducimos sin detenernos hasta el final de la calle y comenzamos nuestra visita por el principio, es decir, por el castillo de Miramontes, levantado sobre una meseta que domina la población. Tiene orígenes árabes como demuestran algunos lienzos de su muralla. Poco se conserva de esta fortaleza: dos cubos de la muralla, unas saeteras y restos de los muros de contención. Pero el lugar es agradable y la vista de conjunto del municipio bien merece la pena.

Descendemos del castillo y nos disponemos a recorrer la calle principal en sentido contrario al que trajimos. Pero antes de comenzar el paseo, conviene avisar de que Azuaga está lleno de largas calles señoriales repletas de casas importantes. En esta misma arteria, encontraremos mansiones de fachada barroca, al igual que en las calles Mesones y Juan Ortiz. En el número 12 de esta calle principal, donde recibe el nombre de Llana, destaca una formidable casa-palacio del XIX. Mucho encanto tiene el Teatro Cine Capitol, inaugurado en 1948 y construido en un momento de apogeo económico de Azuaga debido a sus ricas explotaciones mineras. De ese tiempo favorable en lo económico es también el parque Cervantes y su quiosco de singular estructura metálica.

Al pie del castillo, reparamos en la ermita de San Blas, rehabilitada en los siglos XIX y XX. En su interior, una escultura de Santa Olalla del siglo XVI y un formidable Sagrado Corazón de tres metros y 3.000 kilos. Un poquito más adelante, pasada la iglesia parroquial, podremos visitar otras tres ermitas interesantes: Santiago, La Aurora y El Rastro.

En San Blas, churros con chocolate; en Carnaval, sopa dorada; en Semana Santa, hornazos

Tras visitar el castillo, nuestro próximo objetivo, sin duda, es visitar la iglesia parroquial de la Consolación. Vaya por delante que es complicado visitar el interior con sus magníficas bóvedas de crucería y una llamativa colección de piezas de orfebrería de los siglos XVI-XIX. Pero aunque sea difícil encontrar abierta la puerta, nos consolaremos pensando que el exterior del templo es de los que más interés tienen de la Baja Extremadura. Admiremos, pues, la segunda iglesia más grande de la provincia, solo superada por la Catedral de Badajoz.

Restos del Castillo de Azuaga:. E.R.

Se comenzó a construir a finales del siglo XV. Su estilo es gótico isabelino, con influencias renacentistas y del manuelino portugués. Los especialistas y los viajeros coinciden en señalar que es la mejor iglesia de Extremadura en su estilo, el gótico Reyes Católicos, gracias, sobre todo, al conjunto de la torre y la fachada occidentales.

Siguiendo calle abajo, se suceden mansiones y casonas hasta llegar a la oficina de Turismo. Justo enfrente, está la iglesia de la Merced, interesante templo mudéjar del siglo XV. En ella llegó a celebrarse un capítulo General de la Orden de Santiago. En esta plaza, está también el ayuntamiento y un poco más adelante, el museo etnográfico y el de arte contemporáneo. A continuación, el Teatro Cine Capitol y acabamos el recorrido en la iglesia parroquial del Cristo del Humilladero, obra barroca del XVIII, rematada en 1752, que acoge la imagen del Cristo del Humilladero, patrón de Azuaga.

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En esa misma plaza, hay una terraza muy agradable para descansar del duro ejercicio del turismo cultural y charlar con los camareros de las fiestas de Azuaga, que son muchas, pero destacan San Blas, el Carnaval, Semana Santa, las Cruces de Mayo, la romería de San Isidro, la Feria de Muestras de la Campiña Sur, el Corpus Christi, las Veladas de San Juan, de Santiago y del Cristo, las ferias y fiestas de agosto, Los Santos y en Navidad, Las Candelas y la Cabalgata de Reyes.

En San Blas, se comen churros con chocolate casero. En Carnaval, se toma la sopa dorada (pan, perejil, ajo y caldo de cocido) y la hojaldra. En Semana Santa, se hornean hornazos rellenos de chacina, roscos blancos y tortas de chicharrones y en cualquier festejo o con cualquier motivo, se hornean o fríen flores, gañotes y prestines. Y antes de los dulces, un curioso plato de Azuaga que recoge el recetario de la Cofradía Extremeña de Gastronomía. Se llama cachofro y consiste en cocer un cordero lechal troceado en una cacerola con agua, naranjas, sal, ajos sin pelar, aceite y laurel. Por otro lado, se cuecen huevos y se majan los higadillos del cordero, azafrán, perefjil crudo y los ajos cocidos. Se añade todo al cordero de la cacerola, se degusta, se descansa con una buena siesta y se sigue camino hacia el norte de la provincia. Nuestro próximo destino es Magacela.

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