Barcelona despide al Tramvia Blau con la incertidumbre sobre su regreso

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La cita era a mediodía pero ya en el primer viaje de las 10 horas se respiraba un ambiente muy distinto al habitual. A los pies del edificio de la Rotonda, en la sencilla marquesina que TMB tiene para el Tramvia Blau, eran decenas los barceloneses que se arremolinaban para dar su último adiós al ferrocarril de la avenida del Tibidabo, uno de los más antiguos de Europa, que este domingo deja de circular por un tiempo indefinido. En el ambiente, muchas dudas sobre su regreso. Pero la historia y los buenos recuerdos, y también la sensación de que a esta ciudad se le van cayendo los mitos, han trascendido a cualquier matiz técnico y político que se le haya querido dar a la despedida.

En la cola se han juntado tres generaciones. Los mayores ejercían de cicerones para el hijo y el nieto. Les han contado los tiempos de la ciudad jardín diseñada por el doctor Salvador Andreu y sus primeros viajes hasta el funicular. Los padres cuarentones asentían con la cabeza mientra que los nietos, nerviosos, han aguantado sin rechistar la hora de espera. Uno de los convoyes que ha circulado, el número 7, fue el que, en agosto del 2012 bajó patinando 500 metros de avenida por culpa de unas aguas residuales acumuladas en las vías. Aquello terminó con 15 heridos. Aquello empezó a fijar la fecha de caducidad.

Reencuentros

En el interior del tranvía, un señor con dos hijos, vecinos de la Sagrada Família. Les ha traído para enseñarles algo que a él de pequeño le fascinaba. Sea por genética, o porque este ferrocarril es un museo rodante, los niños también han alucinado. Este domingo ha sido, de hecho, más de reencuentros que de despedidas. Al igual que este hombre de unos 45 años, muchos nativos han querido retroceder en el tiempo, volver a un lugar que hacía años que no visitaban.

Entre todos los curiosos, un nombre ilustre, el de Francesc Sert, o lo que es lo mismo, el conde de Sert, vecino de la avenida del Tibidabo, hoy convertido en un hombre indignado. A sus casi 80 años, ha lamentando profundamente el cierre del Tramvia Blau. Y ha aprovechado para quedarse a gusto: “Esta es la única ciudad de Europa en la que se quitan cosas de toda la vida. Quieren poner el tranvía donde no es necesario (la Diagonal) y eliminan este, que es un símbolo de Barcelona”. Otros comentarios de la mañana, los más habituales, han sido “nos estamos dejando perder algo muy importante”, “estas cosas, cuidado, porque las quitan y luego no las vuelven a poner” y “no entiendo porque no dicen nada de cuándo harán la reforma”.

Cada salida del tranvía ha sido acompañada de un aplauso y decenas de fotos, tanto de los que iban dentro como de los que aguardaban su turno en la calle o de los que se habían acercado a curiosear. También ha habido tiempo para la protesta. Con sonoros “el Tramvia Blau no es de la Colau”, una manifestación improvisada ha recorrido unos 100 metros de la avenida del Tibidabo ya ha vuelto a bajar. Ni un logo de partido político, pero bastaba con seguir y escuchar a los organizadores para intuir que ERC movía los hilos de la convocatoria. No en vano son los creadores de la página web que insinúa la posible desaparición de este legendario ferrocarril sin que nadie del ayuntamiento o TMB haya puesto esta posibilidad sobre la mesa.

Más bien todo lo contrario, porque ya se han consignado 11 millones de euros a una reforma que, sin embargo, todavía no tiene proyecto definido. La ausencia de concreción es precisamente lo que ha alimentado las dudas sobre las intenciones reales del gobierno de Barcelona en Comú, que insiste, sin calendario ni plazos, en que el Tramvia Blau regresará.

Tal y como ya ha explicado este diario, la empresa pública de transportes ha optado por detener el servicio al no poder garantizar la seguridad de los pasajeros. El Tramvia Blau, en palabras de un portavoz de TMB “ha alcanzado el límite de su vida útil” y la degradación de la infraestructura fja “desaconseja usarlo para el transporte de personas”.