Barcelona agrupará todos los cruceros en el Adossat y liberará espacio para uso ciudadano

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Las tensiones entre el Port de Barcelona y el ayuntamiento de Ada Colau empiezan a aliviarse, abriendo la puerta a proyectos importantes para la ciudad. Ambas partes han alcanzado pactos “históricos” de ordenación de los espacios portuarios que supondrán la concentración de terminales de cruceros en el muelle Adossat y la liberación de espacios a los que se quiere dotar de más uso ciudadano. Pero mucho más visible será para la ciudadanía la reurbanización del Moll de la Fusta y el paseo de Colón, así como la futura Nova Bocana, que incorpora más usos docentes, según han explicado hoy viernes la alcaldesa y el presidente del Port, Sixte Cambra.

La relación entre el consistorio y el puerto había estado marcada desde el 2015 por la evidente falta de apoyo de Colau hacia la actividad crucerística de Barcelona. Primero por el volumen de viajeros (2,6 millones -una quinta parte catalanes y españoles-, en el marco de los más de 30 millones de turistas anuales que visitan la ciudad) y después por la contaminación añadida por la actividad. Según un estudio de Barcelona Regional, los cruceros son responsables del 1,2% de la emisión de óxidos de nitrógeno en la ciudad, los ferris del 1,4% y los cargueros del 2%, entre otros. En total el puerto causa un 7,6% de la contaminación (la industria, un 8,3% y el tráfico, 59,9%) que ahora se trata de minimizar.

La nueva terminal

La gota que colmó las malas relaciones institucionales fue el reciente anuncio de una nueva terminal en el Adossat que explotaría MSC Cruceros y que el consistorio rechazaba, pese a que implica potenciar la actividad de Barcelona como puerto base (con inicio y final de ruta en la ciudad), lo que resulta mucho más rentable que las meras escalas de unas horas. Una terminal que finalmente tendrá luz verde. Colau ha destacado hoy que “puerto y ciudad se han de entender”, porque este espacio representa 2.000 hectáreas, un 20% de la ciudad. Y Sixte Cambra ha enfatizado que la actividad de los cruceros no es un negocio para el puerto, sino para Barcelona por su impacto económico y por ser el primer puerto de Europa y cuarto del mundo. 

Y es que el objetivo de reducir tráfico marítimo de los muelles más próximos a la ciudad se ha saldado con un acuerdo entre el ayuntamiento y el puerto que implica eliminar las terminales de cruceros de los muelles de Barcelona (cuando acabe la concesión de las alineaciones norte y este, en el 2026) y de España (terminales Maremàgnum y Drassanes, hacia el 2022-23, tan pronto acabe la ampliación del Adossat). La terminal Sud del muelle de Barcelona desaparecerá cuando se libere el espacio que ocupa una terminal de mercancías del Adossat.

La mudanza, que libera espacio para uso y disfrute ciudadano, afecta a la operativa de barcos de lujo y de tamaño pequeño y mediano, que son los que utilizaban estas entradas tan cómodas para atracar en Barcelona, y también a los ferris de Baleària (muelle de Drassanes), que se reubicarán en el Adossat.

Cambios de ciudad

Pero el plan también implica poner límite al número de terminales en el Adossat, el muelle gigante al que se llega por el Pont d’Europa, donde podrá haber un máximo de 7 terminales, donde podrán haber siete buques simultáneamente. En dicho muelle ahora hay cuatro instalaciones para grandes barcos, más una en construcción (la E). Aunque la teniente de alcalde de Urbanismo Janet Sanz considera que de esa manera se pone “techo al crecimiento” de cruceristas, en la práctica habrá menos terminales pero las nuevas tendrán capacidad de acoger mayores barcos que las tres que se eliminarán. El puerto mantiene pues posibilidad de ganar pasajeros, aunque es el primer interesado en estabilizar sus cifras para zanjar el debate de la saturación. De hecho, este año ha crecido un 1% en cruceristas, a costa de aumentar sus usuarios un 13% en temporada baja, y caer un 2% en la alta, redistribuyendo los flujos de turistas.

La pipa de la paz afecta de pleno al ambicioso proyecto de los 14.000 metros cuadrados de la Nova Bocana, ya que se introducen cambios en la propuesta presentada en junio por el Port de Barcelona. El plan prevé ahora aumentar la superficie destinada a usos públicos, concentrada sobre todo en el perímetro de la futura Marina Vela, donde habrá dos tramos de paseo equivalentes a la Rambla. Además, ningún edificio podrá tener un uso exclusivo y el comercial se limitará al 20%, mientras que la restauración será un 15% de su techo. Colau ha destacado la incorporación de más usos culturales y docentes en diversos equipamientos de la zona y en los tinglados.